Artículo de opinión de Javier Jiménez Santamaría, concejal y senador del PP en Soria.
Hay momentos en política en los que los discursos sobran porque los hechos hablan por sí solos. Y lo ocurrido en el último Pleno del Ayuntamiento de Soria es uno de ellos.
El PSOE tenía dos posibilidades ante la Operación Fuentona. Podía afrontar políticamente la situación, dar explicaciones, comprometer transparencia, revisar los mecanismos de contratación y demostrar a los sorianos que la institución está por encima de cualquier partido.
O podía hacer exactamente lo que hizo: atrincherarse detrás del secreto de sumario, aplicar el rodillo de sus once concejales y responder con insultos a quien se atreve a preguntar. Eligieron lo segundo. Y probablemente porque cuando faltan respuestas, sobran los nervios.
La Operación Fuentona no es una invención del Partido Popular. No es una campaña electoral. No es un rumor difundido por la oposición. Estamos hablando de una operación que provocó un registro de más de once horas, siete detenciones y la detención de una concejala del Gobierno municipal socialista, Yolanda Santos, en el marco de una investigación por presuntos delitos tan graves como organización criminal, prevaricación administrativa o tráfico de influencias, entre otros.
Pero conviene recordar algo elemental: el secreto de sumario protege una investigación judicial; no suspende la democracia ni elimina las responsabilidades políticas.
Y después llegó Luis Rey. Su intervención probablemente sea uno de los mejores ejemplos de cómo no debería reaccionar un responsable político ante una crisis institucional. El secretario general del PSOE de Soria, concejal y diputado decidió sustituir los argumentos por las descalificaciones: “Miserables, circo mediático, buscar mierda para ganar elecciones”.
Resulta significativo que quien acusa a los demás de montar un circo terminara protagonizando precisamente el espectáculo más lamentable del Pleno.
Porque cuando un dirigente político responde con semejante agresividad ante preguntas sobre contratación, transparencia y responsabilidades políticas, la conclusión es inevitable.
El PSOE está nervioso.
Muy nervioso.
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