Soria ha ganado en algunos indicadores por habitante mientras ha perdido habitantes en el último medio siglo. Esa es la paradoja que atraviesa el último informe del Consejo General de Economistas de España: la provincia se sitúa en posiciones relativamente buenas cuando las cifras se dividen entre una población cada vez menor, pero queda en los últimos puestos cuando se mide el volumen absoluto de actividad, población, PIB o inversión empresarial en I+D.
Soria ha perdido escala demográfica durante el último medio siglo, pero no puede decirse que haya experimentado un deterioro generalizado de todos sus indicadores económicos y sociales. Esa es una de las principales conclusiones que se desprenden del informe ‘50 años de evolución económica, social, empresarial e institucional de las provincias en España (1975-2025)’, elaborado por el Consejo General de Economistas de España y la Cámara de Comercio de España.
El documento dibuja una provincia que ha quedado cada vez más pequeña en términos demográficos y económicos en comparación con el conjunto del país, pero que, al mismo tiempo, presenta algunos indicadores de resistencia. La paradoja soriana radica, precisamente, en esta resiliencia: la provincia conserva una población activa relativamente participativa y una tasa de paro inferior a la media española, pero carece de la masa demográfica suficiente para cambiar la tendencia territorial acumulada durante décadas.
El dato que mejor resume esta evolución es el demográfico. Soria contaba con 117.481 habitantes en 1970 y 88.796 en 2021, lo que supone una pérdida de 28.685 personas y un descenso del 24,42%. En el mismo periodo, España incrementó su población un 39,25%. Como consecuencia, el peso de Soria sobre el conjunto de la población española pasó del 0,25% al 0,19%.
El problema no consiste únicamente en haber perdido habitantes, sino en que la provincia ha evolucionado a un ritmo muy inferior al de España. Mientras el país aumentaba su población y concentraba buena parte del crecimiento en áreas metropolitanas, litorales y grandes ciudades, Soria quedaba al margen de esa dinámica.
La pérdida de población tiene además una expresión territorial especialmente intensa. Soria cuenta actualmente con 183 municipios y 116 de ellos tienen menos de 101 habitantes. Otros 48 se sitúan entre los 101 y los 500 habitantes.
En conjunto, 164 de los 183 municipios sorianos no alcanzan los 500 habitantes. Solo la capital supera los 20.000.
La estructura municipal revela así que la despoblación no es únicamente una cuestión de volumen provincial. Es también un proceso de fragmentación y pérdida de escala de buena parte del territorio. La provincia conserva una extensa red de pequeños municipios, pero cada vez con menos habitantes y, por tanto, con mayores dificultades para mantener población, actividad económica y servicios.
La evolución del mercado laboral ofrece una de las claves del diagnóstico. La población en edad de trabajar —entre 16 y 65 años— apenas ha variado en Soria en medio siglo. Ha pasado de unas 77.100 personas en 1975 a 78.800 en 2025, un incremento de tan solo el 2,20%. En España, en cambio, este grupo de población aumentó un 65,54%.
El problema, por tanto, no es solo que Soria tenga menos habitantes, sino que apenas ha aumentado el número de personas que pueden incorporarse al mercado laboral.
Sin embargo, dentro de ese reducido grupo sí ha crecido la población que trabaja o busca empleo. La población activa pasó de 36.100 personas en 1975 a 45.300 en 2025, un aumento del 25,48%.
No hay una contradicción entre ambos datos. Soria tiene prácticamente el mismo número de personas en edad de trabajar que hace 50 años, pero una proporción mayor de ellas participa ahora en el mercado laboral. Es decir, ha aumentado la participación laboral sin que haya aumentado apenas la base demográfica que la sostiene.
Esto explica una de las paradojas de la provincia: hay relativamente poco desempleo, pero también hay pocos trabajadores potenciales.
Los datos más recientes muestran una situación laboral favorable en términos comparativos. La tasa de paro de Soria se situó en el 8,39% en 2025, frente al 9,89% del conjunto de España.
La cifra coloca a la provincia por debajo de la media nacional, pero no debe interpretarse como señal de que Soria disponga de un mercado laboral amplio. Una provincia puede tener poco paro porque también tiene poca población activa. El reto soriano no es tanto absorber un gran número de desempleados como disponer de suficientes trabajadores para sostener y hacer crecer su actividad económica.
La provincia presenta, por tanto, una situación distinta a la de territorios con un elevado desempleo: su problema fundamental no es tanto la existencia de un gran excedente de mano de obra como la reducida dimensión de su población laboral.
La llegada de población extranjera se ha convertido en uno de los principales elementos de compensación demográfica durante las últimas décadas. El peso de la población inmigrante en Soria ha aumentado de forma significativa desde finales de los años noventa y este 2026 supera el 19%.
La inmigración ha permitido amortiguar la pérdida de habitantes y ha contribuido también a sostener la población en edad laboral. Sin embargo, su efecto no ha sido suficiente para invertir la trayectoria demográfica acumulada.
El problema es que la provincia parte de una estructura de población envejecida y de un saldo vegetativo negativo. Las defunciones superan a los nacimientos de forma estructural, de modo que la llegada de población puede contener el descenso, pero no elimina las causas profundas de la pérdida demográfica.
El informe ofrece también indicadores que matizan el diagnóstico negativo. En 2023, el índice de Gini de Soria se situó en 28,7, por debajo del 32,1 registrado para el conjunto de Españaa. La distribución de la renta presenta, por tanto, una menor desigualdad que la media nacional.
Es otro ejemplo de cómo la evolución de Soria no puede reducirse a una sucesión de indicadores negativos. La provincia ha perdido población y peso relativo, pero algunos de sus indicadores sociales y laborales presentan posiciones comparativamente favorables.
El informe obliga así a diferenciar entre el declive demográfico y el deterioro generalizado. No son necesariamente fenómenos equivalentes.
El propio análisis de los datos publicados por el Consejo General de Economistas de España introduce otro elemento importante para interpretar la posición de Soria. La provincia aparece con frecuencia entre las que presentan peores resultados en términos absolutos —por ejemplo, por población, tamaño económico o volumen de inversión empresarial en I+D—, pero puede mejorar notablemente su posición cuando determinados indicadores se expresan por habitante.
Es el denominado efecto denominador: al dividir una magnitud económica o de inversión entre una población muy reducida, el resultado por habitante puede ser comparativamente elevado aunque el volumen total sea pequeño.
Esta circunstancia obliga a leer con cautela las clasificaciones provinciales. Soria puede ocupar simultáneamente una posición desfavorable por volumen y relativamente favorable por habitante. Sucede, por ejemplo, con las inversiones públicas, donde Soria aparece como la provincia que más invierte en proporción a su tamaño
En 2021, frente a una media nacional del 0,85% del PIB, Soria fue la segunda provincia de España con mayor esfuerzo relativo, con un 3,62%. El informe explica que, junto a provincias como Teruel, se trata de "provincias interiores, de baja densidad y reducido tamaño económico, donde el esfuerzo relativo es muy elevado porque la inversión se mide sobre una base de PIB pequeña", y lo interpreta como una "función compensadora de la inversión pública, orientada a garantizar dotaciones mínimas y accesibilidad territorial.".
Sucede con el capital acumulado en infraestructuras por habitante (2021, España=100): Soria es la segunda provincia de España, con un índice de 323 (Huesca lidera con 339). Este grupo, dice el informe, está formado "casi exclusivamente por provincias interiores, poco pobladas y con fuerte presencia de infraestructuras extensivas (red viaria, hidráulica o ferroviaria), donde el capital acumulado se reparte entre pocos habitantes".
El conjunto de los datos conduce a una conclusión que va más allá del tópico de una provincia que simplemente dice adiós a sus habitantes. Soria ha perdido casi una cuarta parte de su población desde 1970, ha reducido su peso sobre el conjunto nacional, mantiene una estructura municipal extraordinariamente fragmentada y apenas ha incrementado en 50 años su población potencialmente activa.
Son cambios que han reducido su escala territorial y su capacidad para generar masa crítica. Pero, al mismo tiempo, la población activa ha aumentado un 25,48%, el desempleo se mantiene por debajo de la media española, la inmigración ha contribuido a amortiguar el declive y la desigualdad de renta es inferior a la nacional.
La paradoja es, por tanto, que Soria ha mejorado su capacidad para utilizar laboralmente la población que conserva, pero no ha conseguido recuperar la masa demográfica necesaria para modificar su trayectoria.
El informe sitúa así el principal problema de la provincia en una cuestión de escala. Soria no aparece en 2025 como un territorio económicamente colapsado, sino como una provincia demográficamente pequeña, envejecida y muy fragmentada, con una base laboral insuficiente y un peso cada vez menor dentro de España.
La diferencia es importante. Soria ha conseguido resistir en determinados indicadores, pero resistir no equivale a revertir la despoblación.
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