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Entre fiestas y eclipses se llena la provincia

Entre fiestas y eclipses se llena la provincia

Actualizado 03/08/2026 10:13

La lógica rural, de Enrique Rubio, desde Berlanga para Soria Noticias.

Son muchos los pueblos que en estos días estallan en fiestas y celebraciones en cualquier punto de nuestra provincia, haciendo del mes de agosto uno de los más visitados, pues según dicen se acumulan, contando los 90.685 residentes, hasta 450.000 personas en verano, incluso sin eclipse de por medio.

Como estos fenómenos astrológicos son predecibles parece que además hubiera sido también elegible el ponerlo a mediados de agosto, mes en que multiplicamos la población. Es sorprendente que tan solo coincide el miércoles 12 con las fiestas patronales de San Lorenzo en Covaleda y poco más. Toda una casualidad teniendo en cuenta que somos más de 500 núcleos de población y muchos celebramos fiestas en este mes, muchos de ellos después de haber cambiado la fecha en la que se hacía de forma tradicional, aprovechando estos días la presencia para el asueto estival de sus descendientes ávidos de honrar a patronos y patronas vernáculos.

Así pues, entre fiestas y eclipses, eclipses y fiestas se llena la provincia, o al menos llegamos a unas cifras lejos de los 8,75 habitantes por kilómetro cuadrado y más cercano a la media de 98 por kilómetro cuadrado que tiene nuestro país.

Se incrementa el número de personas, pero también el de servicios que hay que prestar y el de riesgos que se nos ciernen. Desde el colapso en las panaderías, tiendas y bares de nuestros pueblos al riesgo de que miles de personas visiten nuestros parajes naturales, porque si bien hace años todos recordamos como lo más normal del mundo, de nuestro mundo, el ir a asar unas chuletas en el pinar o hacer una paella usando como combustible unas pocas piñas en pleno mes de agosto sin suponer ningún peligro, o en todo caso un riesgo controlado por aquellos que conocían el medio natural, ahora la simple presencia de visitantes en entornos cargados de material combustible supone un peligro evidente. No podemos obviar el peligro que también suponen los trabajos de recolección cerealista, que acompañados por temperaturas altas, en ocasiones provocan desgracias que se magnifican por la escasa gestión forestal y el abandono de las prácticas ganaderas, que, como la ganadería extensiva, habían conformado un paisaje cuidado por las manos de quienes lo trabajaban, aquellos que se vieron obligados a abandonar nuestros pueblos en los, nefastos para nuestro presente, años 60. Aquellos que aún recuerdan en sus vueltas año tras año, constatando como se ha deteriorado.

Es paradójico ver como los descendientes en segundo grado de quienes marcharon de los pueblos, y con ellos los oficios tradicionales a lo largo y ancho de España, constatan la necesidad de recuperación de pastores y cultivos, así como de los aprovechamientos forestales, que en caso de que no seamos capaces de rescatarlos será echar más leña al fuego. En este punto, me resulta paradójico que la Unión Europea propusiera eliminar las estufas de leña, pues solo este pasado mes de julio se ha quemado más cantidad del que todas las estufas del país emplean para hacer confortables nuestros hogares de una manera sostenible y ecológica.

A todos, los incendios nos horrorizan, a quienes tienen el entorno natural como espacio de recreo y a quienes lo tenemos como parte de nuestros pueblos. No hay campanario que no tenga campanas de tañer a fuego, como las que tuvieron que usarse recientemente en Barcones para desalojar la localidad en ausencia de telefonía móvil durante el incendio que arrasó la sierra norte de Guadalajara; y donde gracias a la labor conjunta de helicópteros e hidroaviones, bomberos de las Brif de diversas provincias, forestales de la Junta, bomberos de Diputación, voluntarios de Ayuntamientos, Protección civil, así como otros muchos dispuestos a intervenir y la inestimable ayuda de agricultores, ganaderos y vecinos de una y otra provincia realizando cortafuegos con sus maquinarias, se logró frenar el fuego en líneas que más bien parecían fronteras con las que separar el infierno del paraíso que los entornos naturales suponen.

Puede que debamos recordar este y otros incendios (Matamala, Barcebalejo…) que hemos tenido y han asolado nuestro entorno, y no sé si se debería permitir recoger más leña, más piñas o promover que haya mas ganado ovino, bovino y caprino pastando. Quizá se debería fomentar la conciencia que en nuestra tierra de Pinares nos enorgullece.

En cualquier caso, el verano acabará, con él los incendios. También el eclipse que ha elegido nuestra provincia como lugar extraordinario para avistarlo. Las fiestas de nuestros pueblos también, llevándose a quienes han venido a celebrarlas, las que han cambiado su fecha y las que no. Lo que espero no pase es la constatación del abandono del modo de vida rural y que, aunque celebremos fiestas en agosto, nos acordemos de Santa Barbara no cuando truena sino cuando es su día y el momento de poner soluciones, el 4 de diciembre, cuando somos pocos los que quedamos en la provincia. Pues es en invierno cuando se solucionan estos problemas

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