Reinventó el Carnaval, recuperándolo para la ciudad de Soria medio siglo después de que lo prohibiera la dictadura, y fue precursor del diseño en la provincia. Paco Castro Berrojo ha fallecido esta noche y su muerte deja un importante socavón en la memoria de Soria.
La primera vez que oí hablar de Paco fue en los Carnavales de 1992, mis primeros en Soria. Fue, me contaron, el que recuperó a Don Carnal para llenar las calles del Casco Viejo en las gélidas noches de febrero.
Pero no pasé frío aquel año, porque la riada de gente calentaba el ambiente que Paco, 'El Patata', había creado. No ha habido mayor manifestación de alegría en un invierno de Soria y creo que no la habrá nunca más.
Pocos años después llegaría a mi vida el Paco Castro Berrojo creativo. El diseñador que abrió camino, junto a su amigo Julián de la Mata, al desconocido, entonces, mundo de la creación en Soria. Lo hicieron en Contraseña, que así se llamaba su empresa y su empeño de profesionalizar una actividad que entonces muchos no comprendían en la pequeña Soria. Ellos contribuyeron a modernizar la comunicación entre blancos, sangrías y márgenes, con carteles, campañas y proyectos que tenían siempre una segunda lectura.
Paco me enseñó a comunicar mejor y de él aprendí lo importante que es la crítica social. Porque, aunque creativo, tenía un marcado perfil político, social y hasta filosófico y una capacidad asombrosa de radiografiar la actualidad en el rellano de la escalera.
Y es que, vecinos durante muchos años, no recuerdo ni una sola ocasión en la que habláramos del tiempo y sí de política internacional, de política local, de políticos y de partidos, de crisis, de insumisión, de actos de rebelión (pacífica, porque Paco era pacífico y pacifista)… Conversaciones de portal en las que no buscaba imponer su opinión, sino provocar reflexión. En tiempos de consignas rápidas, la suya era una forma de resistencia.
Paco creía en la discrepancia, en la crítica y en la desobediencia civil entendida desde la responsabilidad como ejercicio ético. También creía en la convivencia, en el respeto y en la palabra como herramienta suficiente. Creía en la colaboración, de ahí su 'militancia' en la Asociación de Amigos del Casco Viejo o en la Asociación de Diseñadores de Soria (Dis) o su colaboración con el Festival de Cortos de la capital y de otras muchas en las que dejó huella.
En nuestros últimos años como vecinos también hablamos de desconexión, de descanso y de su jubilación. Fueron, sin saberlo, nuestras últimas conversaciones.
Paco recuperó a Don Carnal casi medio siglo después de que la Dictadura lo hubiera desterrado del calendario y de la memoria pública. Consiguió que la ciudad volviera a mirarse sin complejos y que recuperáramos la risa como forma de identidad. Y ahora, en contraste, su muerte nos sorprende en pleno invierno e impone el silencio que él supo romper.
La vida ha sido especialmente cruel con Paco en estos últimos años. Le ha ido arrebatando fuerzas, espacios y rutinas, pero no erosionará su recuerdo. Tu ausencia pesa, vecino, pero tu huella permanece.
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