Los huertos urbanos municipales de Soria se han convertido en mucho más que un espacio para cultivar hortalizas. Son un lugar de encuentro, de actividad física, de aprendizaje y, para muchos de sus usuarios, una forma de mantener la autonomía alimentaria y combatir la soledad. Mientras el Ayuntamiento ultima un nuevo proyecto en Los Royales, Soria Noticias ha recorrido las parcelas de Fuente del Caño para conocer las historias de quienes, pala y manguera en mano, hacen florecer cada día este pequeño oasis verde.
A las ocho de la mañana el termómetro ya anuncia otra jornada sofocante. El agua escasea en las escasas nubes que se alcanzan a ver, pero no en las mangueras que recorren una tras otra las 80 parcelas de los huertos urbanos municipales de Fuente del Caño.
Antes de que el calor apriete, muchos de sus arrendatarios riegan, ponen tutores en las plantas de tomates y judías y revisan con paciencia sus cultivos. Es un ritual diario que va mucho más allá de obtener verduras frescas.
Porque entre surcos y bancales también se cultivan relaciones personales, ejercicio físico y una rutina que muchos consideran imprescindible para mantener una buena calidad de vida.
El Ayuntamiento de Soria consolidó este proyecto hace años y, tras la última adjudicación realizada a finales de 2025, las 80 parcelas ecológicas de unos 50 metros cuadrados permanecen completamente ocupadas.
Los usuarios pagan una cuota asequible –aunque para algunos, aún excesiva, como nos hacen llegar los propios arrendatarios – para disfrutar del espacio. Como novedad, esta temporada el Consistorio ha incorporado además un programa de formación sobre agricultura ecológica, compostaje, control natural de plagas y adaptación al cambio climático.
Ángeles lleva más de una década cuidando la suya, “desde el 2014 o por ahí”.. Antes tenía un gran huerto en Mazalvete junto a su marido. Cuando él falleció decidió continuar con la afición en un terreno más pequeño, suficiente para seguir disfrutando de la tierra sin ayuda.
Su parcela parece un pequeño escaparate de la huerta soriana. Lechugas listas para recoger, cebollas, calabacines, tomates cherry que llegaron desde Holanda. “Era un invernadero chiquitito, un regalo, una chulada”, recuerda. Hoy se han convertido en grandes matas que producen una buena cosecha. "Son como una fruta", explica orgullosa, “mi hija los lleva al trabajo y se los comen de uno en uno”.
Esta hortelana urbana conoce bien las reglas del cultivo. Cada temporada cambia las especies de sitio para evitar plagas y mejorar la producción.
Aunque reconoce que el terreno original no era demasiado bueno, con paciencia y aportando tierra fértil ha conseguido transformarlo en una huerta productiva. A sus 77 años dedica unas cuatro horas diarias al huerto. "No necesito gimnasio", reconoce entre risas. Para ella no supone un sacrificio, sino una manera de mantenerse activa y de autoabastecerse. Congela y embota y reconoce que su producción es suficiente para consumirla casi a lo largo del año.
A pocos metros trabaja Paulino bajo el sol de la mañana. Lleva 6 años disfrutando de su parcela, aunque no todas las cosechas le responden igual. Confiesa, entre risas, que todavía no ha conseguido sacar adelante las judías, a pesar de que en el pueblo de su mujer las cultivaba sin dificultad.
Su huerto combina cebollas de distintas variedades, otras de tomate, pepinos, calabazas y calabacines…, pero tiene claro que el huerto no le supone un ahorro económico. Entre las cuotas y el trabajo invertido, reconoce que difícilmente compensa desde el punto de vista financiero. Sin embargo, el beneficio está en otro lugar.
"Es un pasatiempo", resume. Los tomates saben mejor y el tiempo pasa de otra manera cuando se dedica a cuidar la tierra.
Para Emilio, que ronda los ocho años como usuario, la parcela se ha convertido prácticamente en una despensa. Lo ha hecho, como sus compañeros de azada, incorporando tierra vegetal para compensar el carácter excesivamente arcilloso del terreno original. Durante buena parte del año consume su propia producción y conserva el excedente embotando judías, tomates, pimientos o envasando al vacío calabacines para el invierno.
Tras una vida laboral muy intensa, Emilio encontró en el huerto una forma de llenar el tiempo y mantenerse activo. Cada día combina su paseo habitual con un par de horas entre las plantas.
Sin embargo, también aprovecha para reclamar mejoras. Considera que, una vez ejecutada la infraestructura inicial, el mantenimiento municipal ha sido insuficiente.
Arreglos en los accesos, más zonas de sombra en el terreno de uso comunal –donde hay mesas de merendero que, efectivamente, están deterioradas– y otras pequeñas actuaciones que mejoren el día a día son necesarias en unos espacios que, asegura, cuidan los propios usuarios. Valora positivamente que el Ayuntamiento proyecte nuevos huertos, pero pide que no se olvide de quienes ya llevan años utilizándolos.
Melquiades llegó hace 16 años a Soria y hace cuatro años a los huertos municipales. Natural de Santo Domingo, decidió apuntarse cuando dejó de trabajar para mantenerse ocupado.
Su receta es sencilla: media hora al día suele ser suficiente porque mantiene el terreno siempre “limpiecito” y ordenado. Cultiva prácticamente de todo: tomates, lechugas, acelgas, borrajas, alubias, pimientos o calabacines. Parte de la producción abastece a su familia y otra acaba en manos de vecinos y conocidos.
Para él, uno de los mayores valores del proyecto es el buen ambiente que reina entre los hortelanos.
Las conversaciones entre bancales no ocultan, sin embargo, algunos problemas. Los usuarios lamentan pequeños robos de producción y algunos actos vandálicos registrados en las parcelas. Incidentes aislados que no empañan una experiencia que todos califican como muy positiva y que ha generado una auténtica comunidad entre personas de distintas edades y trayectorias vitales.
El éxito del proyecto explica que el Ayuntamiento ya trabaje en una nueva fase. El barrio de Los Royales contará durante este año con una nueva zona de huertos urbanos ecológicos dentro del proyecto Bienestar, Restauración, Resiliencia y Adaptación (BRERA).
La actuación transformará una parcela municipal actualmente sin uso en un espacio comunitario autogestionado por los vecinos, acompañado de una importante renaturalización con árboles, arbustos y nuevas zonas verdes que contribuirán tanto a mejorar la biodiversidad como a reducir el impacto acústico del nuevo vial de la Ronda del Duero. La inversión supera los 250.000 euros y cuenta con financiación de la Fundación Biodiversidad a través de los fondos europeos NextGenerationEU.
Los huertos urbanos de Soria nacieron como un proyecto ambiental, pero con el paso de los años han demostrado que su mayor cosecha no siempre se recoge en las cestas. Se mide en bienestar, en autonomía, en convivencia y en la satisfacción de quienes encuentran entre tomates y lechugas una forma de seguir sintiéndose útiles, activos y acompañados.
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