Tras sesenta años de servicio familiar, la Panadería Sanz dejará de recorrer las Tierras Altas el próximo 1 de mayo al volverse un negocio económicamente insostenible. Carlos Sanz se despide de sus 19 pueblos no por jubilación, sino forzado por el alza del combustible y el avance de la despoblación.
El próximo 1 de mayo, el silencio en las calles de Tierras Altas será un poco más pesado. No será el silencio de la nieve o del olvido, sino el de la ausencia de un motor familiar: el de la furgoneta de Carlos Sanz, el panadero de Almarza que, tras décadas recorriendo la provincia, se ve obligado a colgar el delantal. Pero que nadie se equivoque: Carlos no se jubila, se va porque los números, fríos y crueles, ya no salen.
La historia de la Panadería Sanz es la historia viva de Soria. Durante más de sesenta años, primero su padre y su tío, y desde hace 19 años el propio Carlos, han llevado "el pan nuestro de cada día" a rincones donde a veces no llega ni la cobertura, recorriendo en sus inicios caminos que ni siquiera estaban asfaltados. Cada mañana, Carlos inicia una ruta de 150 kilómetros diarios para dar servicio a 19 pueblos y apenas 45 clientes, una media de dos vecinos por localidad que dependen de su llegada no solo para alimentarse, sino para mantener un vínculo con el mundo. Ahora, tras su marcha, lo más cerca que tendrán los vecinos será la tienda de Viviana en San pedro Manrique y Aida, en Villar del Río.

Sin embargo, la viabilidad del negocio se ha vuelto insostenible. El encarecimiento del gasoil ha sido la estocada final para un servicio que ya sufría la sangría de una población cada vez más envejecida. Pese a la dureza de la situación, Carlos se ha negado a trasladar el problema a sus clientes: “Si subo el pan para el poco pan que vendo… no es rentable”, explica a Soria Noticias con la honestidad de quien conoce la economía de sus vecinos, muchos de los cuales pagan 1,10€ por una barra pequeña.
Para Carlos, la decisión ha sido dolorosa y puramente económica. “Económicamente no es rentable pero conoces a la gente y sabes que les estás haciendo una faena”, confiesa a Soria Noticias con pesar. En su voz se percibe la frustración de quien no busca caridad, sino justicia para el mundo rural: “Es el primero que no quiere vivir de subvenciones, pero si alguien le hubiera dicho que le ayudaba, aunque solo fuera rebajándole algo el combustible, tal vez se lo habría pensado”, confiesa uno de los vecinos que acude a comprar su barra de pan.

Carlos se despide con la satisfacción del deber cumplido, pero con la amargura de saber que, en la Soria vaciada, "a veces la voluntad no basta y hay que tomar decisiones", en este caso dolorosas. El 1 de mayo, Tierras Altas perderá algo más que un panadero, perderá a un vecino que cada día recorría 150 kilómetros para mantener encendida la llama de la cercanía.
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