Nacida en Valdenebro en 1926, esta soriana celebra su centenario rodeada por cuatro generaciones compuestas por sus dos hijas, seis nietos y nueve bisnietos.
Irene Frías Molina alcanza este 19 de septiembre un hito excepcional: sus 100 años de vida. Su historia refleja la resiliencia y la dedicación de toda una generación de mujeres en el medio rural soriano. Nacida en Valdenebro en 1926, Irene fue la mayor de cinco hermanos (dos hermanas y tres hermanos). En un entorno volcado en la agricultura y la ganadería, asumió desde muy joven el cuidado de los suyos y la responsabilidad del hogar. Cursó estudios en la escuela de su localidad natal hasta los 14 años, momento en el que tuvo que dejar las aulas para empezar a trabajar y aportar al sustento económico familiar.
Siendo joven, emprendió viaje a Madrid en busca de oportunidades para ganarse la vida y ayudar a su familia. En la capital trabajó en primer lugar en una pensión de estudiantes y, posteriormente, en el servicio doméstico para una familia. Sin embargo, una enfermedad la obligó a regresar a su pueblo, continuando su juventud entre las tareas agrícolas, las labores domésticas y los desplazamientos a El Burgo de Osma.
Su centenario coincide además con otra efeméride destacada: los 75 años desde el inicio de su vida matrimonial con su marido Ceferino. Tras su enlace, la pareja fijó su residencia en Bayubas de Abajo, donde crearon su hogar y nacieron sus dos hijas, Alicia y Ángela. Tras el fallecimiento de su esposo hace aproximadamente 32 años, Irene continuó adelante arropada por los suyos. Su principal orgullo se concentra en su legado familiar formado por cuatro generaciones: 2 hijas, 6 nietos y 9 bisnietos.
En la actualidad, sus hijas se encargan de sus cuidados, transcurriendo su vida entre Soria durante el invierno y Bayubas de Abajo en los meses de verano. A sus 100 años, Irene goza de buena salud y de una excelente memoria.
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