Hace 61 años, un 18 de abril, fallecía en Sevilla Hermenegildo García Verde, figura singular que conecta la Soria de comienzos del siglo XX con el deporte rey. Hace 123 años un balón de reglamento rodaba por primera vez en la ciudad. Fue el suyo.
Año 1903. Un grupo de jóvenes perseguía por primera vez un balón de fútbol reglamentario en la Alameda de Cervantes. Uno de ellos lo había traído desde Bilbao, y con él viajaba también una forma nueva de entender el ocio y el deporte. Detrás de aquel hito estuvo Hermenegildo García Verde (1884-1965).
Hay fechas que, por azar o por destino, terminan cargándose de significado. En la biografía de García Verde hay una que actúa como eje simbólico: el 18 de abril. Ese día debutó en 1905 con el Athletic Club, en partido de Copa del Rey frente al Real Madrid. Y ese mismo día —aunque sesenta años después— fallecería en Sevilla.
Aquel balón que trajo el argentino con ascendentes sorianos marcó el inicio del balompié en la ciudad y, por extensión, en la provincia. En una Soria todavía anclada en ritmos tradicionales, la irrupción de ese juego supuso una novedad que tardaría años en consolidarse, pero que ya no desaparecería, aunque habría que esperar a 1921 para leer en prensa la información del un partido: el que jugaron sorianos con visontinos en Vinuesa que cayó a favor de los locales por cuatro goles a cero.
García Verde sabía a qué jugaba aquel día de 1903. Conocedor del balompié, su experiencia en el Athletic Club le situaría entre los pioneros del fútbol español. En el conjunto bilbaíno militó durante varias temporadas y disputó siete partidos oficiales como titular sumando 630 minutos, según tiene registrado el propio club en su web.
Pero la huella deportiva de Hermenegildo en Soria no se limitó al fútbol. Hay otro escenario que completa su perfil deportivo: la Laguna Negra. En un tiempo en el que el paraje estaba rodeado de leyendas y apenas frecuentado por el turismo, García Verde -también amante de la montaña y de la pelota a mano- se lanzó a cruzar sus aguas. El documentalista y periodista José Tudela lo señala como el primer deportista documentado en completar esa travesía a nado, en torno a 1907.
El significado de aquel gesto volvía a trascender lo anecdótico. Décadas después, en 1953, la travesía se convertiría en prueba organizada, dando origen a una de las citas deportivas más singulares del calendario soriano. La hazaña individual de comienzos de siglo se transformó nuevamente en tradición colectiva, con un vínculo directo con aquel primer desafío.
Su relación con la provincia fue constante. Aunque nació en Buenos Aires y desarrolló parte de su trayectoria en Bilbao y Madrid, Soria actuó como su eje emocional y vital. La familia, de origen soriano, retornó periódicamente a su tierra: veranos en Soria y en Derroñadas, con estancias prolongadas y una relación directa con el paisaje y la vida local.
Su relación con Soria se trasladó con naturalidad a su faceta artística. Formado en Madrid y vinculado a círculos donde coincidió con figuras como Diego Rivera o Joaquín Sorolla, y encontró en los paisajes y tipos sorianos un motivo recurrente. Su pintura se centró en escenas de la vida tradicional, en la representación de gentes y costumbres, con una mirada que buscaba fijar una identidad en transformación.
No es casual que su entorno familiar favoreciera esa vocación. En Soria dispuso de espacios habilitados para la pintura y de un ambiente que estimuló su desarrollo artístico. Incluso su relación con Sorolla se vincula a ese contexto: la cesión de elementos tradicionales para la construcción de tipos pictóricos evidencia hasta qué punto García Verde actuó como intermediario entre la cultura local y los grandes nombres de la pintura de su tiempo. En ese cruce entre arte y territorio se sitúa una de las claves de su legado.
También amigo de Gustavo de Maeztu (hermano de Ramiro de Maeztu) o de José Ortega y de su hijo, José Ortega y Gasset, el precursor del fútbol en Soria bebió de muchas fuentes que favorecieron su perfil heterogéneo y cultivado.
Hermenegildo García Verde murió en Sevilla el 18 de abril de 1965, pero su historia se cierra en Soria, donde fue enterrado. Su figura fue decisiva: abrió camino en una provincia que empezaba a asomarse a la modernidad.
Únete al universo Soria Noticias Descárgate nuestra APP, entra en nuestro canal de WhatsApp o síguenos en redes.