En su última entrevista como alcalde con Soria Noticias invita a los más jóvenes a “romper barreras generacionales” y asegura que “si tienes claras tus prioridades y tus principios se puede ir a cualquier sitio”. Recuerda su entrada en política, los tiempos convulsos del PSOE de Soria, las batallas en los despachos ministeriales y el grupo de ‘numantinos’ con dirigentes del partido y de la administración que se comprometieron contra la desigualdad territorial. Se ve así mismo como un tipo “normal” que no está orgulloso de no tener estudios y que agradece 20 años de confianza. “Prometo seguir currando por Soria”.
Atlético de Madrid–Barcelona. Es el pleno al 15 de la Quiniela que un grupo de parroquianos rellena en torno a una mesa en ‘El Hogar’ de La Barriada. Son una decena, todos ellos hombres de unos 50 años. Algunos visten el mono de trabajo y es la hora del vermú. Vermú en forma de Mahou en un miércoles raro que hace las veces de viernes. Es Miércoles Santo, también miércoles de mercado por traslado, y el autobús que sube del centro lo hace cargado no solo de personas mayores, sino también de padres y madres con sus hijos.
Los unos, las equis y los doses se ven interrumpidos cuando entra en el bar el alcalde de Soria. A Carlos Martínez Minguez (Soria, 28 de junio de 1973) le quedan menos de 15 días en el cargo y está de ‘tournée’ de despedida con los medios. Soria Noticias ha quedado con él en el bar y centro social del barrio del que tanto presume. Llega acompañado de su jefa de prensa y en el grupo de la Quiniela algunos se ponen de pie para saludarle, otros le chocan la mano. “Esto para mi es casa, un refugio”, cuenta tras saludar al dueño tras la barra y pedir una ronda.
“Aquí puedes encontrarte a los amigos de toda la vida sin tener que quedar con ellos”, cuenta y destaca que le permite “no dejar de pisar terreno”. ¿Descansa un alcalde? “Bueno, siempre hay una pregunta, un comentario… Te tiene que gustar”, señala. A él, desde luego, le encanta. En Soria lo tiene asimilado desde hace años, pero ahora está notando el salto a la esfera nacional donde “ya he perdido la privacidad hasta en Madrid”. Aunque las obligaciones reclaman y el grupo de la Quiniela se va haciendo poco a poco más pequeño, sus decibelios aumentan mientras, en la mesa de al lado, ‘Carlitos’ cita a algunos de ellos cuando recuerda su infancia, su juventud y su entrada en la política.
“Fui un niño feliz que vivía en un pueblo”. Su ‘pueblo’ era La Barriada, desde donde se “bajaba a Soria” y cuyo ‘parque’ era Valonsadero. Allí se sentía protegido por todo un barrio, donde las madres y las abuelas nos cuidaban a todos. Una “familia amplia” en la que el día a día se vivía en la calle y todas las casas estaban abiertas. “Daba igual merendar en tu casa que en otra”, recuerda sin dejar que la nostalgia se le apodere.
Ahora “el concepto barrio se ha difuminado muchísimo”, reconoce. Considera que la limitación del colegio sin instituto empuja a esa apertura a edades mucho más tempranas. “Antes ibas cogiendo a los repetidores. En el colegio te hacían putadas, pero luego, cuando bajabas a Soria, te defendían”. Carlos recuerda como su grupo de amigos tenía una gran amplitud en cuanto a la edad. “Ahora la mezcla con la ciudad se produce mucho antes”, parece lamentar.
Él se define como un alumno “bastante responsable en el colegio y en el insti” y recuerda que “estábamos todo el día haciendo deporte”. Después llegarían las incursiones a la parte de atrás de la Dehesa, donde ‘El Lenguas’ vendía cerveza a los mayores y se pasaba “un frío brutal”. El consejo para los chavales que están acercándose a esos momentos vitales, como sus propios hijos, es sencillo: “empezar a vivir, a equivocarse y a asumir los errores”. Ni se pone como ejemplo ni está cómodo dando consejos, pero si tiene que recomendar algo es “romper la barrera generacional”. Recuerda aprender a jugar, “en estas mismas mesas”, al mus con su padre y también vivir aventuras de juventud con gente como el ‘Chicote’ o el ‘Chopo’, que atiende ahora detrás de la barra del bar de La Barriada, que le sacaban una década.
3 de marzo de 1996. José María Aznar gana las elecciones tras 14 años de gobierno socialista. Ese mismo lunes, 4 de marzo, un joven Carlos Martínez, de 22 años, acude a la sede del PSOE en Soria para afiliarse. Se encuentra con la puerta cerrada. Lo mismo haría el martes y el miércoles, con idéntico resultado. “No conocía a nadie, mi familia no estaba metida en política y yo no tenía padrino”, asegura 30 años después. Finalmente logró encontrar la sede abierta y afiliarse al partido. No sería la última vez que llamaría a la puerta de su partido, aunque si la única que tendría que hacerlo literalmente.
“Ninguna de las decisiones que he tomado han sido en base a querer ganarme la vida como político”, asegura cuando se le pregunta por el momento en que decidió que esta sería su profesión. Recuerda que le dio “el OK” a Eloisa Álvarez ir “del 10 para atrás” porque “me estaba labrando una carrera profesional en el mundo de la distribución y me quería centrar en ello”. Asegura que fue el número 6 “obligado” y que sus intenciones de salir eran cero porque de aquellas el PSOE tenía 5 concejales en Soria.
Luego las “responsabilidades” se fueron acumulando, con la salida del equipo de Martínez Laseca y Luis (Pascual) en “aquellos tiempos convulsos del PSOE en Soria”. Así, el joven edil se encontró con varias tareas a su cargo como festejos, montes, cultura, participación ciudadana… “Medio Ayuntamiento dependía de Luis (Rey) y de mí”, recuerda. El siguiente gran hito lo marcaría en la pérdida de las elecciones municipales de 2003 que le lleva a “la primera línea del frente para asumir la portavocía”.
Cuatro años después, se presentaría como cabeza de cartel apelando al cambio (todavía puede verse en la sede socialista aquel cartel que simulaba una sustitución futbolística en la plaza Mayor) y lograría la victoria. “Y desde entonces todo ha sido un tirar hacia delante, asumir responsabilidades. Pero nunca ha sido una cuestión que yo tuviera en mente”, asegura. Él se declara consciente de que “hay que aprovechar las oportunidades” y “luego currar mucho” y también de que “está historia está contada así porque hemos ganado las elecciones” y porque “el PP e IDES no reditaron su pacto porque si no esta historia estaría contada de otra forma”.
Pero la historia finalmente es la que sucede. La historia de cómo un ‘reponedor del Sabeco’ se convierte en alcalde durante 2 décadas de una capital de provincia y acaba dirigiendo el PSOE a nivel autonómico. “Yo no tengo estudios y no estoy orgulloso de ello”, reconoce y se muestra orgulloso defensor de la estela de 'Galo' (Esteban Gómez) para que no solo “la élite de la ciudad” pudiera ser concejal. “He sido una persona normal, aunque eso siempre lo han utilizado en mi contra”, recuerda y lamenta que en otros ámbitos se valore a “las personas que se hacen a sí mismos”.
Entre tanto abogado, economista, masters y funcionarios… ¿Cómo se mueve una persona sin formación específica? Carlos Martínez asegura que la clave en la política es “tener claras las cosas, tus prioridades y tus principios”. El líder socialista no deja pasar la oportunidad para criticar a “los Posadas y los Lucas que han medrado en política a costa de no gritar las necesidades de este territorio” y se muestra en las antípodas de esa estrategia política.
El alcalde de Soria recuerda “salir a hostias” de “despachos de ministros y ministras tanto de mi propio signo político como del contrario”. Señala que es necesario para defender los intereses de tus gobernados en una “batalla permanente de interés” entre territorios. Asegura que las posturas firmes te granjean un “respeto entre los tuyos” porque “saben que vas a ir a cara de perro” y que “con los principios, los valores y los objetivos claros se puede ir a cualquier sitio”.
Le pedimos que baje un poco más al terreno y nos recuerde algunos de esos momentos en sus dos décadas liderando a los socialistas sorianos. Recuerda la lucha por la nueva depuradora y su financiación como el momento más “heavy” porque la Junta se negaba a reconocerla de interés general y quería reducir la financiación. “Se levantaron de la mesa y se fueron, pero estábamos en su despecho ósea que en algún momento tenían que volver”, recuerda ahora con una sonrisa. También reconoce que ahí fue Juan Vicente Herrera quien logró desatascar la situación.
Con los suyos, recuerda las conversaciones con el Ministerio de Defensa en la Pandemia para conseguir que desplegaran la UME en Soria. “Le estaba diciendo (a Margarita Robes) que la Junta mentía con los datos y que era imperativo que actuaran”, relata. También recuerda la desesperación con lo que califica como “proyecto de ida y vuelta” del Centro Nacional de Fotografía y menciona la reapertura de la Soria-Castejón donde es necesario “doblar los estudios de viabilidad que económicamente no dan”.
Más atrás en el tiempo, antes incluso de ser alcalde, recuerda la batalla de los Presupuestos Generales del Estado en el primer año de gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero. “Monté una ejecutiva (provincial) y mandatamos a nuestros diputados nacionales que no votarán a favor de los PGE”, cuenta. Recuerda también la batalla interna en el propio PSOE soriano con Eloisa Álvarez y Félix Lavilla y como aquello se convirtió “en el germen del Plan Soria” tras una llamada de Moncloa. En aquella reunión, seguramente la primera a alto nivel del nuevo líder socialista soriano, se creó un grupo de WhatsApp llamado los ‘numantinos’ con personas “que luego nos han ayudado siempre en los diferentes cargos que han tenido”.
Una de las últimas, ha sido por las travesías. “Me montaron una reunión teóricamente fraternal y me pusieron delante a toda la plaga (sic) mayor del Ministerio de Fomento, aquello parecía la Santa Inquisición”. Recuerda que “tocó remangarse” pero lo ve como algo normal: “Yo no voy a pegarme por capricho, sino porque creo que tengo razón”. “Los debates con la oposición son previsibles, pero donde tienes que defender lo tuyo es en casa, con los tuyos”, resume. Y pone sobre la mesa temas como la financiación autonómica que se atisba como una dura batalla, también con los suyos, en el horizonte que deberá librar como líder de los socialistas de Castilla y León.
Cuando se le pregunta por las personas que más han influido en el Carlos Martínez político, los primeros nombres que se le vienen a la cabeza son Félix Lavilla y Eloísa Ávarez, aunque pronto su cabeza se pone a recordar gente. “José María Martínez Laseca como oposición dentro del PSOE nos hizo aprender mucho, empezando por los estatutos”. También recuerda a quienes “me acogieron como el más chiquitín” como Rosa Romero o Silvio Orofino, a Luis Rey, “un tío del que hay que aprender mucho” o Javier Antón, “que es un cañón”.
Fuera de Soria, señala nombres propios de sus comienzos, vinculados a la época del Plan Soria. “Marifé Santiago, Jesús Candil, Javier Maganto, José Enrique Serrano… mucha gente que se creyó la historia de los numantinos”, señala. También primeras espadas de la política como María Teresa Fernández de la Vega, “nos ayudó muchísimo”, Nadia Calviño, “que, aunque pueda sorprender, hace un seguimiento continúo de Soria y puede mandarte un WhatsApp a las 6 de la mañana”, o Teresa Rivero “que también está pico y pala con nosotros”. Fuera de la política, señala a Mercedes Molina como la “mente más brillante” con la que ha trabajado.
Preguntado porqué se ha elegido a Javier Antón para ser sucesor señala que “siempre ha sido un pilar clave del proyecto”, un jugador que hubo que “sacrificar” del equipo de gobierno para “tener en Madrid alguien que conociera los grandes proyectos que estaban en marcha y que pudiera cerrarlos sin que tuviéramos que estar nosotros”. En este sentido, Martínez le considera una figura clave en temas como la depuradora o el Centro de Datos de la Seguridad Social que “se lo inventó él”. Además, asegura que nunca se ha ido del todo porque “siempre ha estado muy implicado con Ana Alegre en todo lo que tiene que ver con la gestión, los pliegos, la empresa mixta del agua…”.
Preguntado por su final como alcalde, recurre a su filosofía de vida para recomendar “hacer frente a las circunstancias sin grandes dramatismos, sin lamentos” y recordando que “siempre se tiene la capacidad de decidir”. Su decisión es “entender que el proyecto está por encima de todo” y reconocer que “aunque yo hubiera sido alcalde toda mi vida” en política “hay que saber cerrar etapas para abrir otras”.
Asegura que ser alcalde es “lo que más me gusta, me apasiona y me hace disfrutar”, pero también que él quería decidir el momento y la forma de dejarlo. Para quienes le han votado durante 20 años, “solo tengo una cosa en la cabeza y el corazón, que es gracias”. Un agradecimiento por la generosidad al que se une un “compromiso de seguir currando por Soria” en una nueva etapa que se abre con retos importantes. Por cierto, el pleno al 15 acabó con una victoria del Barça, para regocijo del todavía alcalde.
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