Covaleda busca el equilibrio de vino, fruta y canela en su tradicional concurso de zurracapote para coronar la receta perfecta de estas fiestas. Carlos Llorente y el juez 'el Java' nos descubren los secretos de una cata a ciegas donde el porrón es el protagonista absoluto.
Las fiestas de San Lorenzo en Covaleda no serían lo mismo sin su aroma a canela y melocotón. Estos días el municipio pinariego se ha sumergido en una tradición que es mucho más que una simple mezcla de vino y frutas: el concurso de zurracapote. Pero, ¿qué es lo que separa a un zurracapote del montón de uno digno de un "10"?
Antiguamente, el ritual consistía en "ir de peña en peña probando las elaboraciones", pero como bien apunta el concejal Carlos Llorente el método ha mejorado para garantizar la justicia: "Lo que hacíamos antes era dar una vuelta al pueblo y se probaban, pero no se degustaban bien. Ahora cada uno trae su porrón frío, se le pone una pegatina y nadie sabe de quién es". En la edición de este año, han sido 27 los participantes que han presentado sus recetas secretas ante un jurado experto compuesto por miembros de la comisión de fiestas y veteranos en la materia.
La base es clara: vino, melocotón, canela y azúcar. Sin embargo, en Covaleda la creatividad no tiene límites. Algunos añaden pera o incluso plátano... "pero el verdadero secreto reside en el equilibrio". Según 'el Java', uno de los jueces más experimentados del concurso, la clave es no pasarse: "Valoramos que no sepa mucho a canela, que no esté ni muy dulce ni menos dulce, un término medio entre todo".
El experto advierte sobre los errores más comunes que arruinan la mezcla:
Para aquellos que buscan la excelencia, parte del jurado comparte su fórmula personal, que rompe con la norma del vino tinto: "Particularmente, yo lo hago con vino clarete. Le echo limón, plátano (que no le echa mucha gente), azúcar y canela". Además, revela un truco técnico fundamental: cocer la rama de canela previamente y añadir solo el agua resultante de esa cocción a la mezcla.
Más allá del sabor, el zurracapote en Covaleda es "una experiencia social que se sirve en porrón". Beber de él es un arte que, según los veteranos, "solo se domina con la práctica". El objetivo es que el vino caiga con precisión sin "pingar" (manchar) al bebedor, ya sea cerrando más la boca o abriéndola según el flujo.
Al final del día, el veredicto es inapelable. Mientras que los dueños de las peñas recogen sus porrones para seguir la fiesta, hay una señal inequívoca de quién ha sido el ganador: "El que suele ganar no sale de aquí, ese se suele acabar aquí mismo", concluyen los jueces entre risas.
Si estas fiestas pasas por Covaleda, busca el equilibrio, el frío del porrón y, sobre todo, ese toque de canela que marca el espíritu de San Lorenzo.
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