El doctor Juan Manuel Ruiz repasa décadas de sanidad soriana marcadas por proyectos, conflictos y tragedias. Desde el síndrome tóxico y el accidente de Golmayo hasta la prevención y la pandemia, reivindica una forma de entender la salud más allá del hospital.
Juan Manuel Ruiz pertenece a esa generación de profesionales que no se limitó a trabajar dentro de la sanidad soriana, sino que contribuyó a cambiarla. Médico, gestor y divulgador, ha vivido desde dentro algunas de las principales transformaciones sanitarias de las últimas décadas: las transferencias del Insalud, la reorganización de las urgencias, la expansión de los servicios hospitalarios, el síndrome tóxico, el accidente de Golmayo o la pandemia. También ha defendido durante años que la salud no empieza en el hospital, sino mucho antes, en la prevención, la alimentación y los hábitos de vida y así lo refleja en los más de 30 libros que ha escrito. En esta conversación repasa sus batallas, sus desencuentros, los episodios que todavía le duelen y aquello que considera su legado. Una memoria personal que termina convirtiéndose en parte de la memoria sanitaria de Soria.
Ha estado prácticamente en todas las grandes batallas de la sanidad soriana. La pandemia, las transferencias sanitarias, la diálisis en El Mirón, el angiógrafo digital... Ha vivido buena parte de las grandes transformaciones de la sanidad de Soria en democracia. ¿Qué queda, después de tantos años, de aquella sanidad que recibió y que intentó transformar?
Si tuviera que resumir en una frase diría: mucha ilusión, mucho querer hacer y poca respuesta.
¿Poca respuesta por parte de las administraciones?
Sí. Nunca se me olvidará el 27 de diciembre de 2000. El traspaso de las competencias del Insalud a la Junta se produciría a principios de 2001. Yo esperaba entonces una respuesta a un proyecto que habíamos elaborado para las urgencias de la provincia de Soria. Habíamos tenido trabajando durante tres meses a más de 30 personas —médicos, enfermeras, técnicos...— para diseñar un proyecto de urgencias para toda la provincia, con todo tipo de vehículos y material.
Me habían dicho que antes de acabar el año tendría todo para poder desarrollarlo. ¿Cuál fue mi sorpresa? Que recibí el proyecto el día 27 de diciembre y habían incluido errores, muchos errores. Metieron en el proyecto pueblos de Burgos, pueblos de La Rioja... Y yo dije: “Pero ¿esto qué es? ¿Una tomadura de pelo?” Me dijeron que no se habían dado cuenta, que se habían equivocado.
¿Por qué no creyó que era un error?
Eso fue cuatro días antes de las transferencias. Les dije que aquello no era una equivocación. Que era que no querían hacer el plan de urgencias por el que habíamos estado luchando durante tanto tiempo para Soria. Y les dije que aquello no podía ser.
¿Llegó a interpretarlo como una decisión política de no apostar por aquel proyecto?
Sí. Y dije: “Yo haré lo que tenga que hacer”. Les recordé que al día siguiente eran los Santos Inocentes, el 28 de diciembre, y que aquello no se me podía hacer después de tantos años. Yo ya llevaba seis años en el cargo.
¿Qué se hace en una situación así?
Fue muy desagradable. Lo primero que hice fue llamar a quien entonces era el consejero de Sanidad, Carlos Fernández Carriedo. Le dije: “Créeme que yo esto no lo puedo hacer. Tengo mi trabajo en el hospital, aquí estoy además perdiendo dinero y que me tomen el pelo... Yo quiero seguir paseando por el Collado con la cabeza muy alta y que mis hijos no tengan que avergonzarse de su padre”. Las transferencias eran sólo unos días después.
Le dije que presentaba la dimisión y que al día siguiente iría a verle.
¿Y qué le respondió?
Que esperara unos días, que con las transferencias se podía solucionar. Le pregunté: “¿Estos días cuántos son, cuatro o cinco?”. Y me contestó que aquello estaba relacionado con el proceso de las transferencias. Yo me volví a mi trabajo en el hospital.
También participó en proyectos que tardaron muchísimo en hacerse realidad. Por ejemplo, las obras del Hospital que dejó proyectadas en 2001 y todavía no se han recepcionado. La Milagrosa, en cambio, sí salió adelante...
¿Usted se acuerda de cómo estaba La Milagrosa? Eso era un nido de ratas, desechos, basura. Entonces era una guardería de la Diputación.
¿Y cómo surgió la idea de convertirla en un centro sanitario?
Se lo dije a Enrique Delgado, que entonces era director de Atención Primaria. Intenté hablar con María Jesús Ruiz, que era presidenta de la Diputación, y me derivó a su vicepresidente, Domingo Heras. Él fue quien realmente se preocupó de que aquello fuera una realidad.
Yo planteé que necesitábamos una zona de atención primaria para el norte y otra para el sur, para tener todo controlado, y que después ya hablaríamos de la salida de las ambulancias. Me dijo que no le parecía mal la idea.
¿Qué papel tuvo Domingo Heras?
Hay que decir las cosas como son: el que puso todo su interés fue Domingo Heras. Lo único que quería era que el Insalud, que entonces presidía Núñez Feijóo, le diera más dinero para poder vender los terrenos. La Diputación quería vendérselo al Insalud por más dinero del que se ofrecía; me parece que eran nueve millones de pesetas. Todo el terreno para hacer allí el centro. Es una de las cosas que me satisfacen de aquellos años de gestión.
También hubo proyectos que quiso sacar adelante y que encontraron oposición política. Uno de ellos fue el traslado de la diálisis al Virgen del Mirón.
Sí. Yo quería trasladar la diálisis al Virgen del Mirón, a la zona del hospital que mira al Moncayo, porque era una planta soleada, con un pasillo y espacio para los pacientes de diálisis. En aquel momento ya no cabían más en el Santa Bárbara. Lo planteé y me llamó un político de Castilla y León, cuyo nombre no quiero recordar, y me dijo: “Oye, ¿tú quién te has creído que eres para decir esta cosa? Ese hospital es nuestro”. Era una época en la que todavía las competencias no estaban en manos de la Junta, que era la propietaria del Mirón. Le dije: “Hombre, pues con vistas al futuro, creo que lo mejor es ir trabajando en esa línea”.
¿Qué le contestó?
“Tú eres el pasado y yo soy el futuro”. Y ahí está El Mirón...
Durante décadas se ha hablado de otro problema estructural: la falta de médicos. ¿Soria sigue teniendo hoy el mismo problema que cuando usted estaba al frente de la gestión sanitaria?
Sé que es un problema dificilísimo. Han venido médicos de Sudamérica, sobre todo, pero va a haber muchos problemas, ya los hay, porque no hay profesionales. Ya los estamos padeciendo. Los médicos denuncian una presión brutal, impresionante. Ha mejorado, en cambio, el tema informático y eso ayuda en parte, pero no soluciona.
Precisamente usted vivió uno de los primeros grandes desafíos tecnológicos del cambio de siglo: el llamado ‘efecto 2000’.
Estuve aquella noche en la Dirección Provincial con los dos directores que había, el de Primaria y el de Especializada, y con el equipo del Insalud en El Espolón. No respiramos hasta que vimos que el efecto 2000 no había tenido repercusión en Australia. Fue un poco como las campanadas de fin de año. Hasta entonces no nos quedamos tranquilos. Fue una noche de mucha tensión.
Pero aquella noche no fue el momento más tenso de su gestión...
No. Los momentos más duros los viví con el síndrome tóxico. No se me olvidará jamás.
Estamos hablando ahora de los años 80, cuando era jefe de Anatomía Patológica, ¿no?
Sí. Nunca olvidaré a los canallas que hicieron aquello a tantas personas. Recuerdo especialmente a una niña de 16 años a la que tuve que hacer la autopsia. Las autopsias del síndrome tóxico las teníamos que hacer conjuntamente un forense y un patólogo. Y recuerdo también a aquel ministro, Jesús Sancho, que dijo que aquel síndrome tóxico era un bichito tan pequeño, tan pequeño, que si se caía al suelo desde la mesa se mataba.
¿Qué aparecía en aquellas autopsias?
Era una patología que no había visto en la vida. En las autopsias veíamos que el músculo ya no era músculo, era tejido adiposo. Había degenerado tanto que los pacientes no podían respirar. Se morían porque la estructura del tejido se había modificado por la toxicidad del aceite. Aquello fue horroroso. El síndrome tóxico, para mí, es de las cosas más horribles que he visto.
El final del siglo XX tampoco fue sencillo desde el punto de vista administrativo. Hubo otro episodio especialmente duro con las ambulancias.
Tuve que cambiar dos veces de teléfono por las amenazas que recibí durante la concesión de las ambulancias. Fueron años muy convulsos. Aquella pugna fue muy dura y la recuerdo como terrorismo sanitario.
¿Qué ocurrió?
Llegaron a echar arena en el depósito de combustible de las ambulancias para que no funcionaran. Era una guerra entre compañías que querían el servicio y fue brutal, repleto de amenazas.
¿Amenazas personales?
Sí. Me amenazaban en casa por teléfono y tuve que cambiar varias veces de número. Salía de mi casa y me encontraba un coche funerario aparcado enfrente. Algunas veces me seguía. Fueron momentos muy desagradables. Era una situación de mucha presión.
Poco después, nada más estrenar el siglo XXI, llegó otro episodio que marcó a toda la provincia: el accidente de Golmayo.
Aquel verano estaba en Altea, en Valencia, como miembro del jurado de los Premios Rey Jaime I. Me llamó la ministra Celia Villalobos y me ordenó que volviera inmediatamente a Soria. Se había producido el accidente de autobús de Golmayo, con 28 fallecidos, 22 de ellos adolescentes.
¿Qué recuerda de aquella noche?
Fue la más terrible que se puede vivir. Llegaban los padres a las tantas de la mañana sin saber si sus hijos vivían o si eran de los que habían muerto.
¿Cómo se organiza una gerencia sanitaria ante una tragedia de esa magnitud?
Todos los profesionales se volcaron, demostrando la calidad humana y profesional que tienen. Los que tenían que trabajar y los que no tenían que trabajar allí se presentaron. Allí estuvieron. Aquello fue dramático.
Ha hablado de gestión sanitaria, pero su trayectoria también está muy vinculada a la prevención.
Sí. Una de las cosas de las que más satisfecho me siento es del trabajo en sanidad hospitalaria que hice junto a José Miguel Sanz Ánquela. Conseguimos que las tasas de cáncer gástrico se redujeran a la mínima expresión. Pasamos de ser una de las zonas con mayores tasas del mundo a tener unas tasas incluso inferiores a las de muchísimas regiones de España.
¿Ahí empieza también su apuesta por la educación sanitaria y por la dieta mediterránea?
Empezamos con la dieta mediterránea y después, en 1993, me nombraron Soriano del Año en la Casa de Soria en Madrid. Allí estaba Carlos Martínez, el presidente de Caja Rural, a quien yo no conocía. Me dijo: “Oye, ¿sabes lo que estoy pensando? Me gustaría que diseñaras algo para nuestra fundación ligado a la salud, a la prevención y a todo esto que estás haciendo”. Le presenté un proyecto que se tradujo, en 1995, en el nacimiento de Soria Saludable.
Después llegaría Soria Cardioprotegida...
Sí. Fuimos la primera capital española y la primera provincia española que puso en marcha una iniciativa de ese tipo, con desfibriladores en distintos lugares. Mi hijo, que es cardiólogo, me dijo: “Oye, padre, en vez de tanta teoría y tantas conferencias, ¿por qué no haces algo práctico? ¿Por qué no pones una red de desfibriladores y los pones en las oficinas de Caja Rural en primer lugar?”. Y así empezaron los siete primeros desfibriladores en oficinas de Caja Rural.
Ha dado mucha importancia a la información. Ha editado revistas propias, ha trabajado con la Fundación Científica y también ha contado mucho con los medios de comunicación...
Si algo puedo estar satisfecho es de la respuesta que me habéis dado. Cómo habéis colaborado conmigo. Cada vez que me he dirigido a vosotros me habéis respondido de una forma completamente altruista. Quiero decir que ni la Fundación ni la Caja han pagado a nadie para que escribiera nada de esto. Eso tiene mucho mérito. Creo que en pocos sitios los medios de comunicación habrán trabajado tanto a favor de iniciativas mías. Os llamaba y me respondíais. La verdad es que me emociono al recordarlo.
La prevención también ha llegado a la vida cotidiana de muchos sorianos, ¿es consciente de ello?
Yo hoy puedo decir que siento que la gente de Soria me quiere. Durante años he recorrido buena parte de la provincia dando conferencias. Ha habido pueblos donde he ido a dar una charla y a lo mejor solo había ocho personas, casi todos abuelitos medio dormidos. Pero hemos llegado a recorrer 11.000 kilómetros cada año. También ha sido gratificante haber podido hablar de Soria y vender Soria en toda Europa y parte de África. He participado en encuentros de las regiones mediterráneas y allí explicaba lo que hacíamos.
Y hoy la dieta mediterránea es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
Fue una alegría. Yo he divulgado Soria Saludable, Soria Cardioprotegida y la Soria Mediterránea en todos los sitios donde he ido. He podido explicar lo que hacíamos, el método, el sistema… El único problema que he tenido ha sido el idioma. Ahora, con la inteligencia artificial, ya no lo tendría.
Después de todo ese recorrido, ¿qué cree que queda de aquellas iniciativas?
Queda el conocimiento. Queda que la gente sabe que prevenir es importante. Y queda también la imagen de Soria asociada a determinadas iniciativas de salud.
Todo el contenido de esta entrevista, y mucho más, está también guardado en unas cápsulas del tiempo. ¿Qué contienen?
Tenemos cuatro urnas enterradas. En la de la dieta mediterránea, que está en la plaza del Olivo, metimos al vacío frutas, verduras, hortalizas, libros y periódicos, por supuesto. En la última cápsula metimos jeringas, mascarillas, periódicos de aquellos momentos, material y aparataje que se había utilizado durante la pandemia de Covid. Todo lo que se utilizó para que, el día de mañana, alguien pueda saber de una forma gráfica qué ocurrió allí y qué medios se utilizaron.
¿Por qué le parecía importante conservar todo aquello?
Porque, cuando nosotros ya no estemos, alguien puede querer saber qué pasó. Al sacar la cápsula del tiempo podrá verlo. Los periódicos, las mascarillas, el material… Creo que es una cosa muy bonita desde el punto de vista histórico. Igual que hay monumentos, iglesias y otros testimonios, esto también forma parte de nuestra historia.
Y si dentro de 50 o 100 años alguien abre esas cápsulas y encuentra todo lo que han guardado, ¿qué le gustaría que entendiera de la Soria que le tocó vivir?
Que fue una provincia que quiso hacer cosas. Que hubo gente que tuvo ilusión, que trabajó y que intentó mejorar la salud de sus ciudadanos. Y que, pese a las dificultades, hubo muchas personas que hicieron posible que Soria avanzara.
Únete al universo Soria Noticias Descárgate nuestra APP, entra en nuestro canal de WhatsApp o síguenos en redes.