El monasterio de Santa María de Huerta abre una nueva etapa. La comunidad cisterciense ha elegido como nuevo abad al padre Francisco Rivera, hasta ahora prior del cenobio, después de la dimisión del padre Isidoro Anguita, que deja el cargo tras 31 años al frente de una de las comunidades monásticas más importantes de España.
El monasterio de Santa María de Huerta vive días de cambio. La comunidad cisterciense ha elegido como nuevo abad al hasta ahora prior, el padre Francisco Rivera, que releva a Isidoro Anguita después de más de tres décadas dirigiendo la vida del histórico cenobio soriano, según ha hecho público la comunidad en su web.
La noticia supone el cierre de una etapa muy reconocible para varias generaciones de sorianos. El padre Anguita ha presentado su dimisión tras 31 años al frente del monasterio, un periodo marcado por la estabilidad de la comunidad y por la proyección espiritual, cultural y hasta gastronómica de Santa María de Huerta.
Isidoro María Anguita se convirtió con 35 años en el abad monástico más joven del mundo. Madrileño, ingresó en el monasterio a los 17 años y se trasladó a Roma, donde cursó la licenciatura en Teología Monástica en el Pontificio Ateneo de San Anselmo.
Durante los años de gobierno del hermano Anguita, la comunidad apostó por abrir el monasterio al exterior y acercar el legado cisterciense a la sociedad. Uno de los grandes hitos llegó en 1998, cuando el cenobio acogió la exposición ‘Monjes y monasterios. El Císter en el medievo de Castilla y León’, organizada por la Junta con motivo del noveno centenario de la Orden.
La muestra convirtió durante varios meses al monasterio soriano en un foco cultural de primer nivel, lo que permitió a miles de visitantes descubrir cómo era la vida cotidiana de los monjes en la Edad Media y reivindicar el enorme peso histórico del Císter en Castilla y León.
Esa vocación aperturista también se ha reflejado en iniciativas ligadas a la modernización y la digitalización. La comunidad impulsó una tienda ‘online’ para comercializar productos monásticos y delicatesen de las que se elaboran en distintos conventos y monasterios, lo que convirtió internet en una nueva ventana para sostener económicamente la vida contemplativa.
El proyecto no solo sirve para dar salida a los productos de Santa María de Huerta, sino también como escaparate para otras comunidades religiosas, en un intento de adaptar la tradición monástica a los nuevos tiempos sin perder su esencia.

El nuevo abad conoce bien la casa. Francisco Rivera (en la imagen, de su presentación en la comunidad cisterciense), nació en Granada el 28 de julio de 1979 y ejercía hasta ahora como prior del monasterio. Ingresó en la comunidad en 2007, realizó su profesión solemne en 2013 y fue ordenado sacerdote en 2018. Su elección garantiza una continuidad tranquila en una comunidad que, pese a las dificultades que atraviesa la vida contemplativa en Europa, sigue siendo una de las más sólidas del Císter en España.
Hablar de Santa María de Huerta es hacerlo de uno de los grandes referentes monásticos del país y también de una parte esencial de la historia de la provincia de Soria. El monasterio hunde sus raíces en el siglo XII, cuando la comunidad fue impulsada por Alfonso VII. Su asentamiento definitivo en Huerta llegó en 1162, muy ligado a la expansión del Císter promovida desde Claraval y a la influencia de san Bernardo.
Durante siglos, el monasterio fue mucho más que un centro religioso. Tuvo un enorme peso económico, cultural y social en Castilla, y dejó huella en la vida de toda la comarca. Sus muros también reflejan algunos de los momentos más duros de la historia española. En el siglo XIX, la desamortización obligó a expulsar a los monjes y el edificio quedó prácticamente abandonado durante décadas.
La recuperación llegó ya en el siglo XX, con el regreso de una nueva comunidad cisterciense que devolvió la vida al monasterio. Desde entonces, Santa María de Huerta ha conseguido mantener una intensa actividad litúrgica y espiritual, centrada en la tradición benedictina. Los monjes del Císter pertenecen a una estricta rama de la Orden de San Benito que surgió en 1098 en Francia para volver a la observancia rigurosa de la Regla original y eliminar la ostentación.
La elección de Francisco Rivera llega además en un momento delicado para muchas comunidades religiosas, marcadas por el envejecimiento y la falta de vocaciones. En ese contexto, Santa María de Huerta sigue siendo una excepción dentro del panorama monástico español y afronta ahora una nueva etapa sin perder de vista una historia que supera ya los ocho siglos.
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