La tradición tiene orígenes que se pierden en el tiempo, posiblemente celtibéricos, que recuerda la llegada de la primavera fecunda y el resurgir de la vida, después de un largo invierno. Los mozos son los que más disfrutan de una fiesta, que concluyen con una buena jornada de convivencia.
Otras localidades pinariegas como San Leonardo o Navaleno también han llevado a cabo esta tradición.
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