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¿Por qué tenemos usted y yo que pensar?

¿Por qué tenemos usted y yo que pensar?

Actualizado 14/07/2026 13:43

José Ángel González Sainz convierte una pregunta aparentemente sencilla en el eje de una reflexión sobre la crisis intelectual y moral de la sociedad actual. El escritor y director del Centro Internacional Antonio Machado ha reivindicado hoy el legado regenerador de Julián Sanz del Río y la Institución Libre de Enseñanza como una respuesta frente a un tiempo dominado, a su juicio, por la simplificación, la mentira y la renuncia al pensamiento crítico.

Un José Ángel González Sainz profundamente crítico con la sociedad actual ha reivindicado la necesidad de una regeneración intelectual bajo la bandera del conocimiento profundo que un día enarboló Julián Sanz del Río desde la Institución Libre de Enseñanza.

"Falta una aventura intelectual de aquel calibre y unas ganas de aquel calibre", ha reflexionado al analizar cómo la intermediación de las redes sociales y los medios de comunicación ha transformado el debate público, hasta el punto de que, a su juicio, "el discurso del poder se ha vuelto muy simple".

Antes de la apertura del congreso 'Sanz del Río, la Institución Libre de Enseñanza y el regeneracionismo de ayer y de hoy', el director del Centro Internacional Antonio Machado ha expresado a Soria Noticias su amargura ante "este mundo hipócrita que ama desmesuradamente la mentira", en el que, según lamenta, "la gente quiere simplezas, la gente está deseando que le mientan".

En esa reflexión coincide con expertos en Psiquiatría como el doctor Ricardo Martínez Gallardo, quien sostiene que "nos estamos volviendo muy vagos en el sentido de no querer pensar, no querer reflexionar y no querer resolver". González Sainz resume esa observación clínica en una idea sencilla: queremos "ir con, creer en, ser de, y no analizar y pensar".

Pero ¿por qué tenemos usted y yo que pensar? La pregunta parece innecesaria. Pensar es una de esas cosas que damos por hechas, como respirar o caminar. Sin embargo, quizá nunca había sido tan pertinente formularla. Porque, por primera vez, vivimos en una sociedad en la que resulta posible dejar de hacerlo.

El razonamiento es ahora de la IA

"Estamos dejando de pensar por nosotros mismos y delegando nuestro criterio en la Inteligencia Artificial", advierte desde su experiencia el doctor Martínez Gallardo.

Quizá por eso resulta tan oportuno que, siglo y medio después, Soria vuelva la mirada hacia Julián Sanz del Río y la Institución Libre de Enseñanza. No por nostalgia. Tampoco para rendir un homenaje arqueológico a uno de sus hijos ilustres. Sino para preguntarnos qué queda de aquella ambición moral de construir ciudadanos capaces de pensar por sí mismos.

González Sainz sostiene que el verdadero interés del encuentro no reside únicamente en volver sobre figuras ampliamente estudiadas, sino en "proyectar todas aquellas ideas, aquel celo reformador de Sanz del Río y de la Institución Libre de Enseñanza hacia el país de hoy". Porque, a su juicio, "eso es lo importante".

“Amor a la verdad y amor a la razón”

El ensayista considera que aquel movimiento fue "más una aventura moral que una filosofía"; una empresa basada en "la regeneración, en un trazado de la vida sobre bases de armonía, solidaridad, mejora del servicio público, elevación espiritual de los ciudadanos, cultivo del gusto junto a la preparación técnica, generosidad, amor a la verdad y amor a la razón".

La distancia entre aquel ideal y la realidad actual le resulta evidente. "Proyectadas sobre el mundo miserable moral que tenemos hoy, alguna luz arrojarán todas esas ideas", afirma. Y es que, en su opinión, vivimos en "un mundo hipócrita que ama desmesuradamente la mentira y la retórica", un tiempo que ha conservado las palabras de aquellos regeneracionistas, pero no su contenido.

La pregunta inevitable es cómo se ha llegado desde aquel pensamiento hasta una sociedad que parece caminar en dirección contraria.

La simplificación del debate público

González Sainz apunta varias respuestas. Habla del peso creciente de las redes sociales y de una realidad cada vez más compleja. Pero, sobre todo, denuncia la simplificación del debate público.

No es casual que sitúe el lenguaje en el centro del problema. "Estas son las formas que yo tengo de pensar las cosas, siempre a través del lenguaje", explica. Porque pensar exige palabras, matices y tiempo. Exige aceptar la complejidad en una sociedad que premia la respuesta inmediata y la opinión instantánea.

También recuerda que la Institución Libre de Enseñanza abrió paso a "un pensamiento liberal y laico", en una época en la que la enseñanza estaba fundamentalmente en manos de la Iglesia. Pero introduce una distinción significativa: "Yo distingo siempre entre religión e Iglesia". A su juicio, el laicismo permitió afrontar la realidad desde la racionalidad y, al mismo tiempo, liberar el propio sentimiento religioso del control institucional.

Su reflexión va todavía más lejos. Advierte de que los viejos esquemas dogmáticos no han desaparecido, sino que han mutado. "El esquema eclesiástico ha podido pasar desde la religión a las teologías políticas", sostiene. Una deriva que observa tanto en España como en Europa y que, recuerda, "ya sabemos cómo acaba".

Pensar antes de opinar

En el fondo, el debate que plantea este congreso no gira únicamente en torno a una figura histórica ni a una institución pedagógica. Habla del presente. De una sociedad que delega decisiones en algoritmos, que consume certezas prefabricadas y que parece haber confundido información con pensamiento.

Quizá el verdadero regeneracionismo que necesita España no consista en encontrar nuevas respuestas, sino en recuperar una vieja costumbre: pensar antes de opinar, dudar antes de creer y evitar delegar nuestro criterio en la inteligencia artificial.

La pregunta de partida de este artículo está, pues, de plena actualidad: ¿por qué tenemos usted y yo que pensar?

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