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Vayas donde vayas, hay gente: así espera Soria al eclipse

Vayas donde vayas, hay gente: así espera Soria al eclipse

Actualizado 12/08/2026 17:47

La Dehesa, el Collado, el Duero y los monumentos de la capital soriana viven una jornada muy diferente a la habitual con visitantes llegados de distintos puntos de España y del extranjero. Mochileros, caravanas, turistas y vecinos preparan ya sus lugares para contemplar el eclipse mientras la ciudad afronta una afluencia extraordinaria que, sin embargo, se reparte por toda la provincia.

Soria ya no camina al mismo ritmo. La Dehesa es un ir y venir constante de personas, con centenares de visitantes paseando entre los árboles. El Collado se ha convertido en un no parar de gente para arriba y para abajo. Las iglesias y los monumentos reciben turistas de forma continua. En el Duero, el río también tiene su propia banda sonora, con las canoas surcando el agua. Por las calles aparecen mochileros, personas con bolsas del supermercado, grupos de extranjeros y visitantes que buscan ya el lugar desde el que contemplar el cielo. Hay más tráfico, más movimiento y más gente. Vayas donde vayas, hay gente.

La tranquilidad habitual de Soria ha dado paso, durante estas horas previas al eclipse, a una ciudad diferente. Una llegada extraordinaria de visitantes ha cambiado por completo el paisaje cotidiano de la capital, aunque la verdadera dimensión de esa afluencia sea difícil de medir porque buena parte de quienes han venido se ha repartido por distintos puntos de la provincia.

Quienes llevan toda la vida en la ciudad lo perciben en pequeños detalles. En el mercado, en las tiendas, en los supermercados y también en las calles. La soriana Lali cuenta que ayer por la tarde se acercó al mercado y se encontró con una actividad que no recuerda haber visto antes. Incluso algunos puestos, como el de la charcutería, "se habían quedado sin jamón. ¡Lo que nunca!". Y es que, en un día como hoy, muchos hacen acopio de comida para preparar unos bocadillos antes de subir a los lugares elegidos para contemplar el eclipse.

Porque los sorianos también tienen claro que hoy toca mirar al cielo.

Pilar, amiga de Lali, ha decidido subir hacia la zona del Castillo, por las inmediaciones del cementerio. "Vivo cerca de allí , así que mi marido ya lo ha preparado todo". Como ella, muchos vecinos han elegido sus propios lugares para vivir un acontecimiento que, aunque haya atraído a miles de visitantes, también quiere ser vivido por quienes habitan la ciudad durante todo el año. "A mis hijos les voy a preparar los bocadillos porque se irán para Valonsadero", comenta Pilar mientras Lali apunta, "esto va a ser como una segunda Saca".

Y mientras los sorianos preparan el momento, la ciudad recibe a quienes han llegado desde mucho más lejos.

La presencia extranjera es una de las señales más evidentes. Franceses, alemanes y estadounidenses se dejan ver entre los visitantes que recorren Soria. Manuel, artesano numantino, reconoce que es precisamente en ellos donde más nota el efecto del eclipse. Los turistas nacionales son más difíciles de identificar, porque agosto ya trae consigo visitantes procedentes de Madrid, Andalucía y otros puntos de España. Pero cuando se escucha otro idioma, la procedencia parece más clara.

"Extranjeros, extranjeros, extranjeros", resume el artesano, aunque cree que la verdadera avalancha de turismo nacional podría producirse esta tarde, cuando lleguen visitantes de Madrid o del País Vasco para disfrutar del eclipse. "Sobre todo del norte, que parece que estará nublado".

Visitantes llegados de muy lejos

Paloma y Masako han viajado desde California expresamente para vivir el eclipse. Su viaje comenzó a prepararse hace aproximadamente un año y las ha llevado, junto a un grupo de seis personas, hasta Soria después de pasar por Biarritz.

Su primera impresión de la ciudad no puede ser mejor. La encuentran "muy bonita, muy limpia" y destacan especialmente la amabilidad de los sorianos. Han hecho amigos durante su estancia y, aunque han visto imágenes de otros lugares donde los eclipses han provocado auténticas aglomeraciones, aquí no sienten que la ciudad esté desbordada.

El viaje, además, estaba planificado con tiempo. Paloma cuenta que consiguieron "una de las últimas habitaciones" y que pagaron cerca de 980 euros por tres noches. También han visto precios de "hasta 800 euros por noche". El alojamiento es uno de los puntos donde más se ha dejado notar la expectación generada por el fenómeno.

Pero no todos los visitantes han elegido la capital.

Un grupo de amigos de Barcelona, alojados en un pueblo de la provincia, se ha acercado a Soria durante estas horas para conocer la ciudad. Mientras admiran la estatua de Gerardo Diego, explican a Soria Noticias que encuentran la capital "muy llena", algo especialmente llamativo en una ciudad que no acostumbra a recibir una presencia internacional semejante. "Hemos tardado más de 30 minutos en meter el coche al parking", señalan.

Sin embargo, también coinciden con otros visitantes en que no parece haberse producido el colapso que algunas previsiones apuntaban.

Ahí está una de las particularidades de este eclipse: la gente está, pero no necesariamente toda en el mismo sitio.

Nos acercamos al bar Los Arcos y Miguel habla de caravanas y furgonetas repartidas por distintos puntos. Una percepción que también comparte Manuel, quien considera que la llegada parece haberse distribuido mejor por la provincia de lo que inicialmente se esperaba.

Por eso, aunque Soria capital vive hoy una jornada excepcional, la sensación de una ciudad completamente desbordada no termina de aparecer.

La imagen es, por tanto, contradictoria.

Por un lado, basta con caminar unos minutos para comprobar que Soria ya no es la ciudad tranquila de cualquier otro día de agosto. La Dehesa está llena. El Collado no para. El Duero concentra actividad. Los monumentos reciben visitantes. Los supermercados tienen más movimiento. Las calles mezclan a sorianos con mochileros y turistas llegados de otros países.

Por otro, quienes llevan días observando la llegada aseguran que las cifras más descomunales que se llegaron a manejar no se están reflejando en forma de una ciudad colapsada. "No se nota lo que preveíamos. Sí, hay gente pero es que, en Soria, en agosto, también hay gente", explica Miguel.

A medida que se acerca la hora, los visitantes buscan espacios abiertos y lugares desde los que tener una buena perspectiva del cielo. Algunos se desplazan a los pueblos. Otros han llegado en autocaravana. Y los propios sorianos comienzan a preparar sus puntos de observación.

Muchos de los bares y comercios cerrarán a las siete de la tarde. Es el caso de Manuel, artesano numantino, que quiere "ir con mis hijos y vivir el eclipse con ellos". Otros establecimientos harán lo mismo. Sin embargo, como apunta Manuel, "ayer por la tarde sí que se notó esa afluencia de gente. Hoy, lo veo complicado aunque, va por avalanchas".

El fenómeno coincide además con una hora que dificulta la vuelta a la actividad comercial una vez terminado, por lo que la ciudad afrontará también una tarde diferente a la habitual.

Durante unas horas, Soria cambiará de actividad. Los turistas buscarán el cielo. Los comercios echarán el cierre. Los sorianos ocuparán sus miradores. Y una ciudad acostumbrada a la calma se preparará para contemplar cómo, en pleno día, la Luna se coloca delante del Sol.

Expectativas del Eclipse

Para las californianas Paloma y Masako, será mucho más que eso. Una de ellas, que ya ha vivido tres eclipses, habla de la oportunidad de presenciar un fenómeno natural que el "ser humano no puede detener". Lo contempla casi como una experiencia espiritual y espera que esos minutos de oscuridad sirvan también para detenerse, pensar y "ser mejores humanos". Masako lo compara con "experimentar el fin del mundo".

Quizá por eso, a pocas horas del eclipse, lo que está ocurriendo en Soria no se puede medir únicamente en visitantes, reservas de hotel o caravanas. Se mide también en el ruido de las calles, en las bolsas de la compra, en los grupos que caminan sin parar, en quienes buscan un sitio en la Dehesa, en los que buscan el autobús para ir a Valonsadero y en los que llegan desde miles de kilómetros para mirar el mismo cielo.

Soria, por unas horas, ha dejado de ser la ciudad tranquila de siempre. Hoy, vayas donde vayas, hay gente. Y casi todos esperan lo mismo: que llegue el famoso y esperado eclipse total de Sol.

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