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Guía de la Fortaleza Califal de Gormaz: Testigo de mil batallas

Guía de la Fortaleza Califal de Gormaz: Testigo de mil batallas

Actualizado 12/02/2024 20:58

Sus muros esconden a simple vista cientos de anécdotas. La fortaleza sigue impresionando a todos aquellos que se atreven a pisar la llanura que vigila, como lleva haciendo ya más de 10 siglos.


Sobre un cerro vigía se yergue una fortaleza que mil años atrás protagonizó sueños y pesadillas. Testigo del paso de los hombres tras las leyendas de Almanzor y el Cid vio cómo, después de mil batallas, la tierra que ocupa abandonó las armas y, como consecuencia, la abandonó a ella. Ahora espera, ansiosa, visitas a las que poder contarles su historia.

Guía de la Fortaleza Califal de Gormaz: Testigo de mil batallas | Imagen 1

Información básica

La fortaleza de Gormaz fue mandada construir en el s. X por Al-Hakam II, segundo califa omeya de Córdoba, sobre una edificación preexistente. Durante la Reconquista, Gormaz era estratégico para el control de la frontera del Duero, vital para mantener Medinaceli de los reinos cristianos del norte. El general Galib fue el encargado de gestionar la construcción de la fortaleza entre los años 965 y 966. Tiene un perímetro amurallado de 1.200 metros adaptado al cerro sobre el que se eleva, 446 metros de longitud y 28 torres con terraza, almenas y saeteras. Los muros tenían 2 metros de anchura y hasta 10 metros de altura dependiendo de la zona.

Tras ser disputada durante un siglo, su conquista definitiva por parte de los cristianos se produjo en el 1059. Fue entonces cuando comenzó la construcción, a los pies del cerro, del pueblo de Gormaz, aunque se han encontrado en la zona asentamientos de la Edad del Bronce. Durante el reinado de los Reyes Católicos, en el s. XV, la fortaleza abandonó su carácter defensivo y pasó a ser una prisión.

Actualmente, lo que queda de Gormaz son ruinas consolidadas que fueron declaradas Monumento Nacional en 1931. En 2023 Gormaz recibió el Premio de Turismo de la Diputación de Soria.

Disposición

El alcázar es el área que más permite hacerse a la idea de cómo era la vida en el castillo. Nada más acceder se encuentra a la derecha, y su entrada está enmarcada por las torres de Almanzor y del homenaje. En él, se alojaban las personas notables y tenía funciones administrativas. Aunque se asienta sobre los restos del primer recinto árabe, este castillo fue modificado cuando Gormaz cayó en manos cristianas. Era el último reducto defensivo del castillo y contaba con una puerta (en el muro norte) para salidas discretas.

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La entrada principal era la Puerta Califal, en el muro sur, que ahora es uno de los símbolos más representativos de la fortaleza. Fue el arco de herradura más grande que se construyó durante el califato de Córdoba. Está formado por dos arcos, quedando entre ambos un espacio desde el que se podían lanzar proyectiles. Había dos puertas secundarias más, una en el norte y otra en el sur. En el interior del recinto amurallado, pero fuera del alcázar, se alojaban los soldados y el ganado y existía una alberca para almacenar agua. Las construcciones en esta zona eran artesanales y no se han conservado.

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Vigilancia

La altura de la fortaleza destaca sobre la llanura que la rodea, proporcionando unas excelentes condiciones de visibilidad que permitían controlar una de las rutas de acceso hacia el norte del Duero, y vigilar los castillos de la zona. Hacia el sur se puede divisar el sistema Central y hacia el norte, el Ibérico. Gormaz estaba integrado en un sistema de comunicación de atalayas y, mediante señales de humo, se podía transmitir un mensaje hasta Medinaceli en 45 minutos, según una investigación reciente. Así, podían acabar con el factor sorpresa de cualquier incursión cristiana en territorio califal.

Curiosidades

El Cid fue alcaide de Gormaz en el s. XI, un cargo que podría haber tenido que ver con su destierro. Tras un ataque musulmán al pueblo de Gormaz, Díaz de Vivar orquestó una dura represalia en los territorios de la taifa de Toledo. Esta era entonces aliada estratégica del rey Alfonso VI, a quien el Cid no comunicó sus intenciones, algo que generó roces entre ambos. El castillo se menciona en el Cantar del Mio Cid. Gormaz fue también uno de los objetos de disputa en la lucha de poder entre Almanzor y Galib, encargado de la construcción de la fortaleza y que era, además, su suegro. Se dice que tras la derrota de Galib, Almanzor tomó su cabeza como trofeo.

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Aquellas relacionadas con su pasado bélico no son las únicas leyendas que la rodean. Se dice que cuando Gormaz era todavía árabe, Cristo se hizo pasar por un mendigo que pedía limosna y cobijo y, al no conseguirla, maldijo a sus habitantes: “Oh, tú, la inhospitalaria, hoy musulmana Gormaz, 30.000 vecinos tienes, en 30 te quedarás”. Además, la edificación en sí no es ajena al misticismo. En los muros de su parte oeste pueden encontrarse estelas funerarias romanas e islámicas que buscaban espantar a los malos espíritus que rondaban la zona de noche.

Recomendaciones

El acceso a la fortaleza es gratuito y el recinto siempre está abierto. Para llegar será necesario dejar el coche en el aparcamiento designado y caminar unos 200 metros cuesta arriba hasta la entrada. Por ello, y para poder recorrer con comodidad todo el recinto, se recomienda acudir con calzado cómodo. No tiene que ser de montaña, pero es mejor que sea plano y aporte estabilidad.

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Se puede visitar durante cualquier época del año, aunque en invierno suele hacer frío y es importante la ropa de abrigo, y en verano hace calor y no hay muchas sombras, así que no estará de más ir protegido del sol con gorra y crema. La visita a la fortaleza requiere tiempo, como mínimo unos 30 minutos, aunque es mejor dedicarle una o dos horas para recorrer todos sus rincones. El día se puede completar visitando la iglesia de San Miguel de Gormaz, a las faldas del cerro y Quintanas de Gormaz, que presenta espectaculares muestras de arquitectura de los años 20 del siglo pasado, una época en la que la localidad floreció gracias al dinero de la resina. Además, también se pueden visitar Berlanga, pasear por su castillo, su colegiata o sus preciosas plazas, y terminar el día en la ermita de San Baudelio, la Capilla Sixtina del románico español.

La oferta hostelera en la zona es limitada, aunque en El Burgo de Osma, San Esteban de Gormaz o Berlanga de Duero, cercanos a la fortaleza, será más fácil encontrar una opción de última hora. Siempre conviene, claro, reservar.

Más información sobre este y todos los rincones de ensueño que esconde la provincia de Soria, en la web ‘Soria ni te la imaginas’ de la Diputación Provincial.

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