Tras semanas de lluvia, el sol regresa al Espolón para iluminar una galería al aire libre que hoy late con una única y firme voz creativa.
Hay domingos en los que la belleza reside en la sencillez. Tras dos jornadas de mayo empañadas por la lluvia que obligaron a cancelar la cita, el sol ha vuelto finalmente a Soria. Sin embargo, el granito del muro exterior de la Dehesa, que hace años rebosaba de pintores y fotógrafos en cada rincón, hoy ha servido de marco exclusivo para la obras de una sola mujer: Charo Cano ha sido la encargada de mantener viva la llama de los “Domingos al Sol”, una iniciativa que nació en el 2014 para sacar la cultura a la calle y que, en esta ocasión, ha recaído enteramente sobre sus hombros.
Acompañada por sus 16 óleos y una serie de láminas que viajan desde la tradición soriana hasta la estética japonesa, Charo no oculta un sentimiento agridulce al verse como la única representante del colectivo artístico en el paseo: "Me da bastante pena porque sé que hay bastante gente que tendría que estar aquí, pero las circunstancias de cada uno y el tiempo... han hecho que hoy sea así", confiesa la artista con sinceridad. "Aun así, el hecho de venir, colocar tus cosas que te entretiene, eso también me gusta. Es una idea brillante que nos permite mostrar lo que hacemos a todo el que pasa".
Quienes se han acercado esta mañana al Espolón han podido contemplar la evolución de una artista que retomó los pinceles cuando sus hijos crecieron, rescatando aquel "gusanillo" que nació dibujando vírgenes en el colegio. Desde sus óleos de San Saturio y flores hasta sus recientes incursiones en la acuarela, técnica que perfeccionó en Madrid buscando dominar "la esencia del agua", la muestra de Charo es un testimonio de curiosidad incansable.
Entre sus obras destacan cinco láminas de geishas y carpas japonesas que aportan un aire exótico al Paseo, junto a paisajes que despiertan la nostalgia de los transeúntes. A pesar de la soledad en el muro, Charo no ha estado sola en su diálogo con la ciudad. Sus cuadros han servido de puente para conversaciones inesperadas: "desde una señora que ha reconocido un cortijo andaluz, hasta hombres que se detienen a hablar de micología al ver las pinturas de los nícalos", confiesa.
Esa sinergia con el público es, para ella, el verdadero motor de la jornada. Tras la última cita del próximo domingo, los pinceles se tomarán un descanso durante el verano para regresar con fuerzas renovadas en los domingos de septiembre, cuando el arte volverá a buscar el cobijo del sol soriano en el Espolón.
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