Un equipo de arqueólogos mallorquines regresará este mes a Soria para continuar la búsqueda de los restos de Jaume IV de Mallorca, que murió en la ciudad en 1375 y dejó escrito en su testamento que quería ser enterrado en el convento de San Francisco.
Más de 650 años después de su muerte, Jaume IV de Mallorca podría seguir bajo el suelo de Soria. Esa es la incógnita que un equipo de arqueólogos mallorquines intentará despejar este mes, cuando regrese al antiguo convento de San Francisco para continuar la búsqueda de los restos del monarca.
Y no será la primera vez que este equipo excave en busca del rey. Los trabajos, que se desarrollarán entre el 15 y el 30 de septiembre sobre una superficie de unos 115 metros cuadrados, retoman la investigación que los mismos especialistas iniciaron en 2008. Al frente de la campaña estarán la arqueóloga Helena Inglada, coordinadora arqueológica, y el historiador medievalista Gabriel Ensenyat, coordinador científico del proyecto, junto a los arqueólogos Maria Llinàs y Llorenç Vila y otros investigadores.
En aquellos primeros trabajos, un estudio con georradar permitió localizar estructuras subterráneas que podían corresponder a la antigua iglesia del convento y, en particular, a algún tipo de capilla. Pero la excavación no permitió confirmar que allí estuviera la sepultura de Jaume IV.
Casi dos décadas después, los investigadores regresan con más información. "Durante estos 20 años ha continuado la investigación y sabemos muchas más cosas", explica Helena Inglada. Ahora, añade, ampliarán el espacio de intervención "tanto en planta como en profundidad".
Y la pregunta que quieren responder es muy concreta: ¿dónde está enterrado el rey Jaume IV de Mallorca?
La historia de Jaume IV ayuda a entender por qué su búsqueda resulta tan singular.
Era hijo de Jaume III de Mallorca y estaba destinado a heredar la Corona de Mallorca. Pero en 1349, cuando todavía era muy joven, acompañó a su padre en el intento de recuperar la isla. Ambos fueron derrotados en la batalla de Llucmajor. Su padre murió y Jaume fue capturado.
El heredero de un reino terminó así convertido en prisionero.
Pasó años cautivo, entre otros lugares en el castillo de Xàtiva, hasta que consiguió recuperar la libertad. Después su vida volvió a dar otro giro: llegó a Italia y se casó con Juana I de Nápoles, convirtiéndose en rey consorte.
Pero nunca abandonó la idea de recuperar Mallorca. En 1374 volvió a intentarlo. Reunió tropas y se dirigió hacia los territorios de la Corona de Aragón, pero la campaña fracasó. Poco después, su recorrido le llevó hasta Castilla y, finalmente, hasta Soria, donde murió en 1375.
Y es precisamente aquí donde la historia de Jaume IV se cruza con la arqueología.
Jaume IV había dejado una última pista: dónde quería descansar. En su testamento, redactado en Soria, ordenó que fuera enterrado en la iglesia del convento de San Francisco de la ciudad. Esa última voluntad es una de las claves de toda la investigación.
No se trata, por tanto, de una búsqueda basada únicamente en una hipótesis arqueológica. El propio monarca señaló el lugar en el que quería ser enterrado. El problema es que aquella iglesia ya no existe.
El antiguo convento de San Francisco desapareció con el paso de los siglos y localizar una sepultura concreta se convirtió en una tarea mucho más complicada. Aun así, los investigadores creen que todavía pueden quedar restos de la antigua construcción bajo el terreno.
En 2008 ya se excavó parte de la zona después de que el georradar detectase estructuras subterráneas. Entre ellas apareció un espacio relacionado con la antigua capilla de la Concepción, en la cabecera de la iglesia primitiva.
Para Helena Inglada, ese punto sigue siendo "el lugar más probable" para encontrar la sepultura. Pero la arqueóloga también mantiene la cautela porque la investigación no permite saber todavía "qué encontrarán bajo tierra ni en qué estado se conservará".
Desde aquella primera intervención, los investigadores han seguido rastreando documentación histórica para reconstruir qué ocurrió con el cuerpo del rey.
Ahora, casi dos décadas después de aquella excavación, regresan al lugar con una intervención más amplia. La nueva campaña extenderá la zona investigada hacia el ábside y la antigua capilla de la Concepción. El objetivo es localizar posibles estructuras funerarias y comprobar si alguna de ellas puede relacionarse con el enterramiento de Jaume IV.
Pero encontrar una tumba no bastaría para saber que han encontrado al rey. Si aparecen restos humanos, habría que estudiar su edad, sexo, características físicas y posibles lesiones. Y, si las condiciones lo permiten, un análisis genético podría aportar la prueba definitiva.
Por ahora, los arqueólogos solo tienen una combinación de documentos, estructuras y pistas históricas. Aunque, más de seis siglos después, Soria podría estar a punto de devolver a la historia el último rastro de un rey que nunca consiguió recuperar su reino.
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