En GeroSoria, sus 32 residentes y 17 profesionales comparten mucho más que un espacio. Las actividades, las rutinas y los pequeños momentos del día a día crean un ambiente cercano, familiar y, sobre todo, muy personal.
Desde algunas de las ventanas de GeroSoria, el Pico Frentes y la ermita de la Monjía forman parte del paisaje cotidiano, entre árboles y naturaleza. Un entorno que también se disfruta desde el jardín y la terraza, espacios para pasear, conversar o simplemente sentarse a mirar.
Dentro, las habitaciones son el espacio más personal de cada residente. Fotografías, objetos y recuerdos ayudan a hacer suyo un lugar que al principio es nuevo. Porque entrar en una residencia supone comenzar una etapa diferente, pero no dejar atrás la propia historia.
Esa historia se comparte después en las zonas comunes, el corazón de GeroSoria. Allí se charla, se juega, se lee el periódico o simplemente se pasa un rato juntos. Después del desayuno y el aseo comienza una jornada que combina actividad y convivencia.
El objetivo es que cada persona conserve, en la medida de lo posible, las capacidades necesarias para desenvolverse en su vida cotidiana. Esa es también la base de la terapia ocupacional, que realiza Marta Rupérez, con ejercicios que van desde la estimulación cognitiva hasta la movilidad y motricidad fina.
“A través de diferentes actividades, intentamos que mantengan su autonomía y sean lo más independientes posible”, explica Marta. Detrás de esos ejercicios hay gestos tan cotidianos como sujetar un tenedor, vestirse o ponerse unos calcetines.
El equipo observa cómo se desenvuelve cada residente para detectar cambios y adaptar el trabajo. Cada persona es valorada a su llegada y periódicamente, también a nivel anímico. Porque, como resume Marta Rupérez: “Al final, lo que más me preocupa es que sean felices”.
Entrar en GeroSoria no significa dejar atrás las costumbres de toda una vida. Hay horarios y una organización necesarios para la convivencia, pero también espacio para que cada persona mantenga sus propias rutinas.
La siesta después de comer, levantarse temprano, una determinada forma de arreglarse o unas prácticas religiosas concretas. Pequeños detalles que pueden marcar la diferencia entre vivir en un lugar y sentirlo como propio.
“Se trata de una atención centrada en la persona”, explica Denys Casaled, miembro de la dirección de GeroSoria. La clave está en conocer a cada residente y adaptar, en la medida de lo posible, la vida en el centro a sus gustos, necesidades y costumbres.
Con 32 residentes, esa cercanía resulta especialmente importante. El equipo conoce sus rutinas, sus familias y muchas de las pequeñas historias que forman parte de sus vidas. Y ese conocimiento permite detectar cuándo algo cambia, pero también saber qué es lo que le hace sentir bien a cada persona.
Llegar a una residencia es un cambio importante y no existe una fórmula igual para todos. Hay quien necesita quince días para sentirse cómodo y quien requiere uno o dos meses. “Cada uno tiene su ritmo”, explica Marta Rupérez.
A veces, además, las cosas suceden de una manera muy distinta a la que imaginaban las familias. Personas que al principio parecen tener más dificultades para aceptar el ingreso terminan adaptándose antes de lo esperado. Otras necesitan más tiempo para encontrar su espacio, conocer a sus compañeros y descubrir una nueva rutina. “Lo que realmente asusta es la incertidumbre”, matiza Denys, que forma parte de la dirección de GeroSoria.
Y entonces llegan esas pequeñas escenas que sorprenden. “Hay familias que vienen y ven a su padre bailar después de mucho tiempo sin hacerlo”, cuenta Marta, terapeuta ocupacional de GeroSoria.
Porque adaptarse no es simplemente aprender unos horarios. Es volver a encontrar un lugar, establecer nuevas relaciones y descubrir que todavía quedan cosas por hacer, personas por conocer y momentos que disfrutar.
El proceso de adaptación también alcanza a las familias. El ingreso suele venir acompañado de preocupación, dudas e incluso cierta sensación de culpa. Pero esa percepción cambia cuando conocen el día a día y ven a su familiar haciendo ejercicio, participando en actividades, charlando o simplemente disfrutando de una rutina en compañía.
Las visitas siguen formando parte de la vida del centro, sobre todo los fines de semana, que ofrecen más tiempo para estar juntos, salir a comer o compartir una tarde diferente.
La familia puede recuperar otro papel: seguir estando presente, compartir momentos y disfrutar de su familiar sin que todo tenga que girar alrededor de los cuidados. Y no solo eso, entre los propios familiares se crea un vínculo muy fuerte. Se conocen y comparten experiencias, lo que hace de GeroSoria un punto de encuentro.
El reducido tamaño de GeroSoria permite que el equipo conozca las rutinas, las historias y las pequeñas particularidades de cada residente. “El ambiente lo hacemos entre todos”, explica Denys Casaled.
Y se nota en la vida cotidiana, en la gimnasia, las actividades, las celebraciones y, también, en esos momentos espontáneos que no aparecen en ningún horario, pero que hacen comunidad y que crean un vínculo que va más allá de la propia rutina.
El resultado es un ambiente cercano y familiar, más parecido a una casa que a una institución. Un lugar donde cada persona llega con su propia historia y encuentra espacio para seguir escribiéndola, rodeada de nuevas personas y experiencias.
Porque detrás de cada actividad, cada conversación y cada momento, hay un mismo propósito: que la vida continúe y que cada persona siga siendo ella misma.
Las tardes en GeroSoria tienen su propio ritmo y cada actividad es una oportunidad para compartir. "Intentamos que las actividades sean del gusto de cada uno de ellos", apunta Marta. El calendario se llena de propuestas ligadas a las estaciones y las celebraciones. En Carnaval, por ejemplo, llegan los disfraces; en San Juan, la música, los bailes y los recuerdos de cuando ellos fueron jurados o de cuando "subían a las Calderas". Pintar camisetas o decorar las salas comunes para preparar una fiesta permite recuperar las tradiciones y, también, crear nuevos momentos juntos.
Y todo, con música de fondo. "Es increíble lo que hace la música", señala Marta. Una canción puede despertar un recuerdo, una emoción o, incluso, las ganas de levantarse a bailar. Y algo parecido ocurre en el huerto, donde cuidar las plantas, verlas crecer o recoger sus frutos conecta con experiencias de toda una vida.
"Ver esa evolución en los vegetales les encanta", apunta Marta Rupérez. ¡Incluso hicieron ristras de ajos de su propio huerto para conservarlos! Son actividades sencillas, pero detrás de cada una hay recuerdos, conversaciones y ganas de participar. Porque, al final, se trata de seguir haciendo cosas juntos y disfrutando de ellas.
GeroSoria nació en 1999 con una idea muy clara: crear un hogar cerca de Soria donde las personas mayores puedan vivir en plenitud, rodeadas de naturaleza y en un ambiente familiar. Hoy, con 34 plazas y unas instalaciones totalmente renovadas, el espacio está pensado para ofrecer todas las comodidades y recursos necesarios, sin perder ni la cercanía ni la atención personalizada:
Las instalaciones de GeroSoria se encuentran en la calle La Sima, n.º 1, en Fuentetoba.
Para ponerse en contacto, tienen a su disposición el teléfono 975272055 o el correo electrónico info@geroconfor.es
Y si desea más información, puede visitar la web www.geroconfor.es
Colaboración.
Únete al universo Soria Noticias Descárgate nuestra APP, entra en nuestro canal de WhatsApp o síguenos en redes.