El escritor y profesor recupera en su último libro a 22 poetas de la Generación del 27 y lleva su historia a Villar del Río, donde una multitud acudió a escuchar su charla sobre unas autoras que durante décadas quedaron fuera del relato literario.
En los libros de literatura hay una página que suele repetirse. La 'Generación del 27': Lorca, Alberti, Cernuda, Salinas... Y después, en otra página, ellas, 'Las Sinsombrero'.
Para Hilario Jiménez, ahí empieza el problema. "Mi libro de clase, por fin, en una hoja, aparece la Generación del 27. Y claro, pasas la página y aparece 'Las Sinsombrero'. No son epígrafes, no son una página aparte. Son la Generación del 27", explica. Porque ellas no fueron una generación aparte. Compartieron tiempo, espacios, inquietudes y proyectos con sus compañeros. Estaban allí. Lo que ocurrió es que, durante décadas, dejaron de estar en los libros.
De devolverlas a ese lugar parte 'La chula del vacío. Estudios y aproximaciones a las poetas del 27', el último libro de este escritor y profesor de Literatura. Un trabajo en el que recupera a 22 mujeres de aquella generación y se adentra en sus trayectorias y en una obra que, en muchos casos, no resulta fácil de encontrar.
El libro ha servido también como punto de partida para llevar esa historia fuera de las páginas. En Villar del Río, Hilario participó en una charla-coloquio sobre las mujeres del 27 aprovechando la publicación de su último trabajo. La respuesta del pueblo fue mucho mayor de la esperada. Acudió muchísima gente y la literatura ocupó durante unas horas el centro de la conversación.
No era la primera vez que Hilario comprobaba que estas autoras siguen despertando interés cuando se las acerca al público. En la última edición de 'Expoesía', en Soria, participó en 'Un collar de islas', un proyecto que llevó la poesía de estas mujeres a las calles. Cada tarde se entregaban dos poemas de dos autoras diferentes y quienes acudían podían guardarlos en una carpeta coleccionable. Llegaron a reunirse unas 300 personas cada día. "Fue increíble", recuerda. No solo por la cantidad de gente, sino por la forma en que recibían los poemas, las muestras de cariño, el respeto, el silencio, la emoción.
La experiencia confirma una de las ideas que atraviesan su último libro. Aquellas mujeres no necesitan ser presentadas como una excepción. Tampoco como una generación paralela. "Siempre tenemos que justificar a la mujer, que explicar por qué se lo merece", señala Hilario. A los hombres no se les exige el mismo contexto para reconocer su lugar en la historia de la literatura.
Y la historia ayuda a entender por qué aquellas mujeres estaban allí. En las primeras décadas del siglo XX comenzaron a abrirse espacios que hasta entonces les habían estado prácticamente vedados: la Institución Libre de Enseñanza, la Residencia de Señoritas, el Lyceum Club Femenino o el acceso de las mujeres a la universidad fueron haciendo posible que pudieran estudiar, crear y relacionarse en los mismos círculos culturales. "Todo fluyó de un modo natural", recuerda. Aquellas mujeres no aparecieron de repente. Formaban parte de un ambiente cultural que estaba cambiando y que permitió que muchas de ellas desarrollaran una obra propia.
Recuperarlas exige ahora volver a buscarlas. Y no siempre resulta sencillo. La documentación está dispersa, sus publicaciones no son fáciles de encontrar y muchas de sus trayectorias han quedado escondidas detrás de las de sus compañeros de generación.
Ahí está buena parte del trabajo de Hilario con su último libro: leer, rastrear, documentar y volver a colocar cada nombre donde corresponde. El resultado, cuenta satisfecho, está teniendo una buena acogida entre los lectores y también entre la crítica.
Hilario compagina la escritura con su faceta de profesor de Literatura. Dos caminos que, en realidad, no están tan separados. En las aulas, como en sus libros, intenta que detrás de los nombres haya personas, historias y voces. Que la literatura no sea únicamente una sucesión de autores que memorizar, sino algo que todavía puede interpelar a quien la lee.
La poesía ocupa un lugar importante en su recorrido. Es el territorio al que vuelve como escritor y desde el que ha participado en distintos proyectos para acercarla a otros. Y mientras 'La chula del vacío' continúa su camino, Hilario ya trabaja en nuevas ideas.
No quiere adelantar demasiado. Algunas todavía necesitan tiempo. Es algo que parece haber aprendido tanto de la escritura como de la vida literaria, dejar que los proyectos maduren. "Tranquilidad, paciencia", dice. Quizá sea una buena manera de resumir su forma de trabajar.
Mientras tanto, sigue buscando. Y entre esos nombres que rescata en su libro, hay 22 mujeres que no necesitan una página aparte, ni una explicación adicional, ni una nota al pie. Solo volver a la página que siempre fue suya.
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