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La nieve de mayo que puede incendiar tu barrio: el peligro oculto de las pelusas de chopo

La nieve de mayo que puede incendiar tu barrio: el peligro oculto de las pelusas de chopo

Actualizado 22/05/2026 10:41

Entre mayo y junio, los chopos liberan millones de pequeñas semillas que, recubiertas de filamentos algodonosos, se acumulan en el suelo y pueden encenderse en cuestión de segundos. Son vilanos, con un alto riesgo de ignición.

Cada primavera, calles, parques y riberas quedan cubiertas por una alfombra blanca que asemeja nieve y que muchos confunden con nubes de polen. Son las pelusas del chopo y, aunque su aspecto es delicado e inofensivo, esconden un riesgo real: se inflaman con una facilidad extraordinaria y pueden desencadenar incendios de gravedad

Almazán vivió ayer un aviso serio. Dos conatos de incendio en la localidad pusieron en alerta a vecinos y servicios de emergencia, con las pelusas de chopo como protagonistas involuntarias.

Los vecinos próximos a la ladera del monte del Castillo en Soria capital aún recuerdan bien el lejano día en el que tuvieron que emplearse con sus propios medios para impedir que el fuego se extendiera a las casas antes de que llegaran los bomberos. Los Arcos de San Juan de Duero tampoco han estado a salvo de episodios similares.

Lo que convierte a estos copos blancos en un combustible tan eficaz tiene una explicación científica sencilla. Las pelusas del chopo no son polen, aunque durante años esa ha sido la creencia popular más extendida.

Son penachos con miles de pelos ramificados (tricomas) que forman una estructura que arropa a la verdadera semilla. Su función es dejarse llevar por el viento para dispersarse lo más lejos posible del árbol madre. El resultado es una masa esponjosa, prácticamente deshidratada, repleta de aire en su interior.

Las pelusas no producen alergia por sí mismas. Los vilanos actúan como pequeñas redes naturales que capturan el polen de otras plantas, esporas y partículas de polvo que flotan en el ambiente por lo que podrían, incluso, calificarse como ‘amigas de los alérgicos’ ya que contribuyen a reducir la concentración de polen.

Pero, ¡ojo!, quien los aspira puede recibir de golpe una carga polínica concentrada, lo que sí puede desencadenar reacciones en personas sensibles: picor nasal, estornudos, irritación ocular…

¿Por qué arden tan deprisa?

En la práctica, los vilanos son esponjas de oxígeno. Al prender, el aire atrapado en su interior alimenta la llama de forma casi instantánea. Una pequeña chispa, una colilla o incluso un cristal actuando de lupa puede ser suficiente para desencadenar un incendio.

Su ciclo es predecible. Entre mayo y junio, los chopos liberan sus semillas y el viento las dispersa durante semanas. Cuando se acumulan en rincones, alcorques, aceras, cunetas o junto a vallas y paredes, forman capas densas que, vistas desde lejos, asemejan la estampa de una nevada.

Esa imagen, tan característica del final de la primavera soriana, es también la de un material altamente inflamable a la espera de una ignición.

Concienciación ciudadana

Los episodios ocurridos en Almazán, o, más antiguos, en el entorno del Castillo o en los Arcos de San Juan de Duero no son accidentes imposibles de prevenir. La acumulación de pelusa en zonas próximas a vegetación, edificios o instalaciones eléctricas representa un riesgo que puede gestionarse con medidas simples: limpieza periódica de aceras y zonas verdes durante las semanas de mayor dispersión.

Pero hay un método mucho mejor: la concienciación ciudadana de que prender fuego a estas masas algodonosas —una tentación que, incomprensiblemente, sigue teniendo adeptos— puede convertir en minutos un parque en un foco de incendio forestal.

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