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La carretera que esconde esta señal insólita

La carretera que esconde esta señal insólita

Actualizado 29/10/2026 08:09

Una señal poco habitual recuerda que la fauna soriana no se limita a los grandes animales que cruzan el asfalto. En el entorno de La Fuentona y el Sabinar, hasta los anfibios necesitan que los conductores levanten el pie del acelerador.

La carretera que une Calatañazor con Muriel de la Fuente atraviesa uno de esos rincones de Soria en los que el paisaje obliga a parar para contemplarlo. Entre sabinas centenarias, vegetación de ribera y campos de cultivo, esta vía provincial nos descubre la cara menos reproducida de Calatañazor y guarda una sorpresa a pie de asfalto: una señal poco habitual que advierte de un peligro que nada tiene que ver con los corzos y jabalíes tan frecuentes en las carreteras sorianas.

Quien conduce por Soria está familiarizado con señales que advierten del paso de animales. Lo habitual es que la silueta de un corzo o de un jabalí recuerde que, al otro lado del asfalto, el monte tiene sus propios caminos. Pero hay una carretera provincial en la que el aviso cambia de escala. Aquí, el peligro tiene cuatro patas pequeñas, piel húmeda y aspecto de anfibio.

La señal de 'precaución anfibios' sorprende en la SO-P-5026. No es una señal convencional del catálogo oficial de tráfico, como las que alertan de la presencia de animales silvestres, sino una advertencia específica que llama la atención sobre unos vecinos mucho menos visibles y mucho más vulnerables cuando les toca cruzar el asfalto.

El lugar elegido no es casual. La vía cruza una zona protegida de altísimo valor ambiental, con gran humedad y que conecta dos joyas naturales: el Monumento Natural de La Fuentona (el nacimiento del río Abión) y el Sabinar de Calatañazor. El flujo constante de agua y la vegetación crean el hábitat idóneo para diversas especies de sapos, ranas y tritones.

Camino al desove

Durante la primavera y el otoño (especialmente en días lluviosos o al atardecer), cientos de anfibios abandonan sus refugios terrestres y cruzan en masa la carretera para dirigirse a las zonas con agua a reproducirse o desovar. Al ser animales lentos y pequeños, son extremadamente vulnerables al paso de los vehículos.

Para un conductor, uno de estos animales apenas ocupa espacio en la carretera. Para un sapo, una rana o una salamandra, en cambio, el paso de un coche es, seguramente, mortal. Su pequeño tamaño y su lentitud los dejan en una situación de especial vulnerabilidad, sobre todo durante las noches húmedas, cuando aumenta la actividad de muchas de estas especies.

La señal convierte ese riesgo en un mensaje sencillo. No hace falta que aparezca un ciervo de gran tamaño ni que un jabalí irrumpa de repente en la calzada para que merezca la pena levantar el pie del acelerador. Aquí no corremos peligro de terminar en la cuneta, ni con nuestro coche en el taller. La advertencia está pensada para proteger a animales que quizá ni siquiera lleguemos a ver.

En el entorno húmedo de la SO-P-5026 encuentran refugio distintas especies de anfibios, como el sapo común, el sapo corredor, la rana común y los tritones jaspeado y palmeado. También puede verse la salamandra común, especialmente en jornadas otoñales húmedas.

La fauna discreta

Son, precisamente, una de las particularidades de la riqueza natural soriana. Junto a los grandes mamíferos que se dejan ver al amanecer o al anochecer provocando peligrosos accidentes al irrumpir en la calzada, existe otra fauna discreta.

El entorno de La Fuentona y el Sabinar permite descubrir también esa diversidad. En sus roquedos encuentran refugio aves como el buitre leonado y el búho real; en las aguas y las riberas vive una fauna ligada a la conservación de los ecosistemas acuáticos, y entre la vegetación se mueven mamíferos difíciles de observar, como la gineta. La señal de los anfibios no resume por sí sola toda esa riqueza, pero sí invita a fijarse en ella.

Porque la conservación no depende únicamente de proteger grandes espacios naturales o de evitar la degradación de los bosques. También exige prestar atención a los pequeños obstáculos que los animales encuentran en su vida cotidiana. Una carretera puede separar dos zonas de hábitat, interrumpir un desplazamiento necesario y convertir un trayecto rutinario en una trampa.

Por eso, al circular entre Calatañazor y Muriel de la Fuente, conviene tomarse en serio una advertencia que puede parecer anecdótica. Reducir la velocidad, especialmente cuando llueve o hay poca luz, y permanecer atento a la calzada son gestos sencillos que ayudan a disminuir el riesgo de atropello.

En Soria, esta pequeña rana de la imagen recuerda que la fauna no se mide por el tamaño de sus protagonistas.

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