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Un siglo de vida y recuerdos entre Caltojar y Almazán

Un siglo de vida y recuerdos entre Caltojar y Almazán

Actualizado 31/05/2026 16:59

Santiago Antón celebra su centenario rodeado de sus familiares en el geriátrico donde reside. La Diputación Provincial de Soria y el Ayuntamiento rinden tributo a una trayectoria marcada por el esfuerzo en el campo y la construcción.

La Diputación de Soria, a través de su departamento de CEAS, ha homenajeado hoy a Santiago Antón Ajenjo en la celebración de sus cien años de vida. El diputado provincial, José Antonio de Miguel Nieto, le ha hecho entrega de una placa conmemorativa y del pergamino que contiene su acta de nacimiento. El ayuntamiento de Almazán se ha sumado a la celebración con la entrega por parte de la concejala Esther Prieto de un ramo de flores en nombre de toda la corporación.

El acto entrañable, con la presencia de familiares, ha tenido lugar en la residencia de Nuestra Señora de Guadalupe, en Almazán, donde vive el ahora centenario.

Santiago Antón Ajenjo nació el 31 de mayo de 1926 en Caltojar, en la demarcación de Berlanga de Duero. En aquel tiempo, la localidad era un lugar lleno de vida, con cientos de vecinos, muchas casas abiertas y una infancia compartida entre juegos, escuela y tradiciones.

Vino al mundo en el seno de una familia numerosa de nueve hermanos. Era el pequeño de todos, y hoy es el único que permanece. Su padre, agricultor y ganadero, cuidaba también de un gran rebaño de ovejas, y de muy joven Santiago conoció el valor del esfuerzo. Su madre, Salustiana, a quien recuerda como una mujer muy guapa y muy buena, fue sin duda uno de los pilares de su vida.

Sus primeros años no fueron fáciles. Tiempo de mucho trabajo en el campo y con los animales, pero también de aprendizaje. Le gustaba la escuela, especialmente las matemáticas, y sentía un profundo orgullo por sus hermanos, entre ellos Serafín, maestro, que le enseñó muchas cosas de la vida, y otro hermano de profesión sargento, que también era motivo de su admiración y por Marcelino con quien iba a vender juntos sacos de patatas.

Entre sus recuerdos más felices está la vida en su pueblo: las fiestas, especialmente el día de la Virgen del Pilar, cuando la alegría llenaba las calles y el baile era protagonista. Y fue precisamente el baile lo que compartió con una persona fundamental en su vida: Leonor.

A los 28 años conoció a Leonor, quien sería su compañera de vida. Pronto se casaron y formaron una familia en Caltojar. Juntos tuvieron cinco hijos: Joaquín, Tomás, Arturo, Milagros y Aurora las cuales le acompañan en estos momentos, y con el tiempo llegaron también sus nietos. Santiago fue muy feliz junto a su mujer, y aunque ella falleció a los 72 años, su recuerdo sigue vivo cada día.

Con 42 años se trasladó a vivir a Almazán, dedicándose a la construcción. Todo lo que ha conseguido ha sido fruto de su esfuerzo, y de ello se siente profundamente orgulloso.

Con el paso de los años, la vida ha cambiado. Hay cosas que ya no puede hacer como antes, como jugar a los naipes, algo que echa de menos. Pero hay algo que nunca ha perdido: su gusto por conversar, por compartir, por disfrutar de la vida.

Hoy, a sus 100 años, Santiago acredita buen estado de salud, con la emoción de quien sabe que está viviendo un momento único. Porque no todos los días se cumple un siglo de vida. Y lo hace con la satisfacción de quien, a pesar del trabajo duro, puede decir con serenidad que tiene una vida feliz.

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