El intercambio de señales entre Ólvega y Luynes simbolizó los 35 años de una amistad nacida en 1991 con un intercambio escolar y que, tres décadas después, sigue uniendo a vecinos de ambos municipios.
El hermanamiento entre Ólvega y la localidad francesa de Luynes ha conmemorado este viernes su 35 aniversario con un acto institucional en el que se ha puesto en valor una relación que, más allá de los acuerdos entre administraciones, ha tejido durante más de tres décadas vínculos personales, culturales y familiares entre vecinos de ambos municipios.
El representante de Luynes recordó que el hermanamiento "nació de la voluntad de aquellos hombres y mujeres que entendieron que las fronteras nunca debían ser barreras, sino puentes entre los pueblos". Fruto de ese espíritu, en 1991 se puso en marcha el primer intercambio entre alumnos de los colegios de ambas localidades. Una experiencia que, con el paso de los años, ha evolucionado hasta convertirse en un amplio programa de intercambios culturales, deportivos e institucionales, además de visitas y celebraciones que han fortalecido la amistad entre ambos pueblos.
La alcaldesa de Ólvega, Elia Jiménez, destacó que este aniversario supone "el reconocimiento a un trabajo y a una idea que nació hace 35 años" y que ha logrado mantenerse en el tiempo gracias a la implicación de muchas personas. "Los hermanamientos no son solo unos acuerdos entre ayuntamientos; son encuentros, recuerdos compartidos, familias que se conocen, jóvenes que descubren otras culturas y amistades que perduran con el paso del tiempo", afirmó.
Jiménez quiso reconocer especialmente el trabajo de la Asociación del Hermanamiento de Ólvega y de su homóloga francesa, responsables de mantener vivo el proyecto de forma altruista. También ha agradecido la implicación de las familias olvegueñas que, durante todos estos años, han abierto las puertas de sus hogares para acoger a los visitantes franceses, convirtiendo la hospitalidad en una de las señas de identidad del municipio.
La alcaldesa olvegueña ha subrayado además la importancia que adquieren este tipo de iniciativas en el contexto actual. "Vivimos tiempos en los que el mundo necesita más diálogo, más entendimiento y más colaboración entre las personas. Aunque hablamos idiomas distintos y vivimos en países diferentes, compartimos los mismos valores, las mismas inquietudes y el mismo deseo de convivir en paz y amistad", señaló.
Por su parte, la presidenta de la Asociación del Hermanamiento de Ólvega ha recordado que el verdadero legado de estos 35 años no son los viajes oficiales, sino "las conversaciones interminables, las risas compartidas, los abrazos, las puertas abiertas y las amistades que han resistido el paso del tiempo". Asimismo, ha agradecido el apoyo del Ayuntamiento, el trabajo de los socios fundadores y ha animado a quienes participan por primera vez a sumarse a un proyecto que definió como "una gran familia".
El intercambio de señales, símbolo del hermanamiento
El momento central de la celebración ha sido el intercambio de señales direccionales con el nombre de Ólvega y Luynes, un gesto simbólico que da visibilidad al hermanamiento y a los lazos que unen a ambos municipios desde hace 35 años. La iniciativa, propuesta por la asociación francesa, permitirá completar el Jardín del Hermanamiento de Luynes, donde ya figuran el resto de municipios hermanados, y servirá como recuerdo permanente de esta relación.
Como ha explicado uno de los representantes franceses, "una señal de tráfico suele servir para indicar una dirección, señalar una distancia o guiar a un viajero. La que inauguramos hoy va mucho más allá. No solo señala un lugar geográfico, sino que cuenta una historia: nuestra historia".
Durante el acto, amenizado por las actuaciones al piano de alumnos de la Escuela Municipal de Música, también se rindió homenaje a las personas que más se han involucrado en el hermanamiento durante estas tres décadas y media, reconociendo públicamente su dedicación y esfuerzo para mantener viva una iniciativa que ha pasado de generación en generación.
Otro de los momentos más emotivos ha sido la creación de una cápsula del tiempo, concebida como un legado que se abrirá dentro de diez años. En su interior se han depositado varios objetos representativos de la historia compartida entre ambos municipios, como el acuerdo original del hermanamiento, el pañuelo oficial de las fiestas del Cristo bordado con el nombre de Ólvega y Luynes o un ejemplar de un periódico con la victoria de la selección española en el Mundial, un acontecimiento por el que los representantes franceses no dudaron en felicitar a sus anfitriones.
El encuentro ha terminado con una foto de familia y el compromiso de seguir impulsando nuevas iniciativas que permitan implicar a las nuevas generaciones y garantizar la continuidad de un hermanamiento que comenzó en 1991 como un sencillo intercambio escolar y que, 35 años después, sigue siendo un ejemplo de cómo la amistad entre dos pueblos puede superar fronteras y perdurar generación tras generación.
Únete al universo Soria Noticias Descárgate nuestra APP, entra en nuestro canal de WhatsApp o síguenos en redes.