La movilidad laboral alcanza el 22,09% en la provincia, frente al 16,56% de media interprovincial en España y el 13,79% de Castilla y León. Los servicios y la agricultura concentran las mayores pérdidas de contratación, en un territorio donde las empresas llevan tiempo alertando de las dificultades para encontrar mano de obra.
Soria no solo tiene dificultades para ganar población. También encuentra obstáculos para retener a los trabajadores que necesita su economía. La movilidad laboral refleja esa debilidad: en 2025, el 22,09% de los contratos vinculados a la provincia implicó un desplazamiento entre provincias por parte de los trabajadores, una proporción muy superior a la media nacional, del 16,56%, y a la registrada en Castilla y León, del 13,79% en sus intercambios entre comunidades autónomas.
Los datos del informe 'Movilidad geográfica de la contratación en España en 2025' publicado por el Ministerio de Trabajo dibujan una provincia que depende en mayor medida de los desplazamientos para cubrir sus necesidades laborales y que, al mismo tiempo, pierde más trabajadores de los que atrae. Soria registró 6.720 contratos de residentes que se desplazaron a otras provincias para trabajar , frente a 4.885 contratos de personas procedentes del exterior. El resultado es un saldo negativo de 1.835 contratos, que evidencia la dificultad para equilibrar las entradas y salidas de mano de obra.
Detrás de estas cifras hay una realidad que va más allá del mercado laboral. La escasa población, el envejecimiento y la limitada oferta de estudios superiores y especializados reducen las posibilidades de formar y retener a jóvenes en la provincia. Una parte de quienes necesitan continuar su formación se marcha fuera y no siempre encuentra después suficientes oportunidades profesionales para regresar. Al mismo tiempo, las empresas sorianas llevan años advirtiendo de los problemas para encontrar trabajadores, una preocupación recurrente tanto para la Federación de Organizaciones Empresariales Sorianas (FOES) como para la Cámara de Comercio.
La combinación de ambos fenómenos plantea una dificultad estructural: Soria necesita mano de obra para sostener su actividad económica, pero dispone de una base demográfica reducida y tiene dificultades para incorporar nuevos trabajadores. La movilidad permite cubrir algunas necesidades, aunque también muestra que una parte de la actividad depende de personas que viven fuera o de trabajadores que deben salir de la provincia para encontrar empleo.
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Sector Económico
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Soria (Saldo)
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Soria (Tasa Mov.)
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Castilla y León (Saldo)
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Castilla y León (Tasa Mov.)
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España Interprov. (Tasa Mov.)
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|---|---|---|---|---|---|
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Agricultura y pesca
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-433
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50,01%
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+1.145
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33,07%
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31,76%
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Industria
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-298
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15,45%
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+10.708
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9,07%
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12,46%
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Construcción
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+59
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37,95%
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-155
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22,99%
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19,57%
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Servicios
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-1.163
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19,56%
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-15.104
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13,08%
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14,84%
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Los intercambios laborales revelan que Soria mantiene una relación estrecha con su entorno y con dos grandes focos económicos, Madrid y Zaragoza. De la primera proceden 1.124 contratos de trabajadores que entran en la provincia, mientras que 689 contratos corresponden a residentes sorianos que se desplazan a Madrid. Con Zaragoza, el flujo también es intenso: 882 contratos de entrada y 660 de salida.
Burgos ocupa igualmente un lugar destacado, con 694 contratos de trabajadores que llegan a Soria y 360 de residentes que salen hacia esa provincia. Navarra registra 381 entradas y 321 salidas, mientras que Murcia aporta 320 contratos de trabajadores que se desplazan a Soria. Barcelona figura entre los principales destinos de salida, con 193 contratos.
El balance general es desfavorable: las salidas superan a las entradas en casi 1.900 contratos. La comparación con Castilla y León refuerza esta diferencia. La Comunidad registró 96.454 contratos de residentes que se desplazaron a otras autonomías y 93.048 contratos de trabajadores procedentes de fuera, con un saldo negativo de 3.406. Su tasa de movilidad interautonómica fue del 13,79%, con un 14% de salida y un 13,57% de entrada. Soria presenta una mayor intensidad de los desplazamientos y, especialmente, una tasa de salida del 24,72%, frente al 14% autonómico.
El análisis por sectores permite concretar dónde se manifiesta con mayor intensidad el desequilibrio soriano. Los servicios presentan el mayor saldo negativo, con 1.163 contratos más de salida que de entrada. Es también el sector con más peso en la economía provincial, por lo que sus movimientos tienen una incidencia considerable en el resultado general.
La agricultura y la pesca arrojan un saldo negativo de 433 contratos. Además, registran una tasa de movilidad del 50,01%, lo que significa que aproximadamente uno de cada dos contratos vinculados al sector implica un desplazamiento entre provincias. La cifra supera tanto el 33,07% de Castilla y León como el 31,76% del conjunto nacional.
La industria tampoco consigue atraer más trabajadores de los que pierde: su saldo es negativo en 298 contratos, con una tasa de movilidad del 15,45%. El contraste con el conjunto de Castilla y León es significativo. La comunidad registra un saldo industrial positivo de 10.708 contratos, mientras que Soria pierde contratación neta en esta actividad. La diferencia apunta a una menor capacidad de la provincia para captar trabajadores industriales, aunque estos datos, por sí solos, no permiten determinar cuánto responde a la falta de oferta laboral, a la distribución territorial de las empresas o a otras circunstancias.
La construcción constituye la excepción. Es el único sector soriano con saldo positivo, de 59 contratos, pese a mantener una tasa de movilidad del 37,95%. Es decir, registra muchos desplazamientos, pero consigue atraer más contratación de la que pierde. La cifra contrasta con el saldo negativo de 155 contratos de Castilla y León.
La movilidad laboral no equivale directamente a una pérdida de población ni permite saber cuántas personas se marchan definitivamente. Los datos contabilizan contratos y desplazamientos vinculados al lugar de residencia, no personas distintas: un mismo trabajador puede aparecer en varias contrataciones a lo largo del año. Por eso, el saldo negativo no debe interpretarse como una cifra de habitantes perdidos.
Sí constituye, en cambio, una señal de las dificultades para equilibrar las necesidades de las empresas y la disponibilidad de trabajadores en el territorio. La elevada tasa de salida, el saldo negativo en tres de los cuatro grandes sectores y la especial intensidad de los desplazamientos en el campo dibujan un mercado laboral más expuesto a los movimientos exteriores que el autonómico o el nacional.
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