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Soria cerraría el siglo con 39.000 habitantes en un escenario sin inmigrantes, según las proyecciones de la UE

Soria cerraría el siglo con 39.000 habitantes en un escenario sin inmigrantes, según las proyecciones de la UE

Actualizado 14/10/2026 07:58

Las proyecciones de Eurostat dibujan cuatro escenarios futuros para Soria hasta 2100, pero todos apuntan a una misma dirección: la provincia perderá población. La diferencia está en cuántos vecinos menos seremos. Sin inmigración, la provincia brindaría por el cambio de siglo con apenas 39.081 habitantes, un 56,7% menos que en 2025. Las cifras ponen de relieve hasta qué punto la evolución demográfica soriana depende de la llegada de nuevos habitantes, en un momento en el que la inmigración se ha convertido en uno de los principales focos del debate político español.


Soria puede perder más de la mitad de su población antes de que termine el siglo si deja de recibir inmigrantes. Es uno de los escenarios que dibujan las proyecciones EUROPOP2025 de Eurostat para una provincia que parte de una situación demográfica especialmente delicada con una densidad de 8,8 habitantes por kilómetro cuadrado.

El futuro, sin embargo, no está escrito, aunque ninguno de los escenarios de la UE es favorable a Soria. En el escenario base, uno donde la vida sigue como hasta ahora, la provincia perdería 5.065 habitantes hasta 2050, un 5,6%, y cerraría el siglo con 67.794 vecinos, un 24,8% menos que en 2025.

Pero si el saldo migratorio se situara en cero a partir de 2030, el retroceso sería mucho más profundo: la provincia bajaría hasta los 74.851 habitantes a mediados de siglo y se quedaría en apenas 39.081 en 2100. La pérdida alcanzaría el 56,7%. Dos proyecciones que muestran hasta qué punto la evolución demográfica de Soria dependerá de su capacidad para atraer y mantener población.

Entre ambos extremos se dibuja una horquilla que ayuda a comprender lo que está en juego. Con una inmigración elevada, Soria podría mantener en 2050 prácticamente la población de partida: 90.473 habitantes, un 0,3% más que en 2025. Con una migración reducida, en cambio, caería hasta los 79.727, un 11,6% menos. El escenario central se sitúa entre ambos, con 85.118 habitantes.

No se trata de pronósticos infalibles. Los estadísticos no adivinan el futuro, sino que hacen cálculos basados en diferentes situaciones posibles. Es lo que denominan “pruebas de sensibilidad”.

Eurostat plantea distintos experimentos estadísticos a partir de supuestos sobre nacimientos, defunciones y movimientos de población. Pero su comparación revela algo fundamental: en una provincia con un saldo natural persistentemente negativo, la migración puede marcar la diferencia entre una pérdida moderada y un retroceso demográfico de dimensiones mucho mayores.

Sin músculo para reponer vecinos

La explicación empieza por una cuenta sencilla. En Soria mueren muchas más personas de las que nacen, y las proyecciones (favorecidas por la tendencia de las últimas décadas) no contemplan que esa tendencia vaya a invertirse.

Para el periodo 2025-2030, Eurostat estima unos 516 nacimientos anuales frente a 1.156 defunciones. Es decir, aproximadamente 2,2 muertes por cada nacimiento. La diferencia entre ambos registros supone una pérdida natural de unas 640 personas al año. Eso sin tener en cuenta las entradas y salidas de población.

El desequilibrio se agravará durante las décadas siguientes. Hacia 2060-2065, los nacimientos descenderían a unos 450 anuales, mientras que las defunciones superarían las 1.330. El déficit natural rondaría entonces las 880 personas al año.

En ese escenario, la inmigración no es un elemento accesorio que simplemente añada habitantes a un territorio en retroceso. Es el principal factor que permite amortiguar la diferencia entre quienes llegan y quienes se van, por un lado, y quienes nacen y mueren, por otro.

Proyección población a 2100
Provincia 2025 2100 Base 2100 Migración alta 2100 Migración baja 2100 Sin migración
Valladolid 528.644 361.557 415.657 306.718 219.035
León 448.031 230.392 266.026 194.643 142.250
Burgos 362.662 256.685 300.188 212.966 152.617
Salamanca 328.446 205.579 239.166 171.755 121.294
Zamora 165.564 76.944 89.082 64.879 47.209
Ávila 160.737 100.537 118.036 83.154 62.310
Palencia 158.702 94.590 108.956 80.120 56.727
Segovia 158.252 111.886 131.898 91.948 69.668
Soria 90.183 67.794 79.734 55.826 39.081
Castilla y León 2.401.221 1.505.964 1.748.743 1.262.009 910.191

Entre 2025 y 2050, el déficit natural acumulado se situaría en torno a las 16.000 personas. La inmigración neta aportaría unas 11.000, aproximadamente 400 al año, de modo que la pérdida final quedaría reducida a unas 5.000. En otras palabras, las llegadas compensarían alrededor de dos tercios del agujero demográfico generado por la diferencia entre nacimientos y defunciones.

Sin ese aporte, la evolución sería muy distinta. La provincia perdería en apenas 25 años casi una sexta parte de sus habitantes, en lugar del 5,6% que contempla el escenario central.

Esta es la dimensión más relevante de las proyecciones en un momento en el que la inmigración ocupa un lugar central en el debate político español y las formaciones de ultraderecha defienden restricciones a su llegada.

El precio de cerrar la puerta

Los cuatro escenarios planteados para Soria permiten visualizar las consecuencias de las distintas hipótesis migratorias. La diferencia entre el escenario sin migración y el de migración alta alcanza los 40.653 habitantes al final del siglo. No son personas que el modelo identifique individualmente, ni una estimación de cuántos inmigrantes vivirían entonces en la provincia. Es la distancia entre dos evoluciones demográficas posibles bajo supuestos migratorios distintos.

Conviene mantener esa precisión. Eurostat no afirma que Soria vaya a recibir exactamente un determinado número de inmigrantes durante las próximas décadas, ni que todos ellos vayan a permanecer en la provincia. Lo que hace es calcular cómo cambiaría la población si los movimientos migratorios respondieran a distintas hipótesis.

El escenario sin migración funciona, por tanto, como una prueba de sensibilidad: permite comprobar qué ocurriría si desapareciera el saldo migratorio positivo que contempla el modelo. No debe interpretarse como una predicción de lo que sucederá si España adopta una política migratoria determinada, porque la evolución real dependerá también de la economía, el empleo, las decisiones familiares, las políticas públicas y los movimientos internos de población.

Pero sí deja una conclusión clara: la provincia dispone de un margen muy limitado para compensar por sí sola su déficit natural.

Cada vez más mayores

Y el problema es que la demografía no se mide solo en habitantes. También importa quiénes serán esos habitantes y qué relación habrá entre las distintas generaciones.

Hoy, más del 26% de la población tiene más de 65 años. Para 2050, Eurostat proyecta 31.697 sorianos en ese tramo de edad, que representarían el 37,2%. La comparación con España muestra que la provincia parte de una estructura demográfica especialmente envejecida: la proporción nacional de mayores de 65 años se sitúa en el 20,7% y alcanzaría el 31,4% en 2050.

El aumento también será visible en las edades más avanzadas. Las personas de 85 años o más pasarían de 5.227 en 2025 a 9.244 en 2065, cuando supondrían el 11,8% del total. Los centenarios, por su parte, aumentarían de 87 a 211 hasta 2050.

Vivir más años constituye una evolución positiva, pero también obliga a preguntarse cómo se sostendrán los cuidados, la atención sanitaria y los servicios que necesita una población cada vez más envejecida, especialmente en un territorio extenso y poco poblado. Las cifras de Eurostat no cuantifican por sí mismas esas necesidades, aunque sí anticipan la dimensión del cambio.

Somos menos para trabajar

Mientras crece el peso de los mayores, disminuye el de la población en edad de trabajar. El grupo de 15 a 64 años pasaría de 56.232 personas a 44.977 en 2050, un descenso cercano al 20%. Si ahora hay 2,4 personas de esas edades por cada mayor de 65 años, dentro de 25 años serán apenas 1,4.

La reducción afecta también a las generaciones jóvenes. El grupo de 20 a 34 años bajaría de 13.553 a 11.652 personas hasta 2050, un 14% menos. Entre los niños de 5 a 14 años, la caída prevista hasta 2040 alcanza el 24%: de 7.593 a 5.759. Los menores de 15 años perderían un 19% en ese mismo periodo, antes de estabilizarse en torno a los 8.400.

La edad mediana, que divide a la población en dos mitades iguales, subiría de 49,5 a 54,9 años. En las mujeres, pasaría de 50,5 a 56,3.

Estas cifras dibujan una provincia con menos trabajadores potenciales, menos jóvenes y una proporción creciente de personas mayores. No permiten afirmar que la inmigración vaya a resolver todos esos problemas, pero sí muestran que la llegada de población extranjera puede amortiguar la reducción de los grupos más jóvenes y en edad laboral.

La natalidad no ofrece una salida rápida

A veces, el debate demográfico se plantea como si bastara con recuperar los nacimientos para revertir la despoblación. Las proyecciones de Eurostat muestran las limitaciones de esa expectativa.

El escenario central contempla que la fecundidad aumente desde 1,13 hijos por mujer en 2025 hasta 1,22 en 2050 y 1,41 en 2095. Al mismo tiempo, la esperanza de vida al nacer seguiría creciendo: de 87,3 a 89,4 años en las mujeres y de 82,2 a 84,8 en los hombres hasta 2050.

Son cambios que operan en direcciones distintas sobre la estructura demográfica. Una mayor esperanza de vida prolonga la presencia de las generaciones mayores, mientras que una recuperación gradual de la fecundidad no basta, en los cálculos presentados, para compensar el desequilibrio entre nacimientos y defunciones.

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