La Junta de Castilla y León ha aprobado la modificación de las normas urbanísticas de Garray al considerar que no tendrá efectos ambientales relevantes. Aun así, introduce una recomendación a tener en cuenta: la presencia de aves y murciélagos en los edificios antes de ejecutar obras.
La Consejería de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio da luz verde a los cambios urbanísticos de Garray, pero deja sobre la mesa una advertencia clara: las obras deberán tener en cuenta a los inquilinos más discretos de tejados y fachadas. Vencejos, golondrinas o murciélagos, habituales en el casco urbano, pasan a formar parte del foco ambiental en cualquier reforma o nueva construcción.
La Orden publicada este lunes en el Boletín Oficial de Castilla y León determina los ajustes técnicos que afectan a aspectos como los vuelos de las fachadas, los elementos salientes o el cálculo de la edificabilidad en suelo urbano. En esencia, buscan aclarar y ordenar criterios para facilitar la construcción y reforma de viviendas.
Desde el punto de vista ambiental, el dictamen es claro: no se esperan impactos significativos. Los informes de los distintos organismos coinciden en que la modificación no altera de forma relevante el entorno ni afecta a espacios protegidos, pese a la cercanía del municipio a zonas de alto valor ecológico como las riberas del Duero.
La Confederación Hidrográfica del Duero, que ha informado favorablemente, recuerda que cualquier obra situada en la zona de policía de los ríos Duero y Tera requerirá autorización previa. Por su parte, la Dirección General de Patrimonio Cultural ha incidido en la necesidad de respetar la distancia de protección de 20 metros respecto al entorno del Bien de Interés Cultural del yacimiento de Numancia.
Sin embargo, el informe ambiental introduce un matiz que apunta directamente al día a día de futuras obras. Recomienda que, antes de intervenir en edificios, se estudie si albergan fauna silvestre, ya que muchas especies protegidas utilizan huecos en tejados, cornisas o aleros como lugar de cría o refugio.
Ahí entran en juego especies muy presentes en los pueblos sorianos, como los vencejos, las golondrinas o los murciélagos. Aunque a menudo pasan desapercibidos, su papel en el equilibrio del ecosistema es relevante, especialmente en el control de insectos. La normativa ambiental, además, prohíbe expresamente destruir sus refugios.
Por eso, la recomendación va más allá de evitar daños. La Junta sugiere aprovechar las obras para facilitar la convivencia con estas especies, por ejemplo, instalando cajas nido o adaptando elementos de la construcción para que puedan seguir utilizando los edificios.
No se trata de una obligación directa, pero sí de una línea a seguir que podría acabar incorporándose a las licencias municipales. En un municipio como Garray, donde el crecimiento urbano es limitado y el entorno natural tiene un peso evidente, este tipo de medidas pueden marcar la diferencia.
Así pues, Garray podrá aplicar sus nuevos criterios urbanísticos sin trabas ambientales, pero con una advertencia cada vez más habitual en la planificación actual. Construir y reformar ya no consiste solo en levantar muros, sino también en respetar a quienes llevan años viviendo en ellos.
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