En los memoriales del Holocausto aparecen nombres como Abraham Soriano, Lucía Soriano, Isaac Soriano o Jacob Soriano. Son el último rastro de una historia iniciada en la Castilla medieval. En muchos casos, sus antepasados pertenecieron a la importante comunidad judía de Soria y, tras la expulsión de 1492, conservaron como apellido el gentilicio de la ciudad que nunca volvieron a pisar. Cuatro siglos y medio después, algunos de sus descendientes morirían en Auschwitz.
El apellido “Soriano”, nacido de un simple gentilicio para identificar a quienes procedían de Soria, viajó con cientos de familias judías expulsadas de España por los Reyes Católicos en 1492. Muchos de aquellos exiliados conservaron el nombre de su tierra mientras reconstruían sus vidas en el Mediterráneo oriental. Cuando los nazis arrasaron las comunidades sefardíes de Salónica y Rodas entre 1943 y 1944, muchos de los asesinados seguían apellidándose “Soria” y “Soriano”. Su apellido era la última huella de una ciudad castellana que sus antepasados habían abandonado 450 años antes.
Durante la Edad Media, la ciudad acogió una floreciente aljama judía que participó activamente en la vida económica castellana. Como ocurrió en muchas comunidades sefardíes, los nombres de origen geográfico acabaron utilizándose para identificar a las familias. Así nacieron apellidos toponímicos como “Soria” y “Soriano”, que ya aparecen documentados antes incluso de la expulsión de 1492.
Porque la persecución de la comunidad judía no comenzó con el decreto de expulsión. Tras los linchamientos de 1391 y el crecimiento de la Inquisición, numerosos judíos se vieron obligados a convertirse al cristianismo para permanecer en Castilla. Muchos conservaron apellidos vinculados a su lugar de origen como una forma de integrarse socialmente, aunque ello no evitó que fueran objeto de sospecha. Entre los conversos figura Juan de Soria, uno de los firmantes del memorial dirigido al papa Sixto IV denunciando los abusos del Santo Oficio, al que, pese a haber nacido en Sevilla, se le atribuye un origen familiar en la provincia de Soria.
Con la expulsión decretada por los Reyes Católicos, el apellido emprendió un viaje que perduraría durante siglos. Las familias expulsadas se instalaron en Portugal, Italia, el norte de África y, muchos de ellos, en el Imperio Otomano. Allí surgieron nuevas variantes del apellido —Soryano, Souriano o Surjani— adaptadas a las lenguas de los países de acogida, pero conservando siempre el recuerdo de su procedencia castellana.
Dos ciudades serían fundamentales en esa nueva historia: Salónica y Rodas. La primera llegó a convertirse en la gran capital sefardí del Mediterráneo. Durante siglos, el judeoespañol fue la lengua habitual de sus calles y buena parte de sus habitantes descendían directamente de los expulsados de Castilla.
Rodas, por su parte, acogió una comunidad especialmente cohesionada, conocida como los Rhodeslís, donde el apellido "Soriano" aparece de forma reiterada en registros comunitarios y religiosos.
Y es precisamente aquí donde la historia vuelve a cruzarse con Soria.
Cuando Alemania ocupó Grecia durante la Segunda Guerra Mundial, las dos mayores comunidades sefardíes del Mediterráneo quedaron atrapadas. Entre marzo y agosto de 1943 fueron deportados cerca de 44.000 judíos de Salónica hacia Auschwitz-Birkenau. Un mes de julio de 1944 llegó el turno de Rodas. La inmensa mayoría nunca regresó.
En las bases documentales de Yad Vashem consultadas por Soria Noticias y en la de los principales archivos del Holocausto aparecen decenas de víctimas con el apellido "Soriano". Abraham Soriano, Boaz Soriano, Lucía Soriano, Elías Soriano, Sara Soriano o Moisés Soriano figuran entre los deportados desde Rodas, algunos fallecidos en los campos de concentración nazis, otros –los menos–, supervivientes de ellos. En Salónica aparecen Isaac Soriano, Mazal Tov Soriano o Jacob Soriano, junto a otras muchas personas cuyos apellidos conservaban todavía la memoria de una ciudad castellana abandonada cuatro siglos antes.
La coincidencia no es casual. Los lugares donde se asentaron los "Soriano" tras 1492 —sobre todo Salónica y Rodas— son exactamente los lugares que la maquinaria nazi arrasó casi por completo cuatro siglos y medio después.
Cuando los alemanes conquistaron Salónica en abril de 1941 había 50.000 judíos, la mayoría descendientes de los expulsados de España en 1492. Se calcula que un 86% de la comunidad sefardí de Salónica fue asesinada.
En 1969 se colocó una placa conmemorativa junto a la puerta principal de la sinagoga Kahal Shalom de Rodas, con los apellidos de las familias rodenses víctimas del Holocausto. Entre ellos, de clara procedencia española, aparecen los apellidos Ángel, León, Pérez y Soriano. Es literalmente un memorial con un mapa toponímico castellano-sefardí grabado en piedra.
La placa recuerda la detención por parte de las tropas alemanas de las aproximadamente 2.000 personas que formaban la comunidad judía de Rodas. Fue un 23 de julio de 1944. Los detenidos viajaron en barco hasta Atenas desde donde partieron a Auschwitz-Birkenau en vagones de ganado. Fue el trayecto más largo de toda la deportación europea. Del total de detenidos solo sobrevivieron unos 150. Es el transporte del que, probablemente, proceden la mayoría de los Soriano que aparecen hoy en los registros de víctimas.
Entre los propios supervivientes que intentaron reconstruir la comunidad tras la guerra estaba otra familia Soriano, con Elías Soriano y su hijo Maurice Soriano , que jugaron un papel fundamental en la reconstrucción de la comunidad judía tras la guerra.
Los memoriales del Holocausto contienen muchos otros apellidos de gentilicios españoles, como “Toledano”, auténticos fósiles lingüísticos de la geografía hispana que sobrevivieron durante generaciones antes de ser borrados por el exterminio nazi. La de 1492 fue una diáspora histórica que, siglos después, quedó atrapada en el lugar exacto donde se había refugiado.
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