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Zona de Altas Vejaciones

Zona de Altas Vejaciones

Actualizado 22/06/2026 09:52

Artículo de opinión de Javier Jiménez Santamaría, concejal y senador del Partido Popular.

Nada limpia mejor el aire que expulsar a los que no pueden cambiar de coche cuando a los socialistas se les antoja en el alto de la peineta.

Miren, hay decisiones políticas que nacen para resolver problemas y hay otras que son creadas para justificar decisiones erróneas y cutres. Pues bien, la Zona de Bajas Emisiones de nuestra capital responde claramente a esto último.

Estamos escuchando a los progres toda la batería de coartadas propagandísticas que, si bien son conceptos nobles y necesarios, acaban convirtiéndose en simples eslóganes: la lucha contra el cambio climático, la mejora de la calidad del aire, la protección de la salud pública, la movilidad sostenible, las agendas internacionales, los compromisos medioambientales, bla bla bla…

La realidad es mucho más sencilla. Soria no sufre problemas de contaminación atmosférica que requieran restringir la circulación de vehículos. No alcanza siquiera el umbral poblacional que la legislación establece para la implantación obligatoria de estas zonas. Nuestro centro urbano es ya, en gran medida, peatonal. Y el tráfico que soporta está muy lejos de los niveles que se registran en las grandes ciudades para las que originalmente fueron concebidas estas medidas.

¿Entonces? Pues no se dejen engañar. La respuesta se encuentra en los casi 550.000 euros de fondos europeos concedidos al Ayuntamiento para la adquisición e instalación de cámaras y sistemas asociados a la ZBE. Una vez recibida la subvención, parece que la prioridad dejó de ser preguntarse si Soria necesitaba realmente una Zona de Bajas Emisiones y pasó a ser cómo justificar la inversión realizada.

Sin embargo, una subvención nunca debería convertirse en la razón de ser de una política pública. Las administraciones están para resolver problemas ciudadanos, no para inventarlos.

Por desgracia, en los últimos años ocurre justamente lo contrario. La sensación es que determinadas iniciativas se impulsan desde la convicción de que basta con tener los votos para tener razón. Y cuando esa convicción se instala en una institución pública, la crítica deja de verse como una aportación democrática y pasa a interpretarse como una molestia.

Por eso el verdadero debate no es medioambiental. El verdadero debate es político.

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