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'El Molinero', una tienda que no solo vende alimentos, también esperanza

'El Molinero', una tienda que no solo vende alimentos, también esperanza

Actualizado 30/08/2026 16:55

En Villar del Río, el ultramarinos Molinero es mucho más que un comercio. Es el lugar donde se compra, se charla y, sobre todo, donde alguien se da cuenta de si hoy no has venido.

A las ocho de la mañana puede entrar alguien a comprar leche. Otro necesita pan. Alguien pregunta por un producto que no encuentra y otro, simplemente, se queda un rato hablando. En el ultramarinos 'El Molinero' de Villar del Río, todo eso forma parte del mismo trabajo. Porque en un pueblo pequeño una tienda nunca es solamente una tienda.

Aída lo sabe bien. Aída Cebolla Navarro, junto con su marido Abraham Jurado Fernández-Pacheco, se hizo cargo del negocio familiar después del fallecimiento de su suegro, que había estado al frente del establecimiento. Desde marzo trabajan en la nueva ubicación, junto a la carretera, por donde pasan vecinos y viajeros y que ha convertido al establecimiento en una parada todavía más estratégica.

Pero si hay una palabra que Aída utiliza para definir lo que hacen, es servicio. "Es un servicio social, completo", matiza. Y basta escucharla unos minutos para entender por qué.

En invierno, Villar del Río se queda en unas 30 personas. Para muchos, especialmente para los mayores, desplazarse hasta una población más grande para hacer la compra no es sencillo. La tienda les permite resolver allí buena parte de sus necesidades.

'El Molinero', una tienda que no solo vende alimentos, también esperanza | Imagen 1

Pero también les permite algo que no cabe en ninguna estantería: estar acompañados. "Somos un poco psicólogos", dice Aída entre risas. Aquí se habla, se cuentan las cosas, se pasa el rato. Y se conoce a la gente.

Tanto que, si alguien que suele entrar todos los días no aparece, Aída se da cuenta. "Si alguien viene todos los días y de repente no viene, piensas: ¿estará bien o no estará bien? Incluso te avisan si van a faltar, para que no te preocupes". No hay ningún protocolo para estos casos ni nada establecido. No hace falta. Es, simplemente, la vida de un pueblo.

Una tienda que también hace comunidad

Este año hubo otro ejemplo de lo que significa que un servicio desaparezca en estos pueblos. El panadero dejó de poder hacer su ruta habitual y, de repente, varios pueblos se encontraron con un dilema que, desde fuera, puede parecer pequeño, pero que allí no lo era en absoluto: ¿Y ahora qué hacemos con el pan?

Los alcaldes de los municipios afectados se pusieron manos a la obra. También Aída y Abraham. Había que encontrar una solución y había que hacerlo rápido. Entre todos consiguieron mantener el reparto, tres días en semana, excepto en verano, que hay servicio todos los días.

Así, la solución llegó entre los ayuntamientos, comerciantes y vecinos. Una furgoneta. Una ruta. Un teléfono. Una conversación. Y el servicio vuelve a funcionar.

'El Molinero', una tienda que no solo vende alimentos, también esperanza | Imagen 2

Quizá por eso Aída resume así la diferencia entre las dos caras del año: "En verano es negocio. En invierno, servicio social".

Porque en agosto la tienda no para. Se abre pronto, se cierra tarde y los clientes se multiplican con la llegada de quienes regresan al pueblo para pasar las vacaciones. Después llega septiembre. Y con él, el silencio.

Quedan los de siempre. Los que viven allí. Los que entran a comprar, pero también a hablar. Algo que le encanta a Aída.

Ella llegó a Villar del Río sin haber tenido nunca pueblo. Por eso, dice, le gusta sentarse y escuchar a quienes llevan toda una vida allí. Aprender cómo eran las cosas. Quién vivía dónde. Qué ocurrió hace años. Historias que, de otra manera, quizá se quedarían sin nadie que las preguntara.

Una vida elegida

Aída y Abraham saben lo que significa elegir otra manera de vivir. Son naturales de Madrid, pero durante años vivieron en Barcelona. Allí nacieron dos de sus tres hijos, hasta que comprendieron que aquella vida ya no era la que buscaban. "Después de tantos años en Barcelona dijimos que no era lo nuestro".

Querían un lugar más pequeño y, cuando dejaron de buscar, apareció Villar del Río. Llegaron sin vínculos con Soria, pero bastó conocer el pueblo para decidirse. Hoy, además de la tienda, Aída teletrabaja y Abraham gestiona casas rurales mientras crían aquí a sus tres hijos.

Para Aída, una de las grandes ventajas está precisamente en ellos. "Están viviendo una infancia superlibre", cuenta. Una vida con naturaleza, espacio y una comunidad en la que los vecinos se conocen y se ayudan.

Pero también sabe que para que otros puedan elegir ese camino hacen falta oportunidades. El colegio del municipio, abierto hace tres años, afronta ya el riesgo de cerrar por falta de alumnos. "Es una lástima que haya costado mucho abrirlo y no va a costar nada cerrarlo", lamenta.

Por eso, mira las casas vacías y piensa en las familias que podrían ocuparlas. En quienes podrían llegar con niños, pero también con alguno de los oficios que hacen falta en la comarca: fontaneros, mecánicos, pintores... Personas que puedan trabajar y vivir allí. Porque una familia nueva no solo llena una casa. Puede llenar un colegio. Mantener una tienda. Dar vida a una calle. Como Aída y Abraham hicieron.

Más que una tienda, un compromiso

Mantener una tienda abierta en un pueblo de 30 habitantes no siempre tiene que ver solo con hacer caja. También tiene que ver con seguir prestando un servicio cuando apenas quedan servicios. Con abrir cada mañana aunque en invierno entren muchos menos clientes que en agosto.

Es esa realidad la que la Diputación de Soria quiere reconocer a través de la iniciativa ‘Comercio Rural de Soria. Comercio de proximidad’, financiada por la Junta de Castilla y León, para respaldar al pequeño comercio que mantiene abiertas las puertas en los pueblos.

'El Molinero' forma parte de esta red bajo el lema ‘cuidando pueblos’, una idea que encaja especialmente bien con la manera en la que Aída entiende su negocio. Porque en Villar del Río vender leche, pan o cualquier producto básico es solo una parte de lo que ocurre detrás del mostrador. También es escuchar, acompañar, estar pendiente y ayudar a que quienes viven allí puedan seguir haciéndolo.

Hay cosas que solo puedes encontrar donde te conocen. Y en 'El Molinero', Aída y Abraham conocen a sus clientes lo suficiente como para echar en falta a quien un día no aparece. Y quizá ahí, en esa ausencia que alguien echa de menos, esté la diferencia entre una tienda y todo lo que una tienda puede llegar a ser.

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