El singular macho de corzo, nacido con leucismo y descubierto en los montes de Soria cuando apenas era un corcino, ha muerto a los siete años tras convertirse en un símbolo de la naturaleza soriana.
Hace años, Gustavo Adolfo Bécquer escribió 'La corza blanca', una leyenda protagonizada por un animal mágico que habitaba en los montes del Moncayo. Años después, la naturaleza quiso escribir su propia versión de aquella historia en los montes de Soria. Solo que, en esta ocasión, la protagonista de aquella leyenda no era una corza. Era un pequeño macho de corzo que acabaría siendo conocido como 'El Blanco'.
Fue algo entrañable, tanto para los amantes del mundo natural y su fauna silvestre como para el ámbito venatorio. La aparición de un ejemplar de estas características en la provincia de Soria, hace siete años precisamente por estas fechas, causó sensación sobre todo entre las gentes ligadas al monte. Algo que fue difundido incipientemente en ciertas redes sociales y de lo que Soria Noticias se hizo eco exlusivo en la prensa, siendo uno de los artículos más leídos aquel 2019. También las imágenes que acompañaron al texto.
La primera vez que lo encontraron, la sorpresa fue mayúscula. Aquella figura completamente blanca que se movía entre la vegetación parecía sacada de un cuento. Pronto descubrieron que detrás de aquella apariencia extraordinaria había una explicación científica: 'El Blanco' padecía leucismo, una anomalía genética que provoca una ausencia parcial de melanina y que hace que el pelaje pierda su coloración habitual.
Pero aquel descubrimiento no restaba un ápice de magia al encuentro. Al contrario. "Para nosotros fue un avistamiento de lo más peculiar. Fue toda una suerte deleitar nuestra vista con semejante animal y poder disfrutar en vivo de lo extraordinario de su condición", comenta el creador de Moncayolife, página de naturaleza desde donde se ha seguido el rastro del animal.
También existía una preocupación evidente. Un animal así carecía prácticamente de camuflaje y podía resultar mucho más visible en el monte. Por eso, desde el principio, surgió la pregunta ¿conseguiría sobrevivir?
Había, además, una condición indispensable para poder seguir su historia: no revelar nunca dónde se encontraba. Proteger su localización era la mejor manera de proteger al animal. Y el tiempo terminó dando una respuesta que entonces nadie podía conocer. El pequeño cérvido sobrevivió. Mientras, los cazadores también quisieron mantener con vida al animal, silenciando su ubicación. La cosa pasaba también por esa curiosidad para comprobar si 'El Blanco' pudiera dejar descendencia con ese peculiar pelaje.
Durante años, quienes lo habían descubierto regresaron de vez en cuando a la zona para intentar encontrarlo. Lo vieron crecer, cambiar con las estaciones y aprender a desenvolverse en el monte con aquella característica que lo hacía único. En 2021 llegó uno de esos reencuentros.
Después de muchas horas de campo, esperas, paseos y vueltas por la zona, cuando ya se marchaban a casa, apareció de nuevo. Una mancha blanca entre los robles, inconfundible. Esta vez lucía una llamativa borra bicolor, blanca con una mancha negra, y caminaba junto a otro macho de aproximadamente su misma edad, quizá incluso su hermano.
Habían pasado meses desde la última vez que lo habían visto y aquella aparición fugaz fue suficiente para comprobar, con alegría que, 'El Blanco' seguía vivo. Además, había recorrido alrededor de dos kilómetros en línea recta desde el lugar del primer avistamiento. Podía haberse desplazado por la presión de otros corzos o, simplemente, estar buscando su propio territorio. Lo cierto es que había demostrado que, aquel pequeño animal que un día parecía tan vulnerable, había aprendido a desenvolverse por sí mismo.
Volver a fotografiarlo tampoco fue sencillo. Para tratarse de un corzo joven, escogía bien sus horarios. Aparecía cuando quedaba poca luz y las dificultades del terreno complicaban todavía más cualquier intento de acercamiento. Hasta que un día, por fin, pudieron ponerlo frente al objetivo.
De vez en cuando volvían a buscarlo. A veces aparecía y otras no. Pero cada encuentro permitía comprobar que seguía creciendo y que aquella peculiaridad que lo había convertido en una rareza no le había impedido sobrevivir.
Hasta que, con el paso de los años, 'El Blanco' dejó de ser aquel pequeño chotillo descubierto entre los montes de Soria y se convirtió en un corzo adulto que había conseguido llegar mucho más lejos de lo que inicialmente esperaban. "No pensamos que fuera a vivir tanto", afirman desde Moncayolife.
Y quizá ahí esté la parte más especial de esta historia. Los cazadores de los pueblos de alrededor lo respetaron, no lo abatieron. Le permitieron seguir viviendo en el territorio que había convertido en su hogar. Gracias a ello, aquel animal que desde el primer momento parecía tenerlo más difícil para sobrevivir pudo llegar a cumplir siete años.
Pero en los últimos meses comenzaron a notar que algo no iba bien. Finalmente, una enfermedad ha acabado con su vida.
'El Blanco' ya no volverá a aparecer entre los robles. Ya no habrá que esperar a que caiga la tarde para intentar distinguir aquella inconfundible figura blanca entre la vegetación. Ya no habrá nuevos encuentros ni fotografías que permitan comprobar cómo seguía creciendo.
Queda, sin embargo, algo mucho más difícil de perder que es su historia. La de aquel pequeño macho que durante años fue confundido con una corza blanca. La del animal extraordinario que hizo realidad, a su manera, aquella vieja leyenda de Bécquer. La de un corzo que nació con una condición genética que le privó del camuflaje, pero que consiguió sobrevivir durante siete años en libertad.
Y también la historia de quienes tuvieron la suerte de encontrarlo. De observarlo crecer. De seguir sus pasos. De aprender de él y de la naturaleza simplemente mirándolo. De esperar durante horas para conseguir una fotografía. De celebrar cada reencuentro y, ahora, de despedirse.
Porque quizá eso sea lo que hace que algunos animales terminen convirtiéndose en leyenda. No que sean inmortales. Sino que, durante un tiempo, nos permitan ser testigos de algo extraordinario.
'El Blanco' tuvo siete años de vida. Y quienes pudieron conocerlo tuvieron la suerte de compartir, aunque solo fuera durante pequeños instantes, un pedazo de ella. Ahora toca dejar que su historia descanse entre los mismos montes que durante tantos años fueron su hogar.
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