Artículo de opinión de Javier Jiménez Santamaría, concejal del Ayuntamiento de Soria y Senador del Partido Popular.
Los libros de historia nos dicen que Ceuta y Numancia aparecen ligados a la expansión de Roma en Hispania durante el siglo II a.C., especialmente con la figura de Escipión Emiliano.
Lo ocurrido en Ceuta no puede despacharse como una crisis migratoria más. Existen denuncias de sindicatos de trabajadores fronterizos que aseguran haber advertido previamente al Gobierno del riesgo de una entrada masiva. Si esas advertencias fueron recibidas y no provocaron una respuesta suficiente, la resistencia numantina de nuestra patria quedaría en último plano y nuestro Escipión Sanchista debería asumir responsabilidades políticas.
Primero se desborda la frontera y después llegan los refuerzos, las instalaciones provisionales y las explicaciones. Ni mucho menos fue la forma de actuar de nuestros compatriotas ceutíes hace decenas de siglos. El Gobierno de España debería garantizar tres cosas elementales: fronteras seguras, inmigración legal y protección para quien realmente tenga derecho a ella.
Y desde Ceuta debemos mirar inevitablemente hacia nuestra Numancia; nuestra querida Soria. Porque el mismo Gobierno que ha sido incapaz de anticiparse a semejante crisis pretende que los sorianos aceptemos sin rechistar la apertura de un centro de refugiados diseñado para 203 plazas, pese a la controversia política y jurídica existente sobre su capacidad.
¿Después de Ceuta tenemos que aceptar que preguntar por los límites es insolidario? ¿Tenemos que creer que exigir planificación es xenofobia? ¿Tenemos que callarnos cuando preguntamos qué recursos sanitarios, sociales, policiales y de integración acompañarán al centro?
No. Soria es solidaria, pero Soria no tiene por qué ser el laboratorio de la improvisación migratoria de Pedro Sánchez. El debate nunca debería plantearse contra quien huye de una guerra o merece legítimamente protección internacional. El problema es un Gobierno que parece confundir solidaridad con ausencia de límites y acogida con falta de planificación.
Ceuta y Numancia priorizaron el control de sus fronteras. Un Gobierno responsable calcula su capacidad de acogida. Y una política migratoria sensata protege al refugiado, combate la inmigración irregular y garantiza que la acogida sea compatible con los recursos disponibles y con una verdadera integración. Resistamos!
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