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Viva Antonio Machado: el poeta que le sacó los colores a Soria y a Castilla

Viva Antonio Machado: el poeta que le sacó los colores a Soria y a Castilla

PROVINCIA
Actualizado 07/08/2020 13:14
Marina López

En Santo Domingo,/ la misa mayor. /Aunque me decían hereje y masón, /rezando contigo,/ ¡cuánta devoción!

Cuentan las malas lenguas que en una ocasión le hablaron a Borges sobre Antonio Machado, y que el argentino respondió con esa sorna suya, más cercana a la mala leche que a la indiferencia: “Ah, no sabía que Manuel tenía un hermano”. Y vaya si lo tuvo. La infancia de Machado era un patio de Sevilla que le marcó inexorablemente durante toda su poesía hasta el día del juicio aquel, en Francia, en el que le encontraron unos versos en el bolsillo. Se enamoró de la parte más seca y hueca del país, a la que se dirigió con ese superpoder cohesionador, que solo los hombres humildes atesoran. No nos lo merecemos, a Antonio. Nunca lo hicimos.

Si alguna vez han leído versos del poeta, sabrán que o se sale de ellos como si la vida hubiese salido a recibirles, o se sale de ellos a grieta limpia. En ningún caso ileso. Pero esto lo sabe mejor Manuel Núñez Encabo, presidente de la Fundación Española Antonio Machado, que desde esta organización lucha porque el poeta tenga el lugar que se merece en el mundo de los mortales. Los triunfos de esta fundación, de un tiempo a esta parte, han sido el reconocimiento del poeta como símbolo universal de la humanidad por la UNESCO y los premios nacionales Antonio Machado. Los objetivos: que el poeta sea considerado héroe nacional por combatir por la democracia y un monumento en la plaza Mariano Granados, para demostrar ante cualquier escéptico, que el centro de la cultura en Soria es Antonio Machado.

Machado estuvo en Sevilla hasta que cumplió 8 años, pero en 1833 nombraron a su abuelo profesor en la Universidad Central de Madrid y toda la familia se mudó a la capital, ¿qué supuso para él su traslado a Madrid a tan pronta edad? ¿habría sido una persona diferente si hubiese seguido en Sevilla?

Fue con su hermano Manuel y con su abuelo, los tres tenían una gran amistad y esto no supuso ninguna cuestión negativa para él. De hecho, todo lo contrario: le aporta el conocimiento de una nueva dimensión muy distinta a Andalucía y Sevilla, que son lugares con características muy propias. Se acostumbraron muy fácilmente a Madrid. La capital le abrió los ojos a una nueva realidad más interna, con características muy singulares y muy distinta a su patio de Sevilla. Si hubiese seguido en Sevilla habría sido un poeta absolutamente distinto.

Cuando Machado era joven no existían aficiones como Netflix, el trap ni TikTok... ¿cómo se divertía el autor cuando era un adolescente?

Su entretenimiento era sobre todo cultural. Su abuelo, que había sido rector de la Universidad de Sevilla, era paisajista. De aquí viene su amor hacia la naturaleza. Era un aficionado a los libros ilustrados y le gustaba leerlos, y contemplarlos. Imágenes del agua, la naturaleza, las fuentes, etcétera. Precisamente eso es lo que le hace seguir y llegar a publicar una obra como ‘Campos de Castilla’, en 1912.

Tengo entendido que también le gustaba mucho el teatro. De hecho, él hizo sus pinitos como actor…

Sí, sobre todo con su hermano Manuel. La afición por esta disciplina hizo que al final ambos, juntos, escribiesen varias obras de teatro, también muy relevantes para la literatura. Machado apreciaba toda la cultura, también el teatro, el escenario, ver moverse a los artistas. Pero hizo poco como actor, era muy introvertido. Eso le gustaba más a Manuel. Machado era muy ‘desde dentro hacia afuera’. Por eso también le gustó Castilla, porque las gentes aquí no exteriorizaban mucho sus emociones. No son muy efusivas, pero sus sentimientos son muy fuertes por dentro.

A Machado le conceden una cátedra para ser profesor de francés en el, ahora, Instituto Antonio Machado. En esa época, Soria seguía siendo la capital más pequeña de España. Tenía 7.000 habitantes. Viniendo de sitios como Paris o la Madrid bohemia, lugares con tanta vitalidad y tan cosmopolitas, ¿por qué elige Soria como destino?

Él solicitó varios destinos y uno de ellos, el menos solicitado, era Soria. No lo hizo por ningún motivo en especial. Fue el que le tocó para venir a dar clase. Además, como comentas, la plaza era para dar clases de francés. No de literatura, que era lo suyo.

Francia para él fue muy importante y también la cultura francesa. En realidad, Soria fue la lotería de su vida. El descubrimiento de un paisaje y un paisanaje nuevo. El Duero sobre el que tanto escribió y cómo no, encontrar el amor de Leonor.

Pasar de un estilo de vida en un sitio como Madrid o París, a un Soria del 1900, cuyo entretenimiento se reducía a pasear, debe suponer un cambio abismal en el estilo de vida del poeta, ¿cómo le afecta?

Sí, efectivamente ese cambio de vida, de tertulias en Madrid, de estar con gente más cercana, se redujo a pasear. Pero a él le apasionaba. Le entusiasmaban sus paseos solitarios, porque es cuando podía observar con detenimiento a las personas y a la madre naturaleza. Hay que tener en cuenta que es el único poeta que escribe un libro dedicado a la naturaleza en verso (‘Campos de Castilla’). El único. El poeta, desde lo local, desde los campos de Soria, intenta hablar de la naturaleza como un concepto más global. Una naturaleza que también habla de las personas que viven en ella y que la sufren, pero a su vez también la protegen.

Por otro lado, su ideología era muy distinta a la que había mayoritariamente en Soria. Era feminista y, en palabras del autor, “detestaba al clero”.

Sí, Machado rompe los esquemas que había en Soria y en Castilla. Él solía decir que reconocía la superioridad de las tierras pobres del Alto Duero que ‘en lo bueno y en lo malo supera a las demás gentes’. En Soria había una cerrazón y Machado venía de una cultura muy abierta. Él rompió con lo que era la provincia, totalmente. Él respetaba profundamente a la mujer y era una persona laica. Aunque no era antirreligioso, era un librepensador.

A día de hoy en Soria nos sentimos orgullosos de la huella del poeta. Sin embargo, en algunos versos de Machado, él mismo reconoce que se le llama “hereje y masón”. ¿A Machado se le quiso en Soria durante su estancia?

Bueno, digamos que convivía con las personas. Iba mucho a El Casino y hablaba sobre cultura. Pero no recibía rechazo en Soria, como tal. Se le respetaba. Desde sus alumnos en el instituto hasta en la capital, porque él era muy respetuoso. No tuvo ningún enfrentamiento. Siempre intentaba comprender a todas las personas. Era muy abierto y muy plural. Por eso criticaba la mentalidad cerrada de la época en Castilla y Soria. Ese ‘prototipo’ de persona castellana en ese momento, cerrada en sus propias costumbres. Un claro ejemplo era ‘La tierra de Álvargonzález’, el cómo asesinan a su padre. Eso era Soria, era España: por las herencias se mataba. Era terrible y él lo contaba.

Lo que está claro es que hoy en día se le valora más en la capital de lo que se le valoraba en vida…

Sí, claro, lo que él prefería de Soria era la superioridad espiritual que, como comentábamos antes ‘en lo bueno supera y en lo malo, también’. Naturalmente, para los que vivían en Soria Machado no era el prototipo de persona. No era la persona más importante, ni la más querida. Ni mucho menos. Era alguien que respetaba a todo el mundo, independientemente de su forma de pensar.

Hubo una polémica cuando él estaba en París, porque redactó unos escritos en la prensa de Soria donde hablaba de las tierras de Castilla. Comentaba que por aquí “pasa la sombra de Caín”. Luego tuvo que rectificar porque se produjo un revuelo en la provincia y su amigo José María Palacio tuvo que explicar que el poeta no estaba hablando de Soria, sino de España.

Machado conoce a Leonor cuando ella tiene trece años, porque es hija de su patrona en Soria, ¿cómo se enamora de ella?

Machado nunca se había enamorado y de hecho, solo se enamoró una vez y para toda la vida. Y se enamora de ella porque él sabe ver a las personas. Le llama la atención lo que valen. Era muy coherente. Se fija en la hija de su patrona y la ve como una niña con mucha vitalidad. Algo que a él le faltaba. Leonor para él era la imagen de la vida. Su sonrisa, hablar con ella, su naturalidad… Todas esas virtudes hacen que se enamore de ella. La sublima como poeta. Los valores de Leonor hacen que él se entregue totalmente.

Pero Leonor, al fin y al cabo, era una niña de 13 años y tenía 15 cuando se casaron, edad que para la época seguía siendo muy joven…

Para él, el amor era una grandiosidad. En sus últimos días de vida reconoce que su corazón ‘está donde ha nacido, no gracias a la vida; sino al amor, cerca del Duero’. Para un poeta el amor es algo sublime y él lo encuentra en una persona a la que respeta y con la que convive. Machado no era una persona ni mediocre ni vulgar. Descubre el amor, que para un poeta como él, va mucho más allá de lo que nosotros podamos entender.

Se habla también de una relación posterior con la poeta Pilar de Valderrama, conocida como ‘Guiomar’. La llamaba “mi musa” y se presentaba ante sus ojos como “tu poeta”. Al menos, así lo revela su correspondencia encendida, publicada por Concha Espina en los 50 ¿Quién fue el amor de su vida?

Esos son los infundios que se están describiendo últimamente. No tiene nada que ver. El poeta conoció después a otras personas, pero su amor fue de Leonor y ese sentimiento permanece con él hasta el fin. Leonor hasta el último día. Siempre le fue fiel, aunque conociese a otras personas como ‘Guiomar’, con la que compartía afinidad y sentimientos, pero no amor.

En este momento en el que el debate de separar al autor de la obra está encima de la mesa, gracias a acontecimientos como el movimiento #Metoo, ¿en el caso de Machado podríamos separar la obra del autor con tanta facilidad? Parece complicado al ser un poeta que bebía tanto de sus vivencias a la hora de escribir

No, en el caso de Machado no se podría separar la obra del autor. Machado es muy consecuente, no engaña nunca en sus hechos y en sus dichos. Lo que escribe es lo que hace. Eso es el poeta. El Machado ejemplo de la plenitud, de una persona llena de coherencia. Eso le cuesta la muerte en Colliure. A Machado no podríamos separarlo nunca de su obra.

Tras Soria, Machado volvió a Baeza, después Segovia y más tarde se exilia a Francia, donde finalmente muere y encuentran en su bolsillo un papel, con los versos “estos días azules y este sol de la infancia”. Según varios análisis, con esos cielos azules el poeta se está refiriendo al cielo de Soria, al cielo de su vida con Leonor aquí. ¿Usted cree que es lo que quiere plasmar en esos versos?

No, yo creo que en esos versos Machado se refiere a su vida en Sevilla. Colliure está al lado del mar, es un sitio de sol y agua, hay que conocerlo. Esos versos se refieren a su nacimiento y su infancia. Él va a morir, pero se acuerda de Sevilla.

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