La carta de Sergio García, director de Soria Noticias.
Les voy a decir una cosa. A pesar de llevar ya una década trabajando en la prensa escrita, quien escribe siempre ha sido un hombre de radio. La radio, ay la radio. La radio siempre ha estado encendida en mi casa, más en concreto la Cadena SER. La ponía mi madre y la ponía yo. De hecho, cuando ellos ponían la tele después de cenar yo me iba a mi cuarto a escuchar Hora 25. Era un auténtico devorador de aquella programación de los 90 y los 2000 desde Iñaki Gabilondo pasando por el gran Chema Díez, la voz de la radio en Soria, por Gemma Nierga y Javier Ruíz hasta José Ramón de la Morena. Recuerdo llorar con el asesinato de Ernest Lluch y con la muerte de Carlos Llamas. Recuerdo el cine del fin de semana, los toros y mis insustituibles Paco González y Pepe Domingo Castaño.
Entonces me fui a estudiar a Valladolid a estudiar y descubrí que el dial se podía cambiar. Mi madre dice que me hice de derechas. En 2010 la SER echó a Paco González. Aquello me dio vía libre para explorar otras frecuencias. Un tal Carlos Alsina se convirtió no solo en mi referente periodístico sino también en un ejemplo de cómo entender la vida desde el análisis sosegado y la independencia. Y digo la vida y no solo la política. Llevo cerca de 20 años, media vida, escuchándole casi a diario. He tenido la suerte de verle en directo, he llorado escuchándole, me he reído y, sobre todo, he pensado muchas veces eso de ‘qué cabrón’. Con cada monólogo, con cada entrevista, con cada resumen o adelanto de prensa, con cada sección, con cada programa especial… y con esa magia que solo tiene la radio Carlos Alsina se ha convertido una Brújula que seguro comparto con Más de uno.
Ahora que deja su faceta de información y análisis político hago resumen de lo aprendido. El poder de la ironía, esa que dicen que no se entiende en la radio, y del sarcasmo, pero también el impacto que tiene ser directo, llamar a las cosas por su nombre y hacer la pregunta que hay que hacer. La contundencia que puede tener la tranquilidad y el sosiego, saber que no hace falta insultar o alzar la voz para marcar terreno y criterio. La importancia de la independencia que plasmó en una frase que debería pintarse en las paredes de las facultades de periodismo: “Estamos para contar lo que sucede tal como nosotros lo vemos, pero sin ocultar que hay otras ver de ver lo que sucede y, por supuesto, sin despreciarles. Hemos de ser críticos, es verdad, pero ser crítico no significa estar siempre en contra y mucho menos significa estar siempre en contra del mismo”. Pero Alsina es mucho más que independencia y estilo propio, es literatura, la sensibilidad, una buena documentación y una mente cultivada. Es trabajo y puesta en escena, son datos, cejas y errores planificados. Alsina es un mago explotando los silencios, un analista afilado y tiene ese olfato periodístico que le hace pisar barro, expresar sentimientos o montar un Belén, según lo requiera la ocasión. Alsina es, en esencia, lo que cualquier periodista debería aspirar a ser.
Para mí la radio, la actualidad política y la vida en general ha sonado, durante los últimos 20 años ‘con Alsina’. Ahora me tendré que acostumbrar a una vida, una política y una radio sin Alsina.
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