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¿Por qué vivir en Soria es cada vez más caro? La despoblación la pagamos en cada factura

¿Por qué vivir en Soria es cada vez más caro? La despoblación la pagamos en cada factura

Actualizado 10/06/2026 07:57

La vida se encarece más en Soria que en el conjunto de España. La provincia registró en abril (último mes publicado por el INE) una inflación interanual del 3,8%, frente al 3,2% nacional. Detrás de esta diferencia se encuentran principalmente el fuerte aumento de los costes de la vivienda y la energía, el transporte y la hostelería, tres sectores especialmente sensibles al encarecimiento del coste de la vida en un territorio marcado por la dispersión de la población y la dependencia del vehículo privado.

Llenar el depósito, encender la calefacción o salir a comer fuera cuesta hoy más en Soria que hace un año. Y también más que en buena parte del país. Los últimos datos del Índice de Precios de Consumo (IPC) reflejan que la provincia registra una inflación interanual del 3,8%, seis décimas por encima de la media española, situada en el 3,2%.

La diferencia puede parecer pequeña sobre el papel, pero tiene una traducción directa en la economía doméstica de miles de familias sorianas.

El capítulo que más llama la atención es el de ‘vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles’. En Soria los precios de este grupo han aumentado un 6,4% en el último año, mientras que en el conjunto de España la subida apenas alcanza el 1,9%. A mayores: en el último mes analizado, los precios subieron en Soria un 2,7% mientras bajaban un 1,9% de media en España.

La explicación podría esconderse, en parte, en las características de la propia provincia, según apuntan expertos en economía como Romero-Jordán que, en su análisis de la 'Incidencia de la inflación en España en 2021 y 2022', ya apuntaba a que “los hogares formados por una sola persona mayor de 65 años se enfrentan a valores medios de IPC por hogar superiores a los de parejas más jóvenes (…) Un patrón relevante en todas estas estructuras familiares es que es claramente superior en los hogares residentes en zonas rurales”.

Los largos inviernos obligan, además, a un mayor consumo energético para calefacción, mientras que la elevada presencia de viviendas unifamiliares y la dispersión territorial incrementan los costes asociados al mantenimiento y los suministros básicos. En muchos municipios, además, no existen alternativas colectivas que permitan abaratar determinados servicios energéticos.

¿Y el transporte?

El transporte se mantiene como el sector más inflacionista de todos, con una subida del 7,2%. Para una provincia donde el coche sigue siendo imprescindible para trabajar, estudiar o acceder a numerosos servicios, cualquier incremento en los carburantes acaba teniendo un impacto especialmente notable.

En territorios de baja densidad de población, el coste logístico por unidad es mucho mayor porque los pedidos son pequeños y las distancias largas. Esta dependencia convierte el aumento de los costes de movilidad en un problema que afecta de forma generalizada a hogares y empresas.

Esta teoría de la dispersión de población actualiza otras muy viejas, como la de Johann Heinrich von Thünen que ya explicaba en el siglo XIX que "los precios suben con la distancia al centro de producción o distribución".

La inflación se dispara en hostelería, vestido y calzado

Otro de los apartados que también acusa la subida de precios de un año a otro es el de restaurantes y alojamientos, que registra un incremento del 5,9%, por encima del 4,7% nacional. La hostelería se viene quejando del aumento de los costes energéticos, de las materias primas y de la mano de obra, que traslada a los precios.

También sorprende la evolución de vestido y calzado en el último año analizado. Los precios suben un 4,1% en la provincia, frente al 1,4% de media en España. Aunque se trata de un grupo con menor peso en el gasto familiar, la diferencia evidencia cómo la menor competencia comercial existente en territorios menos poblados puede acabar repercutiendo en los precios finales.

En positivo, alimentación y sanidad

No todos los indicadores son negativos. En alimentación y bebidas no alcohólicas, por ejemplo, la inflación en Soria se sitúa en el 2,2%, ligeramente por debajo del 2,4% nacional. Lo mismo ocurre en sanidad, donde los precios crecen un 1,7% frente al 2,1% de España.

Sin embargo, estos menores incrementos no compensan el fuerte encarecimiento de aquellos gastos que resultan más difíciles de evitar. La energía para calentar las viviendas, el combustible para desplazarse o los servicios básicos del día a día tienen un peso importante en nuestros presupuestos familiares y explican buena parte del diferencial que separa a Soria de la media nacional.

Somos pocos

Los datos vuelven a poner sobre la mesa una realidad que economistas y expertos en desarrollo territorial vienen señalando desde hace años: vivir en una provincia despoblada tiene costes añadidos. La baja densidad de población, las mayores distancias y la menor oferta de servicios generan sobrecostes que se hacen especialmente visibles cuando aumentan los precios de la energía y el transporte.

De ahí la petición incansable de los agentes políticos y socioeconómicos de Soria de aumentar la intensidad de las ayudas de funcionamiento en la provincia, unas bonificaciones diseñadas y aprobadas por Europa, precisamente para compensar a empresas y autónomos por los sobrecostes operativos y de transporte derivados de la despoblación.

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