La Agrupación Soriana de Hostelería y Turismo (ASOHTUR) celebrará la novena edición del Concurso Provincial de la Croqueta del 17 al 26 de abril de 2026. Un total de 27 establecimientos, 22 en la capital y 5 en la provincia, ofrecerán sus creaciones a un precio único de 2,20 euros. Los clientes podrán votar por la Mejor Croqueta Popular y participar en el sorteo de una escapada termal.
Las Jornadas de la Croqueta en Soria organizadas por la Agrupación Soriana de Hostelería y Turismo (ASOHTUR) se consolidan como un escaparate de creatividad gastronómica donde tradición y vanguardia conviven en formato reducido. De recetas ligadas al recetario castellano a propuestas de inspiración internacional o planteamientos casi de alta cocina, el certamen permite recorrer la provincia a través de un bocado. Este listado, extraido del que los organizadores han publicado en su web detapasporsoria.com, ordena la oferta para facilitar al lector una ruta clara: qué bar elegir y, sobre todo, qué croqueta merece la parada. Las hay para todos los gustos.
La croqueta del Asador El Rosco (Matalebreras) mezcla pollo y manzana que combina una bechamel afinada con el punto meloso de la carne y el dulzor natural de la fruta. El conjunto se equilibra con una crema de aguacate, que aporta frescura, acidez y untuosidad. La fritura, limpia y crujiente, envuelve un interior suave y aromático, donde el vino tinto introduce un matiz más profundo.

Propuesta de raíz micológica de La Tablada (Ágreda) en la que el marzuelo comparte protagonismo con el jamón. La croqueta destaca por su cremosidad y por un sabor terroso y elegante, muy ligado al producto de temporada. El conjunto se apoya en una bechamel bien integrada, sin excesos, que permite que el hongo marque el perfil final.

Elaboración de La Espiga de Oro (Ágreda) centrada en la identidad láctea, con mezcla de quesos de vaca, cabra y oveja. La miel del Moncayo introduce un contrapunto dulce y floral, mientras que el pistacho aporta textura y un matiz aromático verde. El resultado es una croqueta compleja, con capas de sabor y un final largo en boca.

Croqueta de alta intensidad de El Ruters (Abejar) donde el foie de pato y la trufa negra construyen un núcleo cremoso y profundo. La presencia de guanciale añade un toque crujiente y salino, mientras que el chutney de pera con vainilla y el caramelo de vino tinto equilibran el conjunto con notas dulces. Una elaboración pensada para un paladar exigente.

El bar cafetería Mi Castillo de la capital ofrece una relectura del escabeche tradicional aplicada a la croqueta. El pollo, previamente marinado con vinagre, laurel y especias, aporta acidez y carácter, mientras que la emulsión del propio escabeche refuerza el sabor. La presentación, con lámina de zanahoria y laurel, remite al origen del plato.

Croqueta de La Tagliatella de inspiración italiana que combina mascarpone, espinacas y chorizo. La cremosidad del queso se equilibra con el punto vegetal y el toque especiado del embutido, generando una fusión que resulta accesible y reconocible.

Propuesta de la Taberna Merced de Soria que trasciende el formato clásico. La croqueta de trucha se acompaña de huevas, mahonesa de limón y una galleta crujiente en forma de raspa. El conjunto incorpora además trucha marinada y un componente escenográfico que convierte el plato en una experiencia más amplia.

La Cocina del Casino en la capital apuesta por la memoria gastronómica. La croqueta recoge los sabores del cocido —carnes, verduras y garbanzos— y se sirve con caldo, reforzando la conexión con el plato original. Contundente, reconocible y directa.

Croqueta conceptual del bar restaurante Duero (Soria) que toma como referencia el entorno de Garray. El cordero asado aporta profundidad y el vino de la Ribera introduce un matiz vínico que remite al paisaje del Duero. Una elaboración con discurso territorial claro.

Planteamiento técnico complejo el del Virrey Palafox en El Burgo de Osma. Su croqueta incorpora gallina en pepitoria, con una bechamel enriquecida con su propio caldo. El rebozado con almendra añade textura, mientras que el humus y la crema de huevo frito completan un conjunto rico en matices.

Croqueta de queso azul de interior suave y exterior crujiente, acompañada de una salsa de naranja. El contraste entre la intensidad láctica y la acidez cítrica genera un equilibrio eficaz y refrescante.

Propuesta de El Tilo de Vallecas, en Soria, con un perfil potente, donde la morcilla se combina con una mahonesa de mostaza y un hilo de miel. Las palomitas de torrezno aportan textura y un guiño lúdico, reforzando el carácter contundente del conjunto.

Meet Gastrobar de Soria ofrece la alternativa vegetal basada en calabaza, tofu y queso feta. La mezcla ofrece un equilibrio entre dulzor, salinidad y textura cremosa, con un resultado más ligero dentro del conjunto de la ruta.

Croqueta de la Gastro Tasquita de bacalao con pilpil, crema de piquillos y emulsión de piparra. La combinación articula sabores tradicionales con un enfoque más contemporáneo, incorporando además elementos de contraste como la lima.

Receta clásica centrada en el rabo de toro del bar-restaurante El Alto de la Dehesa de la capital. La carne, previamente guisada, aporta melosidad e intensidad, integrándose en una bechamel tradicional que prioriza el sabor.

El puerro aporta suavidad y dulzor a la croqueta de la cafetería Rey Alfonso (hotel Alfonso VIII), mientras que la cecina introduce un matiz ahumado. La mermelada de pimiento y manzana completa el conjunto con un contraste dulce que equilibra el conjunto.

El trampantojo de Casa Arévalo recrea un polo de helado a partir de un risotto de carbonara. Parmesano, guanciale y arroz configuran una croqueta que juega con la percepción y la presentación.

La combinación de El kiosco apunta a contraste entre base tradicional, producto marino y un toque asiático.

Doble croqueta en formato mini: una de chorizo sobre otra de huevo frito. Propuesta de Mas que 2, directa, pensada para el impacto inmediato y el juego visual.

Croqueta de carne de vaca vieja con acompañamiento de patata y boniato asado de El Fogón del Salvador. La pipeta de extracto de chuletón intensifica el sabor y permite ajustar la potencia en cada bocado.

Chistorra y gorgonzola como base de la croqueta de La Cepa, claramente orientada a sabores intensos.

Croquetón de arroz con bacalao, elaborado sin gluten por el hotel Cadosa. La textura, distinta a la bechamel clásica, ofrece una alternativa interesante para todos los públicos.

El bacalao se combina con pasas para introducir un matiz dulce en esta propuesta del bar Dorado. El pilpil y la sal de jamón completan una propuesta que mezcla tradición y contraste.

El Parador presenta una croqueta elaborada con leche y caldo de cocido, jamón, ajo y huevo duro, empanada con migas. El resultado remite al recetario pastoril, con una construcción rica en matices.

La propuesta de la Trattoria The Red Lion está inspirada en sabores italianos —tomate, mozzarella, anchoa— y plantea una reinterpretación del concepto de croqueta en clave de pizza.

El Hotel Apolonia de la capital presenta una croqueta de carrillera ibérica con compota de manzana. La melosidad del guiso se equilibra con el dulzor de la fruta, generando contraste.

Elaboración compleja del restaurante Santo Domigo II de Soria que une la intensidad de las manitas de cerdo con el carácter marino del gambón. La base se enriquece con verduras, pimiento choricero y vino, mientras que el rebozado con kikos y panko añade textura crujiente. Una croqueta profunda y de sabor persistente.

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