El Centro Asociado de la Universidad Nacional de Educación a Distancia en la capital abre su curso académico con una reflexión sobre las nuevas tecnologías. El catedrático de Ciencias de la Computación de la institución académica desgrana los dilemas éticos, el origen histórico y el futuro de los algoritmos.
Esta semana, el Centro Asociado de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) en Soria inauguraba su curso académico número 50. Lo hacía con una ponencia pronunciada por Rafael Martínez Tomás, catedrático de Ciencias de la Computación de la institución académica, y que versó sobre uno de los hitos tecnológicos más determinantes de la época contemporánea. En la conferencia fueron desgranados los interrogantes éticos, prácticos e históricos que suscita este campo en constante evolución.
En una entrevista concedida a Soria Noticias instantes antes de su intervención, el catedrático destacaba que la búsqueda de mecanismos artificiales dotados de intelecto no constituye una novedad aislada, toda vez que entronca con la esencia misma de nuestra civilización. Para el docente, este avance representa un paso de gigante cuyo desenlace y evolución en los próximos años resultan complejos de anticipar con exactitud.
Así, el ponente analizó tanto los cimientos conceptuales como los problemas derivados de los sistemas inteligentes. Hay que tener en cuenta que su introducción social es cada vez más intensa y genera un notable debate público, por lo que el conferenciante insiste en la necesidad de comprender los fundamentos de esta tecnología para dimensionar correctamente su impacto.
A este respecto, el catedrático enmarca el fenómeno subrayando sus profundas raíces antropológicas. Según explicaba ante estos micrófonos, la disciplina constituye en su origen "una ensoñación del ser humano, de crear otro humano, de crear otra inteligencia", siendo esta una inquietud recurrente que ya fuese plasmada en relatos mitológicos ancestrales, infinitamente lejanos a la era digital.
Martínez Tomás trae a la memoria referencias clásicas como los mitos "de Prometeo o de Pigmalión" para ilustrar cómo ese anhelo derivó posteriormente en artilugios físicos. Con la llegada de la industrialización, detalla el catedrático, se materializaron "determinadas máquinas que parecen humanos, los autómatas", marcando de este modo el camino empírico hacia el estado actual de la disciplina. A partir de estos antecedentes, hace hincapié en que se hace preciso dar importancia a divulgar con rigor las nociones técnicas de base, algo fundamental para establecer una justa medida de lo que se está hablando frente a visiones desmedidas.
A la pregunta directa formulada sobre si la IA mermará las capacidades humanas, el docente reconoce que se trata de una de las grandes cuestiones actuales. Ante la duda de si estas herramientas volverán más dependientes a las personas, indica que expone estas materias "más como preguntas, como dudas, porque respuestas no tiene nadie".
Centrando la cuestión, el investigador habla igualmente de paralelismos con hitos pretéritos que también transformaron la sociedad. En este punto recuerda cómo con la generalización de las calculadoras "ya no calculamos mentalmente como hacíamos antes", un proceso de adaptación tecnológica que la humanidad ya ha asimilado sin que ello haya derivado en un colapso del conocimiento matemático.
En esta misma línea, Martínez Tomás profundiza en la controversia que generó la aparición de la escritura en la Antigüedad. En aquel momento histórico ya surgió el recelo de que esta innovación supusiera un atraso cognitivo, planteando el dilema de que "si todo lo dejamos en los papeles, qué vamos a tener en la cabeza".
Con todo, y a pesar de que el tiempo demostró que la escritura no supuso un retroceso, el debate recobra vigencia en una época donde se escribe más que nunca a través de los dispositivos móviles y las redes sociales. Bajo este prisma evolutivo, el experto advierte de que la sociedad debe afrontar una encrucijada inevitable frente a los nuevos sistemas: "Tenemos que plantearnos en algún momento qué nos quedamos para nosotros y qué delegamos en las máquinas".
Frente a la creencia habitual de que el ingenio artístico constituye el último reducto exclusivo de las personas, el ponente mantiene una postura abierta y analítica. Aquí aboga por el avance, ya que "las máquinas también pueden ser creativas", significando que la validez de una creación literaria o artística debe ser medida por su propia calidad y no solo por la naturaleza de su autor.
Para ilustrar esto, valora el hipotético caso de un texto generado por algoritmos. "Si una novela escrita por la IA dejará de ser menos buena porque está escrita por la IA, es algo que habrá que valorarlo", reflexiona, añadiendo que si una obra de este tipo "va a un premio y gana el primero, es una buena novela", independientemente de los cauces por lo que se ha procurado su autoría.
Sin embargo, el mayor riesgo detectado por el catedrático se encuentra en los mecanismos formativos de estas aplicaciones y en su evolución a largo plazo, toda vez que existe un sesgo inseparable a un modelo en el que la creación proceda de tecnologías dependientes de datos preexistentes. "Las máquinas aprenden y si van aprendiendo de todo lo que se ha generado, al final todo es un círculo", advierte sobre el peligro de la retroalimentación constante.
Para superar este riesgo de estancamiento y evitar que el sistema simplemente se copie a sí mismo de forma indefinida, el profesor concluye remarcando la necesidad de introducir el factor humano en los procesos. "Tiene que haber una escapatoria por un lado, algún tipo de variante", observa al mismo tiempo que ve imprescindible "meter ahí variabilidad al sistema de alguna forma, porque si no es algo que se realimenta".
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