Fernando e Isabel mantienen viva la Panadería Ovejero en Espejón, un legado de tres generaciones que une la repostería artesanal con una labor social imprescindible para los vecinos de la comarca.
En el límite donde Soria se funde con Burgos, el aroma a pan y magdalenas recién hechas es la esencia de este pequeño negocio en Espejón. Allí, la Panadería Ovejero no es solo un negocio, es una herencia que late desde antes de los años 40, cuando "mi padre, Benjamín, tomó el relevo a mi abuelo Anastasio de Juan". Hoy, Fernando de Juan e Isabel Alcalde son los guardianes de un oficio que amasa tradición con una labor social que no entiende de horarios.
Fernando recuerda "como el primer día" cómo su padre repartía el pan en un carro tirado por dos mulos, e incluso confiesa a Soria Noticias haber salido él mismo a repartir "siendo un crío". Aunque hoy usan maquinaria más moderna, conservan piezas de gran valor sentimental y funcional, como la amasadora para las hogazas. Su mujer Isabel, que estudió Empresariales, decidió quedarse en el pueblo por amor y compromiso: "La decisión fue mía. Yo he sido la que he querido que la panadería siguiera, él solo en el horno no iba a poder estar".
Desde su llegada en 1997, el mostrador ha evolucionado de las clásicas magdalenas de la madre de Fernando, Emilia, a un despliegue de creatividad: "Lo que más me gusta es innovar. En invierno me dedico a buscar algo diferente, aunque no todo sale", explica emocionada Isabel a Soria Noticias. De esa inquietud nació su famoso bizcocho de calabaza, aunque no faltan variedades de chocolate con naranja, piña o frutos rojos.
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El trabajo de la Panadería Ovejero empieza a las seis de la mañana para producir unas 120 barras diarias, además de hogazas, chapatas y las tradicionales tortas de Berezales, llamadas así por la Virgen del pueblo. A las diez en punto, Fernando inicia su ruta en furgoneta por los siete u ocho pueblos cercanos, como son Espeja, Guijosa o Navas del Pinar.
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En estas localidades, Fernando es mucho más que el panadero. "Aquí somos como una familia... y si hay que echar una mano, pues para eso estamos", afirma a Soria Noticias. Esa ayuda va desde llevar medicinas de la farmacia hasta mover un televisor o rajar leña. "Había una señora que ya me tenía preparada la leña para que se la rajase...", recuerda Fernando con cariño sobre su "labor social".
Pese a estar "lejos de todo", sus productos han conquistado Soria. Desde hace ya 12 años, sus bizcochos son un fijo en la cafetería Enjoy de la capital. "Llevamos desde que abrieron... el dueño es de Espejón y empezamos a colaborar para que tuvieran algo para el café", explican sobre esta conexión que mantiene vivo el vínculo entre el pueblo y la ciudad.
Sin embargo, la realidad rural es dura. Fernando ya roza la jubilación, y sus hijos han tomado rumbos profesionales distintos. El panadero es tajante sobre la falta de relevo generacional: "El relevo fatal... esto no tiene futuro. En diez años aquí no habrá nadie". Aun así, "mientras el cuerpo aguante", seguirán manchándose las manos de harina cada día porque, como bien dice Isabel: "Estar detrás de un mostrador de manera fría no sirve para nada. Aquí conoces hasta las bolsas de pan de cada vecino".
Ese compromiso incondicional es precisamente lo que la Diputación de Soria busca proteger a través de la iniciativa 'Comercio Rural de Soria. Comercio de proximidad', una campaña financiada por la Junta de Castilla y León para fortalecer el tejido de los pueblos. Integrada en esta red bajo el lema “guardando historias”, el proyecto, en el que se encuentre la Panadería Ovejero, pone en valor ese vínculo emocional y de confianza que solo se construye tras décadas de servicio.
Como bien resume el eslogan de la campaña, “hay cosas que solo puedes encontrar donde te conocen”, y en el reparto diario de Fernando por la comarca, esa frase cobra su máximo significado. Aunque el futuro del relevo sea una incógnita, formar parte de esta red de comercio rural subraya que, mientras el horno de Espejón siga encendido, se seguirán recordando las historias de una tierra que se niega a ser olvidada.
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