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Ángel Rodríguez Luque, el farmacéutico que tiene la 'receta' contra la soledad

Ángel Rodríguez Luque, el farmacéutico que tiene la 'receta' contra la soledad

Actualizado 08/09/2026 20:39

Hay una edad en la que uno empieza a preguntarse qué quiere hacer con el tiempo que le queda. Ángel Rodríguez Luque tenía 50 años cuando decidió cambiar de rumbo. Llevaba 25 años trabajando en la industria farmacéutica, había pasado por grandes laboratorios y había viajado por medio mundo. Pero aquello que durante tantos años había parecido el camino lógico dejó de serlo.

En 2017 hizo las maletas y se marchó a Alemania. Allí comenzó a trabajar en una farmacia comunitaria de un pequeño pueblo llamado Stolberg. No era un lugar comparable a Deza. Tenía una importante industria cristalera y una actividad económica que marcaba el ritmo de la localidad. Pero aquella experiencia le permitió acercarse de nuevo a la farmacia desde otro lugar: el del contacto directo con los pacientes, el de la atención cotidiana y el de un servicio más próximo.

Por motivos de idioma, tuvo que volver a España. Fue entonces cuando empezó a mirar posibilidades para comprar una farmacia en un pueblo. Buscaba algo diferente. Quizá también una forma distinta de ejercer después de tantos años en la industria... Así fue como Deza apareció en el camino.

Ángel Rodríguez Luque, el farmacéutico que tiene la 'receta' contra la soledad | Imagen 1

Había además una pequeña conexión familiar con Soria. La familia de su padre procedía de Olmillos, en San Esteban de Gormaz, donde tenían una barca con la que cruzaban el Duero. Pero no fue solamente una cuestión sentimental. Deza le gustó. Le pareció un lugar donde podía desarrollar esa idea que había empezado a tomar forma.

"Creo que apliqué ciertas cosillas que ya había aprendido en Alemania", cuenta. Sobre todo, algo muy sencillo: dar más servicio.

Desde entonces vive en Deza. Aunque nació en Madrid y todavía regresa algunos fines de semana para estar con su familia, su vida está ahora aquí. Una vida que, paradójicamente, encontró después de haber recorrido medio mundo. "Ahora lo que quiero es estar tranquilo. Un cierto equilibrio. Un cierto balance", explica.

Otra forma de ejercer

Quizá una de las cosas que también puede ofrecer un pueblo sea la posibilidad de ejercer una profesión de otra manera, sin renunciar a lo que uno sabe hacer, pero cambiando el modo de hacerlo. Sin grandes despachos ni carreras profesionales interminables. Con menos ruido y, a veces, con mucho más tiempo para las personas.

Ángel encontró en Deza esa nueva forma de entender su oficio. "Yo no he venido aquí a hacerme millonario. He venido a tener un cierto equilibrio y hacer mi profesión, que realmente es esto, lo que me gusta". Y "esto" significa muchas cosas.

Significa atender a una persona mayor sin mirar el reloj. Escucharla cuando necesita hablar. Explicarle otra vez cómo tiene que tomar un medicamento. Saber quién vive solo. Notar cuando alguien lleva demasiado tiempo sin aparecer por la farmacia. Y entender que, en un pueblo pequeño, el trabajo de un profesional sanitario nunca se queda del todo dentro de las cuatro paredes de su establecimiento.

"Les escuchas. Les prestas atención y les dedicas el tiempo que necesitan", dice. Y es que Ángel no "racanea" ese tiempo. Ni siquiera cuando alguien entra con una conversación que no estaba prevista. "La gente se enrolla aquí contigo porque vive sola. ¿Y yo cómo le voy a echar?". No puede. O, más bien, no quiere.

Por eso, le molesta que alguien llegue con prisa y le reproche que está tardando demasiado. "Yo a la gente le dedico el tiempo que necesita". Si hay que esperar, se espera. Y si alguien no está dispuesto a hacerlo, “siempre puede marcharse a otra farmacia”. La frase puede sonar rotunda. Pero también explica qué clase de farmacéutico ha decidido ser. “No porque haya más gente en verano, los de siempre van a tener que cambiar sus costumbres”, explica.

Mucho más que una farmacia

En Deza, la farmacia es un servicio sanitario, pero también cumple una función que no aparece en ninguna receta. Para una población envejecida y dispersa, tener un profesional cerca aporta seguridad. Tener además a alguien que conoce sus nombres, sus circunstancias y sus rutinas aporta algo más difícil de medir.

Ángel lo descubrió incluso en situaciones en las que la farmacia dejó de ser farmacia. Una vez sospechó que algo le había ocurrido a un vecino que vivía solo. Llamó a la Guardia Civil. Cuando llegaron, el hombre ya había fallecido. “Fue una pena pero, esta también es nuestra función”, comenta. Porque, a veces, basta con conocer a alguien para darse cuenta de que su ausencia no es normal.

Y esa capacidad de mirar más allá del mostrador cobra todavía más importancia en un pueblo como Deza, donde la población cambia con las estaciones. En verano regresan los vecinos que viven fuera, jubilados que pasan temporadas en el pueblo y familias que llegan desde Madrid, el País Vasco y otros lugares. Después llega el invierno y las calles vuelven a quedarse más tranquilas. Y es, en esos meses, la farmacia sigue siendo uno de los lugares donde la vida cotidiana mantiene el pulso.

El valor de estar

Ángel, de momento, no piensa marcharse. Tiene 61 años y, si la salud le acompaña, incluso se plantea trabajar más allá de la edad habitual de jubilación. "Me gusta mucho mi trabajo. Me llena y me satisface".

Es curioso. Después de 25 años en la industria farmacéutica, de haber viajado por todo el mundo y de haber probado incluso a empezar una nueva vida en Alemania, ha acabado encontrando la profesión que quería en un pueblo de Soria.

Y quizá ahí haya otra de las caras menos contadas de la vida rural. No siempre se trata de marcharse porque no hay oportunidades. A veces también consiste en llegar porque existe la posibilidad de construir una vida diferente.

Una vida en la que el éxito no se mide solamente en dinero, tamaño de la empresa o kilómetros recorridos. Una vida con tiempo, con vínculos, con vecinos que entran por la puerta y terminan preguntándote también cómo estás tú.

Ángel Rodríguez Luque, el farmacéutico que tiene la 'receta' contra la soledad | Imagen 2

Porque cuando se le pregunta a Ángel qué recibe de Deza después de todo lo que él da, le cuesta incluso encontrar las palabras. "Todo, todo. Mi motor, impulso afectivo... No tengo palabras para expresar el agradecimiento. Me da mucho más de lo que yo les doy".

Esta es la realidad que la Diputación de Soria quiere reconocer a través de la iniciativa 'Comercio Rural de Soria. Comercio de proximidad', financiada por la Junta de Castilla y León, para respaldar al pequeño comercio que mantiene abiertas sus puertas en los pueblos y que, más allá de su actividad, contribuye a sostener la vida cotidiana de sus vecinos.

La farmacia de Ángel Rodríguez Luque forma parte de esta red bajo el lema 'Cuidando pueblos'. Porque en un pueblo, mantener una puerta abierta puede significar mucho más que mantener un negocio. Puede significar que alguien sigue ahí.

Y quizá por eso Ángel ha encontrado en Deza algo que llevaba tiempo buscando. No otra profesión, sino la suya.

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