La agrupación conmemora cinco décadas de trayectoria consolidada como un pilar cultural indispensable, pasando de un pequeño grupo de aficionados a casi cien voces.
Lejos de conformarse con las celebraciones puntuales, la Coral de Soria mantiene un pulso musical inquebrantable durante todo el año. Con una plantilla actual de 64 voces adultas y 25 niños en su sección de voces blancas, la agrupación está consolidada como un referente cultural vivo que trasciende los escenarios de la capital para llevar su repertorio a todos los rincones de la provincia.
El motor de esta gran familia es la dedicación absoluta de sus miembros. Los coralistas ensayan dos horas cada martes y jueves, mientras que los más pequeños lo hacen los viernes, parando su actividad únicamente durante un mes en la época estival. “Esto es un vicio de afición, no hay otra cosa”, reconoce su presidente, Nacho García Ruíz, quien destaca la enorme implicación de un grupo donde las ausencias a los ensayos son una rareza y el compromiso es total.
A lo largo de su dilatada trayectoria, que cumple 50 años en mayo, la formación ha puesto voz a momentos históricos de la capital, participando en hitos como las inauguraciones del Palacio de la Audiencia o del estadio de Los Pajaritos, e incluso grabando casetes de música sanjuanera junto a la banda municipal. En su etapa más reciente, la exigencia artística ha alcanzado nuevas cotas con la interpretación de obras monumentales. Destacan logros como el Réquiem de Mozart, interpretado en la concatedral de San Pedro junto a una orquesta madrileña tras la pandemia, o el majestuoso Carmina Burana, llevado a escena durante el Festival de las Ánimas. “Son obras largas, de dos horas y pico, que requieren mucho ensayo y mucho control, y el resultado es maravilloso”, rememora el presidente sobre estos montajes que llegan a movilizar a casi un centenar de músicos y cantantes sobre las tablas, que lo dan todo.
Su calendario anual es un reflejo de esta vocación inagotable. Más allá de sus conciertos propios, la formación es una pieza clave en eventos consolidados como el Maratón del Otoño Musical Soriano o el tradicional saludo navideño. Además, asumen la responsabilidad de vertebrar el territorio a través de la cultura, actuando en localidades como San Esteban de Gormaz, Santa María de Huerta o pequeñas poblaciones como Villaciervos. “Es muy interesante que promocionemos todos esos sitios y demos acceso a pueblos pequeñitos”, subraya López.
Esta vocación de apertura se traduce también en un constante intercambio cultural con otras agrupaciones. La Coral ejerce de anfitriona y embajadora, tejiendo lazos con formaciones de Burgos, Segovia o Cantabria, y actuando en escenarios imponentes más allá de las fronteras sorianas. Sin embargo, desplazar a decenas de personas supone un esfuerzo económico considerable que los propios coralistas asumen de forma voluntaria. En este sentido, el respaldo institucional resulta vital para la supervivencia del proyecto. La firma de convenios con el Ayuntamiento de Soria y la cesión de espacios por parte de la Diputación Provincial, como el Aula Magna Tirso de Molina, son pilares que permiten sostener una actividad que carece por completo de ánimo de lucro.
Pese a estos apoyos, la logística de mover a tanta gente presenta obstáculos importantes. El principal es la falta de escenarios adecuados en Soria. Cuando la agrupación suma instrumentos a sus más de sesenta voces, los espacios se quedan pequeños. Aunque los recintos religiosos ofrecen una acústica excelente, los templos exigen revisar previamente el repertorio para asegurar que se adecúa al lugar donde se actúa.
A nivel interno, la Coral se enfrenta a dos retos demográficos. Por un lado, la escasez de voces masculinas, especialmente de tenores, una tónica habitual en este tipo de formaciones. Por otro, la fuga de talento joven.
Pese a las dificultades, el proyecto goza de una gran estabilidad gracias a la dirección musical de Marta López Cunado. Bajo su batuta, la agrupación sigue demostrando que el canto coral es una disciplina que anula los egos en favor del conjunto. “Aquí no puede destacar nadie más que el mismo grupo. Tienes que oír a los demás para saber cuándo entras; es un trabajo en equipo y una actividad muy positiva a nivel de persona”, concluye el presidente.
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