Entre las murallas de la ciudad arévaca y los cielos de la Ucrania actual median más de 2.000 años, pero la lógica del asedio permanece. “Cambian las estrategias, cambian las técnicas bélicas, pero en el fondo es lo mismo”, afirma el catedrático Miguel Zugasti, organizador del VII Simposio de TriviUN, titulado 'Ciudad sitiada: Numancia y otros cercos militares de ayer y hoy', que reúne hoy en Soria a expertos para analizar desde distintas esferas tres cercos y asedios históricos: Numancia, Cuzco y México.
Los drones, la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías han cambiado la forma de hacer la guerra, pero no necesariamente su fondo. Los asedios del siglo XXI pueden parecer muy alejados de aquel cerco romano que terminó con la resistencia de Numancia, pero comparten una misma lógica: someter a una población hasta doblegar su capacidad de resistencia. Es la conexión que ha establecido hoy a preguntas de Soria Noticias el catedrático de la Universidad de Navarra Miguel Zugasti, organizador del VII Simposio de TriviUN, que hoy abre sus puertas en Soria bajo el título ‘Ciudad sitiada: Numancia y otros cercos militares de ayer y hoy’.
“Cambian las estrategias, cambian las técnicas bélicas, pero en el fondo es lo mismo: es someter a una población asediada”, explica Miguel Zugasti. El catedrático ha atendido a Soria Noticias hoy antes de la apertura del simposio ‘Ciudad sitiada: Numancia y otros cercos militares de ayer y hoy’, que se desarrolla durante todo este viernes en el Aula Magna Tirso de Molina.
Si en la Antigüedad “el hambre y la sed eran algunas de las principales armas para rendir una ciudad”, en los conflictos contemporáneos las formas de presión se han multiplicado, según el investigador de la Universidad de Navarra, que considera que los asedios alcanzan conflictos tan próximos en el tiempo como el de Sarajevo o la actual guerra de Ucrania. “Anteayer Sarajevo, hoy Kiev”, resume el catedrático para subrayar que la tecnología transforma las herramientas, pero no elimina la lógica del cerco.
La capital de Ucrania representa, en este sentido, una nueva generación de asedio en la que las nuevas tecnologías desempeñan un papel protagonista. "Los drones rusos están asediando, acercando a Kiev", señala el experto.
La evolución tecnológica introduce además una dimensión nueva: la sociedad también puede convertirse en objeto del cerco. Zugasti habla de “nuevas modalidades” asociadas a la “hibridez de los conflictos” y extiende esa sensación de estar cercado incluso al ámbito cotidiano. Una persona mayor, ejemplifica, puede sentirse “asediada, cercada por las nuevas tecnologías que le superan, que no las controla, que no las entiende”.
La población civil, explica el catedrático, continúa ocupando un lugar central en las estrategias de conflicto, aunque hayan cambiado las formas de utilización. “Antiguamente se las pasaba a cuchillo sin contemplaciones o luego se las esclavizaba. Ahora se usan como escudos humanos para proyectar otro tipo de recursos bélicos o presiones”, detalla. La tecnología, por tanto, modifica el escenario, pero no la condición humana que lo sostiene. “El mundo es cambiante, pero la idea global de presionar, de hostilidades o diferencias entre los pueblos demuestra que, realmente, la condición humana no cambia, es casi igual”, asegura.
Desde esa perspectiva cobra sentido el encuentro que hoy reúne en Soria a investigadores y especialistas para mirar Numancia no únicamente como un episodio de la Antigüedad, sino como un punto de partida para reflexionar sobre una realidad que ha acompañado a las sociedades durante siglos. Porque los cercos no son una excepción histórica. “Casi no hay ciudad que se precie que no tenga sus cercos”, apunta Zugasti, que recuerda los episodios sucedidos en Zaragoza, durante la Guerra de la Independencia.
Pero si Numancia ocupa el centro de la jornada no es únicamente por su valor militar o histórico. Para Zugasti, la ciudad se ha convertido en algo mucho mayor: “Es todo un mito, es todo un símbolo”. Su importancia ha trascendido el episodio histórico y ha pasado a formar parte del imaginario cultural.
La asociación posterior entre Numancia y España constituye uno de esos procesos de reinterpretación histórica que han contribuido a consolidar su dimensión simbólica. “Cervantes ya, por ejemplo, asocia Numancia con España”, recuerda.
El mejor indicador de esa incorporación de Numancia al patrimonio cultural, sin embargo, puede encontrarse en una palabra que ya forma parte del lenguaje cotidiano: “defensa numantina”. Para Zugasti, que el término haya quedado lexicalizado constituye una prueba especialmente significativa. “Es la mayor prueba de asimilación cultural de un concepto”, sostiene.
De hecho, recuerda, alguien puede desconocer los detalles del enfrentamiento entre Escipión y los numantinos y, sin embargo, comprender perfectamente qué significa realizar una defensa numantina. Es la prueba de que Numancia ha dejado de ser solamente un lugar y un episodio histórico para convertirse en una referencia cultural compartida.
Y esa capacidad de Numancia para generar nuevas lecturas es precisamente la que el simposio pretende explorar.
La iniciativa parte de TriviUN, grupo de investigación de la Universidad de Navarra al que pertenece Zugasti, y de una línea de trabajo vinculada a los sitios y las ciudades. La oportunidad llegó a través de las ayudas del Ministerio de Defensa destinadas a actividades académicas relacionadas con la llamada "cultura de defensa". En la apertura del Congreso ha estado presente Ángel Esparza, coronel subdelegado de Defensa en Soria.
El proyecto encontró, además, el respaldo local de la Fundación Duques de Soria y de la Diputación Provincial. “Nos han acogido con los brazos abiertos”, señala Zugasti. El resultado es una jornada que busca combinar historia, literatura, arte y análisis de los conflictos militares, pero también reivindicar la vigencia de Numancia como elemento de reflexión.
El programa concentra en una sola jornada varias aproximaciones al concepto de ciudad sitiada. “Un día muy intenso”, anticipa Zugasti, con actividad hasta las 19.00 horas.
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