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El último discurso de Carlos Martínez como alcalde de Soria

El último discurso de Carlos Martínez como alcalde de Soria

Actualizado 13/04/2026 13:46

En un emotivo pleno extraordinario en el que solo él ha tomado la palabra, Carlos Martínez Mínguez se ha despedido de la alcaldía 19 años después. Lo hace convencido de que “ha merecido la pena”, agradecido por la confianza de la ciudadanía y con un reconocimiento a los trabajadores municipales. Sus últimas palabras han sido para reconocer el trabajo de su equipo y, sobre todo, el apoyo de su familia. Este es el discurso íntegro de Carlos Martínez Mínguez en su pleno de renuncia como alcalde de Soria.

Vecinos y vecinas de Soria,

compañeras y compañeros de corporación,

trabajadoras y trabajadores municipales, amigos, señoras y señores de familia.

Buenos días a todos.

Hoy es uno de esos días que cuesta mucho hablar, de esos días en los que cuesta escribir, seguro que para no afrontar decisiones necesarias. Ayer, escribiendo estas líneas, volví a recordar momentos, palabras que también me resistí a escribir con la pérdida de mi padre, de Víctor Chicote y de Jesús Bárez.

Por eso cuesta hablar hoy. No cuesta por falta de palabras ni por falta de cosas que decir. Cuesta porque hay momentos en la vida en los que la voz y las palabras no llegan a expresar todo lo que uno siente y este es uno de ellos. Han pasado casi 20 años, 20 años, que, si soy sincero, no sé explicar del todo cómo han pasado. Hoy comparezco ante vosotras y vosotros con el mismo respeto, con el que asumí por primera vez la responsabilidad de ser alcalde de esta ciudad.

Consciente de que hoy lo hago desde otro lugar, desde otro contexto, desde otro yo, más sereno, pero con idéntica profundidad e idéntica gratitud e idéntico orgullo. Muy consciente de que hoy no es un día más, consciente de que no me despido de una responsabilidad, ni un cargo. Hoy me despido de una forma de estar en el mundo, de una manera de servir. Pero, sobre todo, de una manera de vivir. Me despido de una etapa de mi vida compartida con la ciudad, que ha sido, es y será parte esencial de mi vida.

Y os aseguro que no es sencillo. Recuerdo perfectamente aquel día del 2007: la ilusión, la responsabilidad, el vértigo, la obligación de hacer cumplir la voluntad colectiva a través de ese préstamo de confianza, la esperanza compartida, el deseo de CAMBIO.

Dije entonces que quería un gobierno abierto, cercano, eficaz y dialogante que escuchara.

Dije que nadie debía ser excluido.

Dije que quería hacer ciudad.

Dije que quería que Soria fuera escuchada y atendida.

Recordaba a Antonio Machado y dije que no queremos ser más que nadie, pero tampoco menos que nadie.

Hoy, casi dos décadas después, puedo decir con humildad que al menos siempre lo hemos intentado. Seguro que siempre no lo hemos conseguido, pero sí que nunca hemos dejado de intentarlo.

Os confieso que por aquel entonces no sabía todo lo que iba a venir.

No sabía lo que significa tomar decisiones que afectan a miles de personas.

No sabía lo que pesa equivocarse cuando sabes que hay gente detrás, pero sí sabía algo aprendido de mis padres, que quería hacerlo con humildad y honestidad, y eso no ha cambiado.

A lo largo de estos años he defendido una idea tan sencilla como exigente, que la política no es solo gestión.

La política es una forma de ser, de estar, de comportamiento, de compromiso.

La política, como nos recordaba don Antonio a través de Mairena, es demasiado importante como para dejarla en manos de quien la degrada. Y a la vez, como me recuerda siempre Mercedes Molina que la ética no es un discurso abstracto, sino la suma de nuestras decisiones cotidianas.

Y estas han sido nuestras guías en este salón de plenos, en cada debate, en cada disenso, en cada acuerdo, en cada silencio, en cada voto. Si algo hemos intentado, con aciertos y con errores, ha sido ser coherentes. Decir lo que hacemos y hacer lo que decimos, rectificar cuando nos equivocamos, escuchar siempre y decidir.

Cuando toca decidir, decidir.

Hay una parte de la política que no se ve, que no sale en los medios de comunicación, que no sale en las fotos, que no sale en los discursos.

Es la parte de las dudas, de las horas de reflexión, de las noches sin dormir. Esas decisiones en las que sabes que no hay una opción perfecta, que sabes que alguien o muchos no van a estar de acuerdo, pero sabes que tienes que decidir. Es la parte de mirar a los ojos a un vecino y una vecina y no poder darle la solución que necesita. Eso también es la política y eso también se queda siempre dentro.

Por eso, mi obsesión por construir un proyecto colectivo.

La Soria de hoy no es el resultado de un alcalde. Eso sería absolutamente injusto o falso. Atribuir a una persona lo que es la obra de toda una ciudad. La Soria de hoy es el resultado de su gente. De la voluntad mayoritaria de la ciudadanía. De una ciudadanía honesta, respetuosa, exigente, crítica, comprometida, expuesta al contexto actual.

De lo mucho que me llevo de estos años lo más importante es la gente, mi gente, la Soria real. Las vecinas y vecinos que te enseñan y te obligan a escuchar, a entender que nadie tenemos toda la razón, a aceptar la crítica, a valorar los silencios, las conversaciones en la calle, las palabras de ánimo y las críticas en ocasiones tan duras como necesarias, los pequeños gestos.

A aprender y entender que la política, la responsabilidad pública, no va de uno mismo, va de los demás. ´

Va de sus problemas grandes o pequeños, de sus esperanzas y de sus vidas.

Y cuando entiendes eso, ya puedes mirar de igual a igual a la ciudadanía.

Ya puedes entender que Soria es una ciudad plural, abierta, diversa, y con ello entender también los consensos y disensos, acuerdos y desacuerdos de una corporación municipal, reflejo de esa sociedad a la que representa, de unas corporaciones plurales que deben, debemos esforzarnos para saber anteponer los intereses generales por encima de las legítimas diferencias y de los intereses partidistas.

Esa es la esencia de la democracia y así se construyen sociedades plurales.

Y llegados a este punto, permitidme decirlo con claridad, pedir disculpas por los errores y defender y agradecer el motor silencioso de esta ciudad, de esta institución, a vosotras y vosotros, trabajadoras y trabajadores municipales.

Gracias.

La ciudadanía debe saber que cuando las cosas salen bien no se os ve, pero cuando la ciudad sale adelante es también por vuestro compromiso, responsabilidad, esfuerzo y profesionalidad. Gracias a todas y todos vosotras.

Ayer, al escribir estas líneas y echar la vista atrás, uno se hace consciente de que no han sido tampoco unos años fáciles. Hemos atravesado crisis económicas, sociales, incertidumbres, guerras, una pandemia que nos puso a prueba como sociedad. Momentos en los que todo parecía tambalearse y derrumbarse.

Y sin embargo, fue entonces cuando entendimos de verdad algo que hoy quiero reivindicar, que la política local no es menor, que los ayuntamientos no son secundarios, que cuando todo falla, la puerta a la que llama la ciudadanía es ésta.

Y aquí estamos y estuvimos. No siempre perfectos, pero siempre presentes. He defendido siempre que la ciudad no es solo un espacio físico, Es historia, cultura, educación, convivencia, igualdad, feminismo, comunidad, diversidad, pluralidad. Es un proyecto compartido.

Es en los términos clásicos esa polis de la que hablaba Aristóteles, esa civitas que los romanos entendían como sociedad viva, activa, educada y comprometida. Y por eso si algo hemos intentado y he intentado cuidar durante todos estos años ha sido este frágil vínculo esencial en democracia entre política y ciudadanía.

Seguramente, el reto más importante al que nos enfrentamos, también en Soria, como sociedad global.

Y ahora, para acabar, llega el momento más difícil. Hoy doy un paso a un lado. Y os lo digo sin rodeos, duele. Duele porque uno no se desprende sin más de una pasión, de lo que ama.

Es un sentimiento de aquello a lo que he dedicado su vida durante tanto tiempo. Duele porque aquí quedan años, trabajo, personas, esfuerzo, alegrías, también errores, dudas y noches difíciles. Y porque sinceramente siento que además aún queda mucho por hacer, con la sensación de que podía haber hecho más, de que siempre hay alguien a quien no hemos llegado y con algo que no se ve, pero que pesa, que es el recuerdo de cada instante, de cada momento vivido aquí.

Y con toda esta vorágine de pensamientos, sentimientos, reflexiones, de agradecimiento, lágrimas, quiero deciros con claridad. Hoy doy un paso a un lado, sí, pero no me voy. Me quedo, me quedo con vosotras y con vosotros, me quedo siendo parte de esta ciudad que tanto me ha dado. Me quedo, como dicen mis hijos, como uno más, como un soriano más, como uno de nosotros, con la misma forma de entender la vida y la política que hace 20 años. Hoy cierro una etapa, hoy dejo una responsabilidad, pero sigo siendo el mismo.

No quiero finalizar sin dar las gracias a quienes habéis estado siempre, a mi equipo, perdón y agradecimiento. Gustavo, Sandra, Juan, Juanjos Pili, José Antonio, El Peli, Alberto, Marisa, Eloísa, Silvio, Fernando, Rosa, Celia, Mercedes Molina, Juana, Federico Buyolo, no acabo si nombro a todos...

Gracias por compartir responsabilidades, decisiones, aciertos y errores. Gracias por soportarme.

Gracias a todos los compañeros y compañeras de corporación, también a quienes habéis discrepado, porque la discrepancia es honesta y mejora Soria y la democracia.

Y permitidme que os diga algo muchas veces que no se dice lo suficiente gracias a mi familia, porque si alguien ha sostenido todo esto habéis sido vosotros, porque si alguien ha pagado el precio de todos estos años y sigue pagando, lo habéis sido vosotros.

Gracias por el tiempo robado, por entender las ausencias, los olvidos, por siempre llegar tarde, por sufrir la mala política y los daños colaterales.

La preocupación es silenciosa.

Gracias por estar siempre. Este tiempo también es vuestro. No sé cómo se mide lo que uno deja. Sé que no se mide en obras, proyectos, adoquines ni ladrillos.

Decía Concha de Marco que lo importante es hacer algo que permanezca y yo añado algo que merezca la pena.

Si algo hemos intentado estos años ha sido eso: construir algo que permanezca y ojalá la gente sienta que todo esto ha merecido la pena.

Por eso, si me lo permitís, eso me lo quedo para siempre.

Sigamos haciendo ciudad, sigamos creyendo en Soria, sigamos defendiendo una política pública que merezca la pena, porque Soria, SORIA merece la pena.

Ahora y por última vez, me vais a permitir. Se levanta la sesión, muchas gracias

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