En Soria decimos que no nieva del frío que hace. El termómetro bajo cero, las heladas interminables y ese frío seco que se combate vistiendo como una cebolla forman parte de la identidad de la provincia. Pero los datos históricos de la Aemet cuentan otra historia: en los últimos 50 años, las olas de calor han ido ganando terreno hasta convertirse en el fenómeno extremo más intenso y repetido. El frío sigue protagonizando nuestros inviernos, sí, pero el calor aprieta cada vez más.
Hablar de temperaturas extremas en Soria ha sido siempre hablar automáticamente de frío. De nevadas, de mínimas imposibles y de esos inviernos que convertían a la provincia en uno de los congeladores naturales de España. También el verano era fresquito. Ese verano que —decimos aquí— termina el 15 de agosto y obliga, aun en julio, a esa rebequita tan antipática por la noche que ahora está próxima a entrar en el catálogo de objetos en peligro de extinción.
Los datos recogidos en el tiempo por la Agencia Española de Meteorología, Aemet, revelan que el clima extremo ha cambiado de protagonista. Y lo estamos viendo estos días.
Las olas de calor que afectan a Soria son hoy mucho más frecuentes, más amplias y más intensas que hace unas décadas. Y este año más adelantadas, al parecer.
Antes del año 2000, las olas de calor intensas eran prácticamente exclusivas de julio y agosto. En los últimos años empiezan antes y duran más tiempo, en línea con la tendencia nacional detectada por la Aemet.
El cambio se aprecia con claridad al observar la evolución desde 1975 hasta 2024.
En los años 70 y 80, los episodios de calor extremo existían, pero eran relativamente moderados. La mayoría afectaban a unas 20 o 25 provincias españolas (Soria entre ellas) y solo en casos puntuales se acercaban a niveles más severos. Eran episodios aislados, más excepcionales que habituales.
Pero la tendencia ha ido cambiando. Primero de manera tímida en los 90 y después con una aceleración evidente a partir de los años 2000. El gráfico deja una imagen muy clara: la línea asciende. Y lo hace con fuerza.
La última década es especialmente llamativa. Entre 2021 y 2024 se concentran algunos de los episodios más intensos de toda la serie histórica. Varias olas de calor superan las 30 provincias afectadas y algunas alcanzan más de 40. El pico llega en torno a 2022 y 2023, con episodios que rozan las 45 provincias afectadas en España.
Es decir, no solo hace más calor: el calor extremo se extiende más y afecta simultáneamente a gran parte del país.
Y eso tiene una traducción directa también en Soria, una provincia tradicionalmente asociada a temperaturas suaves en verano gracias a la altitud. El refugio climático del interior norte empieza a perder parte de esa ventaja histórica.

El contraste con las olas de frío resulta muy revelador porque, si se observa el gráfico de episodios fríos, el comportamiento es muy distinto. Las grandes olas de frío sí tuvieron enorme impacto en décadas pasadas. Los años 1983 y 1985 aparecen como auténticos gigantes meteorológicos, con episodios que llegaron a afectar a más de 44 provincias.
Aquellos inviernos sí respondían al imaginario clásico de la España helada y de una Soria situada en primera línea del frío peninsular.
También hubo episodios importantes después, como los de 2003 o 2012, pero la evolución general ya no muestra una tendencia ascendente. Más bien al contrario: el comportamiento es irregular y las grandes olas de frío aparecen cada vez más espaciadas.
Mientras el calor avanza con una lógica casi constante, el frío se mueve a trompicones.
De hecho, en la última década predominan las olas de frío menos extensas, muchas de ellas por debajo de las 25 provincias afectadas. Siguen llegando irrupciones intensas, pero ya no tienen ni la frecuencia ni la dimensión territorial que mostraban hace 40 años.

La comparación entre ambos fenómenos termina siendo muy gráfica. En los años 80, el frío extremo dominaba claramente sobre el calor.
En la actualidad, las olas de calor baten récords, se repiten más a menudo y ocupan más territorio. El calor extremo se ha convertido en el nuevo protagonista climático también en una provincia que siempre construyó parte de su identidad alrededor del frío.
Soria sigue siendo tierra de inviernos duros, pero cada vez lo es más de veranos (y primaveras, como la actual) extremos.
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