En su 25 aniversario, el Campano Soriano ha disfrutado de una jornada marcada por el relevo generacional y la pasión de veteranos que viajan desde otras comunidades para honrar la tradición del río. Conoce a sus ganadores.
En un mundo donde parece que si no hay cobertura no hay vida, encontrar jóvenes a pie de río es el mayor de los regalos. David Domínguez y su hijo Alejandro, de 12 años, son el ejemplo perfecto de que la paciencia, y el madrugón, merecen la pena.
Para el padre no hay nada mejor que perderse en la naturaleza: "Soy de los que me gusta perderme, apagar el teléfono y estar tranquilo en el río". Y ojo, que no es solo estar "parado" viendo el agua, el pescador reivindica el gran esfuerzo físico que requiere la pesca: "Muchos días igual hacemos ocho o diez kilómetros andando por el río, con las botas, por dentro del agua... es una afición bastante completa".

Su hijo Alejandro no solo ha heredado la afición, sino que, a pesar de no habérse clasificado, ha ganando el reto familiar. El pequeño tiene las metas claras y no se conforma con piezas pequeñas: "Espero sacar alguna de 40 centímetros... sería un buen regalo tener el trofeo en mi habitación".
El presidente del Campano Soriano, Ismael Marina, sabe que el futuro del club depende de estos pequeños sucesores: "Si a un niño le transmites esos valores de respetar al río... capturar y soltar es lo ideal". Bajo esta filosofía de respeto al entorno, se ha celebrando la 22ª edición del concurso para conmemorar los 25 años de vida del club.
Iván Marco Gil se ha proclamado como vencedor absoluto con una espectacular trucha de 63 centímetros, seguido de cerca por Guillermo Pereira, nombrado mejor socio tras capturar una pieza de 59 centímetros. El cuadro de honor de este aniversario lo completaron Adrián Serrano, Rubén Romero, Eduardo Manrique y Mario de Diego.

A orillas del Duero se han dado cita 56 pescadores, aunque no todos han jugado en casa. Benigno Gallego, un veterano de los campeonatos de España que compite por Navarra, se estrenaba este año en el Campano Soriano tras años de invitaciones rechazadas por coincidencia de fechas.
Acostumbrado a los ríos de montaña, Benigno nota la diferencia nada más calzarse las botas: "En Navarra los ríos son más de bota piedras, estos son más calmados y las orillas están más sucias". Aun así, el frío soriano no le impide disfrutar del ambiente y de las capturas: "He sacado una de 43,3 cm, o sea que ya es un pez majo". Pese a que vive en Zaragoza, el ambiente del club le ha conquistado: "La gente está muy contenta... repetiremos".

Entre anécdotas sobre los socios fundadores y la entrega de txapelas a los antiguos ganadores, el concurso sigue demostrando que, aunque los tiempos cambien, el río Duero siempre tiene algo que ofrecer. Como dice Ismael con esperanza de pescador: "El río Duero guarda algún secreto, siempre".
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