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Santos Gómez o cómo disfrutar de un San Juan 360º

Santos Gómez o cómo disfrutar de un San Juan 360º

Actualizado 01/06/2026 20:05

Santos Gómez García es uno de esos sanjuaneros que cunde mucho y que siempre está metido en el ajo. Su faceta musical y taurina le permiten vivir las fiestas desde primera línea aunque lo que más disfruta es cuando se pone el chaleco o está con sus amigos siendo un sanjuanero más.


El chaleco, la gaita o el capote. Es difícil encontrarse a Santos Gómez García (Almazán, 22-05-1979) un día de San Juan y que no lleve uno de esos 3 objetos encima. O varios. Dice la canción que las Fiestas son cinco días, pero cualquiera que las haya vivido desde dentro sabe que es más propio hablar de dos meses enteros de jarana y tradición, de sentimiento y de compañía. Fiestas de sol, vino y toros que para nuestro protagonista lo son también de amistad genuina y disfrute sereno.

¿Cuál es tu primer vínculo con las Fiestas? ¿La peña? ¿La dulzaina?, preguntamos ingenuos. Santos ríe. “Los toros”. No es hombre de muchas palabras, pero ha vivido tanto y es tan buena gente que las anécdotas y los recuerdos se le caen. Con 12 años se apuntó a la escuela taurina de Soria y con 15 ‘debutó’ en la pradera de Valonsadero un día de la Compra. Su primer contacto con un novillo sanjuanero fue un tremendo revolcón que le sacó del festejo. “Aquella noche lloré desconsolado”, recuerda. No lo hizo por el daño físico de la voltereta sino porque “no había conseguido darle ni un solo pase al toro”.

Su vena torera le ha permitido vivir el día grande de las fiestas desde dentro. Desde hace 20 años es ayudante de campo el Jueves la Saca, una experiencia genuina llena de responsabilidad para ayudar, no tanto al traslado del ganado, sino a aquellos mozos sanjuaneros que, en un momento dado, necesitan un capotazo. Pero, sin duda, lo que pocos sorianos han logrado hacer es torear el Viernes de Toros y quizá Santos haya sido el único que haya debutado con el novillo de la cuadrilla de sus padres. “Fue mi madre la que me animó”, nos cuenta, y aunque luego ella se arrepintiera por el miedo a que le pasase algo a su hijo es impulso le ayudó a cumplir su sueño. Realizó el paseíllo de turquesa y plata en la Chata con 24 años, vestía un traje de luces de segunda mano que se compró para la ocasión. Iba a ser un esfuerzo de esos de una sola vez en la vida, de los que se hacen por un sentimiento genuino, por amor a una madre, pero al año siguiente un amigo fue jurado y no pudo decirle que no. La segunda experiencia fue tan desastrosa que debió ponerse la montera un tercer y último año para despedirse del ruedo con un buen sabor de boca.

El siguiente hito sanjuanero en la vida de Santos fueron las peñas. Aunque ahora es difícil imaginarse a Santos sin el chaleco naranja de La Ilusión, su primera peña fue la Poca Pena durante un solo año a finales del siglo pasado. De ahí pasaría a El Cuadro y, tras varios años de amarillo, terminaría recayendo en su peña actual. Atrás quedaron los petos y las camisetas cuando descubrió aquella forma de vivir las fiestas siempre con música, siempre en compañía, siempre con algo que hacer. De aquellas, muchas peñas apenas superaban el centenar de miembros, un número que ya había crecido para 2008 cuando cogió el bastón de mando. “Sentí que necesitaba trabajar para mi peña y devolverle parte de lo que ella me había dado”, explica.

Siempre inquieto, un poco antes se había apuntado a la escuela de dulzaina del San José, “con la Pilar”. Lo hizo con una primera gaita de plástico y sin llaves, rememora. Tal vez algo mayor para empezar a tocar un instrumento, pero lo suficientemente apasionado y comprometido para vivir desde dentro el resurgir de la dulzaina en la fiesta soriana. Instrumento en mano, Santos ha vivido desde dentro todos los momentos que un sanjuanero pueda imaginar, desde el Catapán a los Agés, del desfile de las Calderas a actos como el Nombramiento, de comitivas de la Saca a bajadas (y subidas) a las Bailas. Aunque, seguramente, los mejores ratos sean esos ‘no oficiales’, improvisados, con los amigos los Viernes de Toros por la tarde o en cualquier rincón no muy concurrido del monte Valonsadero.

Una última pata de las fiestas estaba aun por explorar. La clave, la troncal. Las cuadrillas. Santos ha sido colaborador con varios amigos en diferentes barrios y en 2003 fue cuatro cuando sus padres fueron jurados. Unas fiestas de mucho trabajo y pocas horas de sueño, disfrutadas en familia y con amigos. “Descubrí lo equivocado que estamos cuando somos jóvenes, porque las fiestas son mejor de día que de noche”, reconoce. También descubrió la esencia de las Fiestas; el barrio, la tradición, la vecindad. En su ‘curriculum sanjuanero’ él sabe que le falta ser jurado. “Algún día”, responde no como quien echa balones fuera sino como quien expresa un anhelo y un compromiso. Cuando toque, su cuadrilla, Santa Catalina, tendrá un gran jurado.

Su sanjuanera predilecta es “Embrujo sanjuanero”. El arrebato pasional le invade al acordarse de su pareja, Beatriz, su compañera en los sanjuanes “a la que le robo muchos momentos por mis compromisos el Miércoles o el Jueves”, lamenta con un sincero agradecimiento por los “aguantes” a su amor sanjuanero.

“Los Agés con mi chica” son el momento que no se perdería por nada del mundo, aunque su día favorito es “el Viernes de Toros”. Pero sabe que la esencia de la fiesta sanjuanera no son los lugares ni los eventos sino las personas. Menciona también a José Luís Palomar como su mentor en el mundo del toro, a Santi, ‘el Pirata’, como quien le enseñó a vivir una peña sanjuanera y a José Ángel y todos los de Santa Bárbara y la Calle Real como los gaiteros que más le han influido. “Al final San Juan se trata de eso. De disfrutar de cada día, cada momento, con tu gente”, concluye.

Ayudante de campo en La Saca

Santos Gómez o cómo disfrutar de un San Juan 360º | Imagen 1

Durante sus 20 años como ayudante a pie en La Saca, ha visto un “cambio drástico” con una masificación de personas a pie y una satisfactoria reducción de coches y motos. Explica que su misión no es que entren los toros, “eso es cosa de los caballistas”, sino ayudar a los mozos. Santos se lo toma con filosofía, con paciencia para no discutir, porque “en La Saca hay 30.000 ganaderos, 30.000 pastores y 30.000 caballistas”. Sus consejos, mantener la distancia y tener claro que el toro siempre gana en línea recta: “hay que tener siempre buscada y clara una escapatoria”. Lo encontrarás a las 12:00, con su capote junto al árbol frente a la puerta roja.

Novillero el viernes de Toros

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Santos recuerda la emoción de su primer paseíllo, el Viernes de Toros de 2003 con la plaza llena, multitud de amigos y sus padres en el palco. Al año siguiente la experiencia fue nefasta, animales muy grandes y público que se comportó muy mal. Santos no acertaba con el descabello mientras un borracho tocaba la testuz toro señalando dónde tenía que hacerlo. “Mátalo tú”, se rebotó. En 2005 volvió para quitarse el mal sabor de boca con una exigencia, torear el primero de la mañana.

Cuatro de cuadrilla (El Rosel y San Blas 2003)

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Sus padres fueron jurados y Santos y sus hermanos fueron cuatros. Una experiencia “única” e “irrepetible” que le cambió la forma de entender las fiestas. Recuerda con especial cariño los Agés, “dando vino, la gente, el ambiente...”. Señala que aquel año apenas durmió desde el Viernes al Domingo y cuenta cómo solía ser el último que se quedaba trabajando en el local y el primero que llegaba para las rondas. “Durante las fiestas no te paras a pensar, no puedes, la emoción llega después”, señala.

Dulzainero

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Los Gaiteros de Santa Bárbara siempre han sido para él un referente desde que intentó hacer sonar por primera vez una dulzaina, por ello es un “orgullo” compartir con ellos cada Catapán. Santos ha tocado, prácticamente, con todos los grupos de la capital porque “si me llaman y puedo, allá voy” y está orgulloso del papel que juega la dulzaina para evitar que algunas sanjuaneras de la cultura popular no se pierdan. Es lo que pasó con ‘Mi amor sanjuanero’ y ahora están tratando de hacer con ‘La Juerga’.

Presidente Peña Ilusión (2008)

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El año anterior Santos había sido vicepresidente y sintió que “me perdí muchas cosas” y que podía trabajar más por su peña. Por ello asumió la presidencia porque “todo el apoyo que nos habían dado había que devolverlo”. Él está encantando con lo que significa ser peñista, “conocemos a mucha gente que de otra forma no conocerías y ahora tienes eventos, y trabajo, para todo el año si quieres”, y, desde entonces, siempre echa una mano a cualquier peñista o directiva que necesite de su ayuda.

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