El Procurador del Común de Castilla y León se dirige de oficio a todos los ayuntamientos de más de 20.000 habitantes —en Soria, la capital— instándolos a adaptar sus espacios públicos al aumento de las olas de calor. La institución alerta de que bancos sin sombra, plazas abrasadoras y la escasez de fuentes están convirtiendo nuestras ciudades castellanas en lugares hostiles.
Las olas de calor ya no son una excepción. Ante esta realidad, el Procurador del Común de Castilla y León, Tomás Quintana, ha remitido una resolución de oficio a todos los ayuntamientos de la región con más de 20.000 habitantes, pidiéndoles que tomen medidas concretas y progresivas para adaptar los espacios urbanos al calor extremo.
Castilla y León, argumenta Quintana, presenta una combinación de factores que la hace particularmente vulnerable. Su población está envejecida, con una elevada presencia de enfermedades crónicas, cardiovasculares y respiratorias que se agravan con el calor, expone el defensor castellano y leonés, que destaca en su resolución que las ciudades castellanas "fueron concebidas bajo unas condiciones climáticas que ya no son las de hoy".
El resultado, apunta, es que muchos barrios carecen de sombra suficiente, que las plazas y paseos se vuelven inutilizables durante semanas enteras y que escasean las fuentes de agua potable accesibles en el espacio público.
A esto, el Común suma el denominado "efecto isla de calor urbana": la concentración de edificios, asfalto y escasa vegetación hace que las ciudades acumulen calor y que por las noches las temperaturas no bajen lo suficiente para permitir el descanso. Las llamadas "noches tropicales" —aquellas en que el termómetro no baja de 20 grados— se multiplican, con efectos directos sobre la salud física y mental de la población, apunta la resolución.
El Procurador del Común subraya algo que a menudo se pasa por alto: poder salir a la calle, pasear hasta el médico o sentarse en un banco a la sombra no son caprichos, sino condiciones necesarias para ejercer derechos básicos y mantener una vida autónoma y digna. Cuando el calor convierte el espacio urbano en un entorno hostil, son siempre los más vulnerables —los mayores, los niños, las personas con discapacidad o con pocos recursos— quienes lo pagan más caro.
La resolución recuerda que la Constitución Española garantiza el derecho a la salud, a la integridad física y a un medio ambiente adecuado, y que el Estatuto de Autonomía de Castilla y León suma el derecho a disfrutar de un entorno vital seguro y saludable. Adaptar las ciudades al calor, argumenta la institución, no es una opción: es una obligación legal de las administraciones públicas.
La resolución apunta medidas muy concretas, muchas de ellas sencillas y de bajo coste, según explica:
La institución señala expresamente el ejemplo de Valladolid, cuyo ayuntamiento ha puesto en marcha una red municipal de refugios climáticos que combina parques urbanos con equipamientos públicos climatizados. Su modelo demuestra, dice, "la viabilidad práctica de este tipo de iniciativas", con los recursos disponibles.
El Procurador del Común es consciente de que los ayuntamientos tienen limitaciones presupuestarias y no pretende imponer soluciones idénticas para todos, apunta en su escrito. Su resolución no es una sanción ni una orden: es una recomendación formal con respaldo legal, a la que los consistorios deben responder en el plazo de dos meses, aceptándola o rechazándola de forma motivada.
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