La quinta columna de Patxi Irigoyen para Soria Noticias.
No llegaba a creérmelo. Pensé que me estaban tomando el pelo, y que la queja era producto solamente de la actitud que a veces, cuando más se nos presiona, mostramos para que la atención que nunca captamos lo hagamos en esa ocasión. Pensé que era una queja exclusivamente en busca de la agilidad para actuar; que pretendía de alguna manera adelantar unos días, o a lo mejor unos meses, de la obra que ya quedó claro y meridiano era imprescindible para una localidad como San Esteban de Gormaz, a la que el abandono institucional la ha marcado desde hace muchos años: demasiados, sin duda alguna.
Enlace de carreteras que van dirección Segovia y Madrid con Soria; paso obligado del trazado principal que cruza de Este a Oeste la Comunidad Autónoma de Castilla y León, y núcleo de población para una zona totalmente abandonada a su suerte, San Esteban de Gormaz exigía hace muchos, muchos años, una circunvalación para que todos los vehículos pesados que la atraviesan lo hubieran hecho, en vez por el centro del pueblo con el consiguiente peligro, por una variante que hubiera sido muy sencilla, y sobre todo muy funcional para todos.
Pero no estaba en la idea de los técnicos que dibujan puentes y carreteras con facilidad. Entre carreteras nacionales y autonómicas, ambas administraciones juegan al “mío no es” y se dejan sin hacer algo que, en su momento, hubiera sido tan fácil como evidente; unir la autovía con la que se llega hasta la localidad con la nacional que nos lleva a la provincia de Segovia y por ende, a la capital de España.
Hablamos de pocos tramos; de pocos kilómetros, y por supuesto de un corto presupuesto para lo que estamos acostumbrados en materia de obras públicas. Pero, al parecer, no hay peso específico suficiente en la población sanestebeña y su entorno como para conseguir un objetivo tan claro. Y tampoco hay peso de ningún tipo por parte de la representación soriana en las asambleas legislativas, tanto de Madrid como de Valladolid, donde nuestro silencio es la mejor prueba de una buena actuación de las instituciones. Donde no hay queja, según los dirigentes, es que hay beneplácito. Para nosotros, donde no hay queja es porque hay servilismo; donde no hay propuestas por el territorio de cada uno es porque hay conformismo y sobre todo silencio que sube la nota personal.
Nos llegan pronto las elecciones; al menos, en el ámbito regional. Del ámbito nacional ya hablaremos, que de momento se han atado al mástil de la desintegración y parece que no quieren abandonarlo. Pero Valladolid puede tener la palabra de una vez. Al menos, porque los accesos y el núcleo de población es más de ellos que de Madrid. Por ser de recibo; por ser nuestro; y porque, salvo que se les haya olvidado, hubo promesas serias de que todo sería resuelto a la mayor rapidez y agilidad. Se llama San Esteban de Gormaz, que no San Esteban del Olvido.
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