Nueve familias regresan a Golmayo para honrar con una ofrenda floral a las víctimas del trágico accidente del verano del año 2000. Veintiséis años después, este emotivo encuentro reafirma un vínculo inquebrantable para evitar que su memoria caiga en el olvido.
Hay fechas que quedan grabadas en la piel y el 6 de julio es, sin duda, una de ellas. Este lunes, bajo el sol que marca el inicio del verano soriano, el monolito de Golmayo ha vuelto a ser el epicentro de un abrazo que dura ya 26 años. Nueve familias de Viladecans y Ripollet han regresado al kilómetro donde sus vidas cambiaron para siempre en el año 2000, realizando una ofrenda floral en memoria de las 28 víctimas del trágico accidente de la N-122.
Aquel verano fue, en palabras de la memoria colectiva, el más trágico de la historia reciente de Soria, sumando al dolor de Golmayo el atentado de ETA en Ágreda y el incendio del Izana. Sin embargo, entre las flores depositadas este año, lo que prevalece no es solo el luto, sino un vínculo inquebrantable de gratitud y resistencia contra el olvido.
Para Miguel Ángel Sánchez, padre de Cristian, este viaje es una cita que ha cumplido de forma ininterrumpida. "Este es el viaje número 26. He venido siempre, cada 6 de julio", explica con firmeza a Soria Noticias, recordando cómo la tragedia "ha forjado amistades profundas" con vecinos de la zona: "En la ciudad de Soria y concretamente en el pueblo de Golmayo, siempre nos hemos sentido queridos y nunca hemos estado solos jamás". Su presencia anual es el cumplimiento de una promesa hecha "en los días más oscuros tras el accidente", un compromiso de memoria que piensa mantener "mientras el cuerpo pueda".
Para las familias, el monolito es mucho más que piedra, es un lugar de conexión. Vicenta Rodrigo, madre de David León, comparte a Soria Noticias con emoción lo que significa para ella regresar al punto donde su hijo perdió la vida: "Tengo un cariño muy muy especial a Soria pese a que vivimos los momentos más duros de nuestra vida. Necesito ir. Es un pedacito que él también se quedó aquí".
Al ser preguntada por la dificultad de volver cada año, Vicenta es sincera sobre la motivación que impulsa a estas familias a cruzar España cada julio: "Reconforta. Es duro, pero a veces tenemos más miedo a caer en el olvido... por eso seguimos aquí".
El acto ha tenido lugar en el espacio donde, desde 2001, ese monolito recuerda la solidaridad del pueblo soriano con las víctimas de Cataluña. Allí, entre los versos de Bécquer que rezan que "jamás podrá apagarse la llama de vuestro amor", las familias reafirman que, aunque el tiempo pase, la memoria de los 22 adolescentes y 6 adultos que perdieron la vida sigue tan viva como el primer día.
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