La joven entrenadora es la única técnica femenina del Numancia. Sin darle mayor importancia a esta situación, se centra "en imprimir carácter y enseñar valores" al benjamín B.
El fútbol femenino lleva abriéndose paso muchos años tanto a nivel provincial como nacional. Aunque todavía tiene mucho margen de crecimiento, cada vez más niñas se adentran en este mundo en edades tempranas. Ese fue el caso de Lucía Romero. La sanestebeña dio sus primeras patadas a un balón en Madrid, ciudad en la que vivió con sus padres hasta hace unos años.
A pesar de no venir de una familia futbolera, la joven futbolista empezó a enamorarse de este deporte en el patio de su colegio. Ese afán por la pelota le llevó a apuntarse al equipo de fútbol sala de su escuela, para posteriormente "convencer a mis padres" para jugar federada cuando tenía 12 años. Sin embargo, su pasión por el balompié fue más allá, según se hizo mayor.
Inicios
En 2018, escuchando los consejos de sus técnicos, decidió sacarse el curso de entrenadora. Dicho y hecho. Una vez lo tuvo, no dudó en dar el salto a los banquillos en el club de su barrio, el Chamberí -—sus primeros pasos como futbolista los dio en el C.D. Ford-—. Durante esa etapa, Romero dirigió a un cuadro de chupetines en el que su labor como preparadora iba más allá: "Al final, en esas edades eres como una profesora. Tienes que enseñarles valores como el respeto, más allá de cuestiones técnicas y tácticas".
Posteriormente, regresó a su tierra para encabezar a lo largo de dos años y medio el proyecto prebenjamín del Golmayo-Camaretas, conjunto en el que también jugaba hasta que se lesionó el ligamento cruzado y el menisco. En ese periodo de tiempo, disfrutó mucho de unos niños en los que "observaba una mejora constante y en los que su rango de edad me permitía implementar más cosas".
Tras su etapa como entrenadora del combinado balaguero, Lucía Romero fichó por el Numancia este verano para dirigir al benjamín B junto a Laureano Fernández y a José Javier Carnicero. Actualmente, el club rojillo, el más importante de la provincia, tan solo cuenta con la sanestebeña como única representante femenina en los banquillos. "Los más pequeños decían al principio, pero, ¿quién es esa chica? Es cierto que me sentía un poco en el punto de mira. No obstante, mis compañeros y la entidad me ayudan en todo", manifiesta.
A la hora de valorar ser la única técnica en la Ciudad Deportiva, no le da importancia, "ya que siempre tiene que haber una primera; es una barrera que cualquier otra puede romper en este club con tantos profesionales". Definiéndose como una entrenadora con carácter a la que le gusta que sus conjuntos impriman "garra e intensidad, respetando en todo el momento al rival", mantiene a su actual escuadra en primera posición. Sin darle mayor relevancia a esa clasificación, se centra en que sus pupilos aprendan conceptos técnicos y valores como el respeto: "Puede haber jóvenes que al estar en equipos de este calado se piensen superiores al resto. Al final, lo importante es recalcar que estamos en fútbol base y aquí lo relevante es hacer un buen grupo, competir y, sobre todo, disfrutar".
Otro de los aspectos que es muy importante en escuadras de esa edad es la gestión del vestuario. Lucía lo tiene muy claro. "Los niños lo interiorizan. Si no vienen a entrenar, no están convocados. No se lo suelen tomar mal. Además, todos suelen jugar mucho porque tenemos cambios ilimitados", afirma.
A sus 24 años, tiene todo el futuro por delante. Tras su experiencia con los más pequeños, su próximo objetivo es hacerse cargo de un equipo de fútbol once masculino, sin descartar dar el salto a los banquillos femeninos -—el Numancia ha estrenado a su combinado femenino este curso-—.
Otro de sus retos es volverse a vestir de corto la próxima campaña, una vez supere una lesión que "a veces me frustra". Todo cambió en mayo del curso pasado cuando se lesionó de gravedad en una acción fortuita. Ese traspié le impidió disputar el final de una temporada muy especial para su equipo. El Golmayo-Camaretas hizo historia al alzarse con el campeonato de Liga Provincial y con la Copa Diputación. Aunque no jugó, su participación como delantera fue crucial para que las balagueras tuvieran opciones de levantar ambos títulos.
Una vez asumido todo lo ocurrido, hace hincapié en que "me volvería a operar una y mil veces porque toda mi vida gira en torno al fútbol". Prueba de ello es que también es una de las propulsoras del Campus de Multideporte de San Esteban de Gormaz, junto a su fiel compañera María Uriel. Esta amante de su pueblo ha organizado dos ediciones de una actividad que está causando furor, tanto en su localidad como en las colindantes, acudiendo centenares de jóvenes cada verano. Tras las dos primeras que fueron un éxito con más de 100 participantes, la idea de las directoras del Campus es ampliarlo este verano a todo el mes de julio: "Uno de mis sueños era unir a mi pueblo con una de mis pasiones. Creo que lo he conseguido con la ayuda de todos mis compañeros, del Ayuntamiento y de los padres. No obstante, tampoco nos conformamos y queremos que este campus continúe creciendo y asentándose. Me gusta que se hagan este tipo de cosas en zonas rurales". Con todos estos méritos, Lucía Romero tiene un futuro muy prometedor por delante.
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