'El Santero de San Saturio', del escritor e historiador del arte soriano Juan Antonio Gaya Nuño, fue escrito en 1951 y su primera edición se publicó en el año 1953, pero aún mantiene su vigencia. El quincenario está formado por una serie de textos breves que, juntos, forman el gran fresco literario de la Soria de mediados del siglo XX.
'El santero de San Saturio' es, entre otras cosas, una radiografía de la identidad soriana. Aunque Gaya Nuño escribe sobre la Soria de 1951-1952, muchas de las constantes que observa siguen siendo reconocibles en la Soria de 2026. Algunas han cambiado de forma; otras permanecen casi intactas.
Estas son algunas coincidencias más significativas:
La Soria del libro está construida alrededor del Duero. El autor lo cita o describe en más de 70 ocasiones. Desde San Saturio, el santero de Gaya contempla el río como el auténtico corazón de la ciudad.
“El Duero me ha despejado tanto el caletre como para poder escribir imparcialmente, rectamente, como para poder intentar un proceso judicial —y sentimental— de la ciudad, de la provincia y de sus moradores”.
En 2026 sigue ocurriendo lo mismo. El eje San Saturio–San Polo–San Juan de Duero continúa siendo el principal paisaje identitario de Soria. La imagen que proyecta la ciudad hacia fuera sigue vinculada al río, los paseos arbolados y la naturaleza urbana.
Uno de los capítulos más actuales es ‘Los indianos’. Gaya Nuño describe cómo los jóvenes abandonan los pueblos buscando prosperidad en América. Considera que la emigración vacía las aldeas y altera la continuidad social del territorio.
“Si algún día, pasados diez años, vuelve a la ermita, lo veré un poco más gordo, y un poco más argentino, y un poco más millonario. Pagará la construcción de una escuela en Magaña, donde le erigirán un feo monumento. Y, luego, engrosará esas colonias pretenciosas de El Royo, Derroñadas y Navaleno, donde se está creando una especie de Suiza artificial que nada tiene que ver con los serenos, honestos, pedregosos, románicos burgos de mi Soria”.
En 2026 el flujo migratorio ha cambiado, pero el fenómeno persiste. La preocupación de fondo es exactamente la misma: la pérdida de jóvenes, de talento y el envejecimiento de los pueblos. Es probablemente la coincidencia más llamativa entre ambas épocas.
Gaya Nuño huye de Madrid porque está "harto de ciudades populosas" y busca una vida más humana y reposada.
“Ya estaba harto de ciudades populosas, de caretas perpetuamente sonrientes escondiendo intenciones horrendas; estaba harto de perder todas mis horas hablando con algunos listos y muchísimos tontos, sin que para mí y para mis confesiones quedara alguna”.
Setenta y cinco años después de que pusiera el punto y final a su obra, precisamente esa tranquilidad se ha convertido en uno de los principales argumentos de atracción de Soria. Muchos nuevos residentes, teletrabajadores o retornados valoran lo mismo que el autor y administraciones y agentes socio-económicos venden tiempo, espacio, ausencia de aglomeraciones y contacto con el entorno en su búsqueda de nuevos moradores.
Para Gaya Nuño, Soria es heredera directa de Numancia.
“La ciudad madre de Saturio no es Soria, sino Numancia. Si, según parece, Saturio vivió y actuó durante la dominación visigoda, Soria no existía, y, en cambio, debió llegarle tradición oral del desastroso fin de la ciudad celtibérica”.
En 2026 Numancia sigue siendo el gran mito fundacional soriano. Continúa apareciendo en el discurso institucional, turístico y cultural como símbolo de resistencia, independencia y singularidad territorial. El llamado "espíritu numantino" sigue utilizándose para explicar desde la despoblación hasta la capacidad de resistencia de la provincia. “Numancia es óptimo ejemplo para discurrir sobre las injusticias de la historia”.
Las fiestas de San Juan aparecen continuamente en la obra como momentos que articulan la vida social soriana.
En la Soria actual siguen funcionando como grandes rituales de cohesión colectiva. Han cambiado las formas de ocio, pero el calendario festivo continúa marcando el ritmo emocional de la ciudad.
Gaya se erige, además, como defensor de los usos y costumbres, una idea que se mantiene hasta la actualidad.
“La Compra del Toro, celebrada hace pocos días, es invención reciente; sus bengalas y caballistas, pura filfa sin tradición. En verdad, en verdad os digo que no debierais permitir en ella bufonadas indignas del carnaval. ”.
El escritor comienza así su crítica a las novedades de unas fiestas cuya tradición defienden los más puristas, abriendo hace 75 años un debate que hoy se mantiene vivo: ¿cómo deben evolucionar las fiestas?
Todo el libro está atravesado por una idea: Soria es distinta, que entronca con el mensaje actual de ‘Soria, ni te la imaginas’. Gaya reconoció la fuerte conciencia de pertenencia a la identidad soriana, si bien criticó el "sorianismo" excesivo en un acerado capítulo titulado ‘Papanatismo y sorianismo’
“Los de Morón de Almazán, porque tienen muy bella plaza, presidida por iglesia con torre del buen plateresco salmantino, dicen que su pueblo es mejor que Almazán, la cabeza de partido. Los adnamantinos, fanfarrones como nadie, afirman ser villa bien superior a Soria, mientras se hartan de disparar cohetes cuando la bajada de Jesús. Algunos sorianos han dictaminado que Soria supera a Madrid en excelencias urbanas. De donde resultaría que Morón de Almazán es mejor y más cumplida ciudad que la capital de España”.
San Saturio no es únicamente un santo en la obra. Es un elemento de cohesión social y cultural. La ermita aparece como un observatorio privilegiado desde el que comprender la ciudad.
"Gozando de tan privilegiado observatorio, me creo más dueño de la ciudad y de su tierra que las autoridades, y, tanto en Soria como en la ermita, palpo todos los días el vivir de sus gentes."
Actualmente sigue siendo el monumento más reconocible de Soria y uno de los principales símbolos compartidos por los sorianos, independientemente de sus creencias religiosas.
Uno de los aspectos más sorprendentes de El santero de San Saturio es que, escrito en pleno franquismo, contiene una defensa abierta del asociacionismo voluntario y de la solidaridad horizontal. En el capítulo "Individualismo y fracaso", el protagonista propone crear una organización que agrupe a todos los santeros de la provincia:
"Entendí que todos los santeros y ermitaños de la provincia deberían estar sindicados, o agremiados, o colegiados, reunidos, en fin, de alguna suerte, para que nuestras glorias y nuestras desdichas fueran comunes."
Una escena que resulta anacrónica porque el libro se publica en una España donde la libertad sindical estaba prohibida.
El protagonista de Gaya Nuño explica esa organización de santeros con un planteamiento moderno:
"De la caja Común que habíamos de hacer todos los santeros, pobres y ricos, para caso de una enfermedad, o para comprar borricas a los más ancianos, que sólo pudieran malvalerse, y para pasarles pensión si se baldaban."
Un argumento extraordinariamente actual que implica una caja común, ayuda mutua, prestaciones por enfermedad, apoyo a la dependencia y pensiones para quienes ya no puedan trabajar. En esencia, una mezcla de cooperativa, mutua profesional y sistema de protección social comunitario.
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